HEGEL: LOS ESTADOS O ‘FIGURAS’ DE LA CONCIENCIA

Quizás en toda la historia de la filosofía occidental el intento más ambicioso de formular una teoría de los estados de conciencia haya sido el realizado por Hegel en una obra escrita en 1807, la ‘Fenomenología del Espíritu’ y cuyo subtítulo es precisamente ‘Ciencia de la experiencia de la conciencia’. Etimológicamente el término ‘Fenomenología’ proviene del griego ‘phainomenon’ que significa lo que resplandece, lo que se manifiesta o se hace visible. La Fenomenología es, pues, el estudio de los diferentes estados de conciencia a través de los cuales se manifiesta y se auto-conoce el Espíritu. Hegel la define como un viaje de descubrimiento, la odisea del Espíritu universal. En su Fenomenología trata de establecer cuáles son los diferentes tipos o formas a través de los cuales la conciencia finita evoluciona, desde su estado de mínimo desarrollo hasta su estado más alto, en el cual se eleva al conocimiento del Absoluto.

Cada sistema filosófico o modelo cultural expresa una perspectiva de la realidad que es el fruto de un nivel determinado de conciencia. Cada perspectiva es en sí misma parcial, unilateral e insostenible si se considera a sí misma como la única realidad. Debe dejar paso, por su propio desarrollo, a otra hasta que se alcance una visión última y más abarcante que englobe todas las anteriores. Los niveles inferiores de conciencia quedan subsumidos en los superiores. Ningún nivel inferior es absolutamente negado, sino reconocido como una etapa en la manifestación del Absoluto gracias a la cual éste se conoce a sí mismo. El nivel de conciencia más elevado es el único propiamente filosófico, porque sólo en él se da el conocimiento del Absoluto, que es el tema fundamental de la filosofía.

Su propósito al hacer esta panorámica y recorrer todos estos tipos, uno tras otro, es que al escuchar o leer sus descripciones, nos identificáramos con ellas, de modo que fuéramos reviviendo en nosotros ese estado de conciencia que está describiendo. Como si la mera descripción y el análisis intelectual fueran suficientes para evocar o despertar ese estado latente. Hegel va mostrando como cada estado de conciencia inferior contiene inevitablemente ciertas contradicciones inherentes a su naturaleza, que llevan a la necesidad de su superación y que, por tanto, debe dar paso a un estado superior. Esperaba que al revivir esta secuencia de estados de conciencia, nosotros fuéramos evolucionando hasta alcanzar finalmente el estado más elevado. Cada estado inferior es parcial e incompleto, sólo en el último estado la conciencia se eleva al conocimiento completo del Espíritu Absoluto.

Los tres estados de conciencia principales:

Hagamos un breve examen de los tipos o ‘figuras’ fundamentales de la conciencia que Hegel reconoce. El primer estado que denomina ‘conciencia’, se corresponde básicamente con lo que en la Ciencia Védica se llama el estado de ignorancia. Es decir, el estado de vigilia en el cual la conciencia está solamente vuelta hacia fuera, volcada hacia el exterior y, por  tanto, lo único que percibe son los objetos, la multiplicidad del mundo fenoménico. La conciencia se ignora a sí misma y lo que experimenta es el objeto. Lo único que existe entonces es el mundo y la conciencia se identifica con él como lo real. Para explicar este mundo de objetos, señala Hegel, la conciencia comienza a formar conceptos abstractos, conceptos cada vez más universales y, finalmente, leyes. Se da cuenta de que estos conceptos y estas leyes no son observables y no provienen de los objetos, sino que son puestos por ella misma. De este modo comienza gradualmente a tomar cierta conciencia de sí misma, a re-conocerse y darse cuenta de que hay algo más que el objeto.

Así, la conciencia evoluciona hasta un segundo estadio denominado ‘auto-conciencia’, en el que existe una dualidad entre el sujeto que experimenta y los objetos que son experimentados, de modo que existe una relación de auto-afirmación de la conciencia frente al objeto. Hegel analiza esta relación en términos de dominio, el intento de la conciencia de dominar el objeto, que ilustra por medio de la relación amo-esclavo. En su análisis relaciona las características de este estado con diferentes tipos de filosofías históricas, por ejemplo el estoicismo o el escepticismo. El estoicismo, dice, afirma la libertad y auto-suficiencia interior del hombre y niega el poder sobre él del mundo externo. Pero no lleva esta actitud hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta afirmar que el mundo externo sea irreal. El escepticismo niega la validez de toda percepción externa, duda que algo externo pueda perturbar el yo sereno e inmutable.

El estado más maduro de esta auto-conciencia es llamado por Hegel ‘conciencia infeliz’ o ‘conciencia auto-alienada’. Un estado que curiosamente, a pesar de su nombre, tiene bastantes puntos en común con lo que en la Ciencia Védica se denomina ‘conciencia cósmica’, el quinto estado. En este estado, dice Hegel, la conciencia experimenta a través de los sentidos un mundo de objetos. La conciencia se experimenta hacia fuera como mudable, empírica,  accidental,  individual y externa. A la vez tiene conciencia en su interior de que su propio yo es inmutable y simple. Esta situación contradictoria es descrita por Hegel como una especie de desgarramiento, la conciencia se siente incómoda con esta dualidad. Experimenta el mundo fenoménico y cambiante de los objetos como algo que le es extraño y ajeno, de lo cual tiende a liberarse. Pero perderlo sería también perder una parte de sí misma. Hay en este estado dualidad y, a la vez, una cierta unidad. Por tanto, no puede permanecer indefinidamente en este estado, sino que aspira a una reunificación de sí misma. Debe evolucionar hacia un estado en el cual desaparezca esta experiencia de separación y la conciencia experimente que todo surge a partir de sí misma, que lo mudable surge de lo inmutable.

Este tercer estado es llamado por Hegel ‘razón’ y se corresponde muy de cerca en algunas de sus descripciones con lo que la Ciencia Védica llama ‘conciencia de unidad’. Hegel dice que en un momento dado desaparece la cortina de la apariencia que separa el mundo interior inmutable del mundo exterior mutable. El sujeto experimenta que es en realidad el Espíritu Absoluto y que todo el universo es la expresión de su propia conciencia. Es consciente plenamente de su identidad última y de la unidad total entre él y el Espíritu Absoluto.

“La razón es la certeza de la conciencia de ser toda la realidad, de este modo expresa el idealismo el concepto de la razón”. (Fenomenología del Espíritu, C, V.)  

En este estado supremo, toda la realidad está dentro de mi propia conciencia ilimitada o razón. Realidad y razón, el universo y mi conciencia son una misma cosa. Este es el sentido de su famosa (y tan poco comprendida habitualmente) afirmación:

“Lo que es racional es real; y lo que es real es racional”[i]

(Filosofía del Derecho, Prefacio).

Toda la multiplicidad y las diferencias que constituyen el mundo fenoménico se generan en el interior de la conciencia al conocerse eternamente a sí misma. La conciencia es entonces auto-referente, al percibir cualquier objeto se experimenta a sí misma y al conocerse a sí misma experimenta toda la realidad dentro de sí. Crea, por tanto, dentro de sí la relación entre el sujeto y el objeto, que constituye el conocimiento verdadero y a la vez estructura la realidad. Este conocimiento es el saber absoluto y este proceso de estructuración es lo que Hegel llamó ‘Dialéctica’.

Sólo desde este estadio final comienza realmente la filosofía. La filosofía es la expresión conceptual de este saber absoluto, la manifestación cultural más elevada de la humanidad, por encima del arte y de la religión. Este saber absoluto o filosofía no es sino el conocimiento más profundo del Espíritu Absoluto sobre sí mismo y a través de sí mismo. Todos los estados inferiores son meramente una preparación para la filosofía. Hegel dijo que durante muchos siglos la filosofía había sido tan sólo una búsqueda de la sabiduría y, señala, ya es hora de que deje de ser una búsqueda para ser por fin una sabiduría. Hay que recordar también que en esta época, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, se estaban comenzando a publicar en Europa las primeras traducciones y estudios de algunos textos de la literatura védica como la Bhagavad-Gîtâ o las Upanishads [ii]. Siendo Hegel un lector voraz había leído algunas de estas obras, en general traducciones bastante deficientes, y la imagen que a partir de ellas se formó acerca de la tradición védica y su conocimiento, por diversas razones, estaba profundamente distorsionada.

Una valoración:

En conjunto, cuando se compara el propósito de Hegel al escribir esta obra, la audacia de su concepción, con sus logros reales, se tiene un sentimiento de gran distancia, de gran disparidad. Pretendió mucho, pero logró muy poco. Sus exposiciones y análisis son tremenda y desesperadamente oscuros la inmensa mayoría de las veces. Poca gente es capaz de comprender lo que dice Hegel y es incluso dudoso si él se comprendía realmente a sí mismo. Careciendo de la experiencia directa de estos estados es mucho más difícil, de hecho prácticamente imposible, comprender su verdadera naturaleza y su relevancia. La proverbial oscuridad de los escritos de Hegel se debe, por una parte, a la falta de claridad de sus propias experiencias, probablemente esporádicas y nubladas aún por la presencia de estrés y tensiones en su sistema nervioso. Pero también a su concepción de que la filosofía para constituirse y ser aceptada como ciencia debía adoptar un lenguaje extremadamente técnico y abstracto, una jerga incomprensible para los mortales comunes. A menudo, las cosas que se pueden decir brevemente, Hegel les da vueltas durante páginas y páginas, como si le pagaran los libros al peso.

Además, al igual que Fichte, Hegel no tenía conciencia de que fuera necesario un método para experimentar sistemática y repetidamente estos estados superiores de conciencia. Aparentemente él no lo tenía, sus descripciones parecen ser de experiencias espontáneas. Esta carencia de un método sistemático para explorar estos estados limita muy gravemente la amplitud, claridad, precisión y contrastación de su teoría. A menudo la ordenación que hace entre los estados es muy arbitraria y la correlación que establece con manifestaciones culturales, con tipos o doctrinas filosóficas, es muy superficial. Desde luego, no tenía ninguna idea clara de que estos estados superiores de conciencia estuvieran ligados a una transformación profunda del funcionamiento del sistema nervioso y relacionados con una serie de parámetros neuro-fisiológicos.

A pesar de la poderosa influencia que ejerció en algunos filósofos y movimientos filosóficos, su intento de formular una ciencia de la conciencia resultó baldío. No se conectó con el rumbo general de la ciencia en el siglo XIX, todavía dominada poderosamente por el paradigma materialista y mecanicista surgido de la física newtoniana, ni ejerció ninguna influencia sobre la psicología naciente. Incluso en filosofía se produjo una reacción en su contra, representada por corrientes como el positivismo de Comte, el vitalismo de Nietzsche y el marxismo. Sus ideas llegaron a ser vistas rápidamente como una muestra típica de los excesos y desvaríos de la razón humana cuando se la deja volar libremente, sin control de la experiencia.

Notas:

[i] Un principio que de hecho atribuye a Platón y en el cual sintetiza su filosofía y su grandeza espiritual.

[ii] Una traducción de la Bhagavad-Gîtâ al inglés había aparecido en 1785 y al alemán en 1802. En 1801 se publica por primera vez una traducción al latín de 50 Upanishads, hecha a partir de una traducción al persa. El propio Hegel escribió en 1827 un ensayo sobre la Bhagavad-Gîtâ como recensión a una disertación de W. Von Humboldt sobre este texto védico.

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KABIR: POEMAS

Allá,
no hay lluvia,
océano, sol, ni sombra.
Allá,
no hay creación ni destrucción,
ni vivos ni moribundos,
ni la huella de la tristeza o la alegría.
Allá,
no hay ni soledad ni meditación.
nada es medido, nada desperdiciado,
nada es ligero, nada pesado.

Allá, nadie es poderoso ni débil.
Allá, no hay ni noche ni día.
Allá, no hay agua, aire, ni fuego.
Allá, sólo el verdadero Gurú
lo permea todo.

********

¿Cómo podría yo jamás pronunciar
esas palabras misteriosas?
¿Cómo podría yo decir:
Él no es como esto y es como aquello?
Si digo que Él está en mí,
el universo se escandaliza de mis palabras.
Si digo que está fuera de mí, miento.
De los mundos internos y externos,
Él hace una unidad indivisible.
Lo consciente y lo inconsciente
son los taburetes de sus pies.
Ni se manifiesta ni se oculta; no es revelado ni irrevelado.
No hay palabras para decir lo que Él es.

********

Entre los polos de lo consciente y de lo inconsciente,
el espíritu oscila.
Es el columpio donde están suspendidos
todos los seres y todos los mundos,
cuya oscilación nunca cesa.
A él se aferran millones de seres;
en él se columpian la luna y el sol en su carrera.
Transcurren millones de edades,
y el columpio sigue con su movimiento.
Todo oscila: el cielo y la tierra, el aire y el agua,
y el Señor mismo ahí personificado.
Y la visión de todo ello
ha hecho de Kabir el servidor de su Dios.

********

Cada morada enciende sus lámparas.
Como eres ciego, no las ves.
Un día tus ojos se abrirán de pronto y verás,
y las cadenas de la muerte caerán por sí solas.
Nada qué decir, nada qué escuchar, nada qué hacer.
Aquel que vive, aunque muerto, no morirá jamás.
Porque vive en soledad dice el asceta
que su casa está muy lejos.
Tu Señor está junto a ti, y sin embargo
trepas a lo alto de la palmera para buscarlo.
El sacerdote brahmán va de casa en casa
para iniciar al pueblo en la fe.
Pero ¡ay!, la verdadera fuente de vida está a tu lado,
mientras te pones a adorar la piedra
que tú mismo levantaste.

Kabir dice:
No puedo decir cuán adorable es mi Señor.
El ascetismo, el rosario, las virtudes y los vicios,
nada de todo ello existe para Él.

Todas las cosas son creadas por Dios.
El Amor es Su cuerpo.
No tiene forma ni cualidad ni decadencia.
Trata de unirte a Él.
Ese Dios indeterminado
toma millares de formas a los ojos de las criaturas:
es puro e indestructible.
Su forma es infinita e insondable.
Danza extasiado,
y Su danza describe mil formas vaporosas.
El cuerpo y el espíritu desbordan felicidad
cuando los toca Su gozo infinito.
Está inmerso en toda conciencia,
en todo júbilo, en todo dolor.
No tiene principio ni fin.
Contiénese entero en su Beatitud.

********

La misericordia de mi verdadero Maestro
es la que me ha dado a conocer lo desconocido.
Por Él sé caminar sin pies, ver sin ojos, oír sin orejas,
beber sin labios, volar sin alas.
En el país donde no hay ni sol, ni luna, ni noche, ni día, he amado y he meditado.
Sin comer, he saboreado la dulzura del néctar;
sin agua, he aplacado mi sed.
El gozo compartido es la plenitud del gozo.
¿Ante quién podría expresarse jamás?
Kabir dice:
Mi Maestro es más grande que los mundos,
e inmensa la buena ventura de su discípulo.

********
Ante lo incondicionado danza lo condicionado.
“Tú y yo no somos más que uno”,
proclaman las trompetas.
El Maestro avanza y saluda a su discípulo:
tal es la mayor de las maravillas.

********
Gorakhmatte le pregunta a Kabir:
-Dime, ¡oh Kabir!, ¿cuándo comenzó tu vocación?
¿Dónde nació tu amor?
Kabir responde:
-Cuando Aquel, cuyas formas son múltiples,
aún no había empezado su representación;
cuando no había ni maestro ni discípulo;
cuando todavía no existía el mundo;
cuando el Uno supremo estaba solo,
entonces fue cuando me hice asceta;
entonces, ¡oh, Gorakh!
Brahma atrajo mi corazón hacia Él.
Cuando me instruí en la doctrina de los ascetas,
Brahma no estaba coronado, ni Vishnú ungido de rey,
ni había nacido aún la potencia de Shiva.
Fue en Benarés donde tuve una revelación repentina,
y Ramananda me iluminó.
Traía conmigo la sed del infinito,
he acudido a la cita de mi Dios.
Con toda simplicidad me uniré con la simple Unidad.
Y surgirá mi amor.
¡Marcha, oh, Gorakh, al ritmo de esa música!

********
Sobre ese árbol hay un ave;
danza en el gozo de la vida.
Nadie sabe dónde está.
¿Y quién podrá decir el estribillo de su canción?
Entre lo más espeso y sombrío del ramaje,
allí tiene su nido.
Viene de noche y echa a volar por la mañana.
Yo no la comprendo.
Nadie puede decirme qué ave es esa,
la que canta en mi alma.
Sus plumas no tienen color, ni dejan de tenerlo.
No tiene forma ni perfil. Se guarece a la sombra del amor.
Duerme en el seno de lo inaccesible,
de lo infinito y de lo eterno,
y nadie sabe cuándo echa a volar,
nadie sabe cuándo ha de volver.
Kabir dice:
Profundo es el misterio, ¡oh santo hermano!
Deja que los sabios descubran la morada del ave.

100 poemas de Kabir

MAHARISHI: SOBRE LAS TRES GUNAS

VERSO 27

 prakriteh kriyamânâni

gunaih karmâni sarvashah

ahankâra-vimûdhâtmâ

kartâham iti manyate

“Las acciones son siempre realizadas

por las gunas de la Naturaleza. Aquél cuya

mente está engañada por el sentido del “yo”,

sostiene “yo soy el que actúo”.

COMENTARIO DE MAHARISHI:

“Este verso revela quién es el agente de todas las acciones y proporciona una respuesta elegante a la pregunta que, de forma natural, surge cuando, a través de la práctica de la meditación trascendental, se comienza a vivir en conciencia de bienaventuranza, se comienza a sentir la autosuficiencia. ¿Cómo es posible la acción, que está siempre motivada por el deseo, en el estado de completa satisfacción? La respuesta a esta pregunta es: “las acciones son siempre realizadas por las gunas“.

Sattva, rajas y tamas son las tres gunas de la Naturaleza (prakriti). Prakriti es la fuerza motora primordial. Es el constituyente esencial de la creación manifiesta y está en la base de toda la actividad. Eso es lo que el Señor quiere decir cuando afirma que todas las acciones y todos los sucesos en la creación surgen de las tres gunas y de sus combinaciones y permutaciones.

Un ejemplo puede aclarar cómo interactúan las gunas. Es una ley natural que, cuando se crea un vacío en algún punto de la atmósfera, inmediatamente se genera una corriente desde la zona mayor de presión. Pero aunque la corriente parte de un área de mayor presión, su causa es el vacío. Es el vacío el que crea la situación. De la misma forma, las corrientes de las tres gunas fluyen para mantener un equilibrio entre sí mismas. Fluyen continuamente desde un campo de existencia a otro, y de esta forma crean y mantienen de manera natural varias actividades. La totalidad del mundo fenómenico no es otra cosa que la interacción de las tres gunas.

Las gunas se expresan, por ejemplo, en los procesos metabólicos del cuerpo, que hacen surgir las sensaciones de hambre y sed. La necesidad de alimento y agua corresponde al campo de la fisiología, pero el ego siente “tengo hambre”, “tengo sed”. Las gunas son responsables de modo semejante de todas las experiencias. Son la base de todos los acontecimientos y actividades, pero el ego los asume para sí y siente: “estoy actuando”.

Mientras no se ha experimentado el Yo como separado de la actividad, la mente permanece “engañada” acerca de su propio estatus y su relación con la actividad; al asociarse con la naturaleza de las gunas asume la autoría de la acción, aunque, en realidad, ésta pertenece a las gunas. Es así como, a través de la ignorancia de su propio Yo, el hombre cae en la esclavitud de la acción”.

********

VERSO 28

tattva-vit tu mahâ-bâho

guna-karma-vibhâgayoh

gunâ guneshu vartanta

iti matvâ na sajjate

 “Pero aquél que conoce la verdad

sobre las divisiones de las gunas y sus

acciones, ¡oh, tú, de poderosos brazos!, sabiendo

que son las gunas las que actúan sobre

las gunas, permanece desapegado”.

COMENTARIO DE MAHARISHI:

“Este verso, en contraste con el anterior, muestra el estado mental del hombre realizado y, al mismo tiempo, da una visión del proceso de realización a través del conocimiento de las tres gunas.

Son tres las gunas que constituyen prakriti. Prakriti está formada por ocho partes (1). Esto da lugar a las 24 divisiones básicas del campo de las gunas. El conocimiento de estas 24 divisiones y sus acciones libera al hombre de la esclavitud de la acción porque le enseña cómo ambos aspectos de nuestra vida, el subjetivo y el objetivo, emanan de las gunas, y cómo el Yo está eternamente desligado de todo lo que constituye el campo manifiesto de la vida.

El camino para la liberación de la esclavitud tiene los siguientes aspectos significativos:

1.- El conocimiento ha de ser completo y total, ya que el Señor dice: “aquél que conoce la verdad”.

2.- El conocimiento debe ser sobre:

  • a)         las “gunas”
  • b)         sus “divisiones”
  • c)         sus “acciones”

3.- El conocimiento ha de ser también sobre la interacción de las gunas: debe saberse que las gunas son en sí mismas el sujeto, el objeto y la relación sujeto-objeto; y que constituyen la totalidad de la existencia fenoménica. Porque el Señor dice: “son las gunas las que actúan sobre las gunas“.

En el verso anterior, el Señor ha atribuido la autoría de la acción a las tres gunas; en éste dice que aquél que conoce la verdad acerca de las gunas y sus acciones “permanece desapegado”.

Se puede formular aquí, la siguiente pregunta: ¿es la comprensión intelectual de las gunas suficiente para traer la libertad? Si la comprensión intelectual pudiera satisfacer las condiciones del conocimiento más arriba mencionadas, entonces, de acuerdo con este verso, sin duda podría hacer que el hombre estuviera suficientemente “desapegado” como para disfrutar de completa libertad. Pero es dudoso que la “verdad” acerca de las tres gunas y su interacción pueda ser conocida tan sólo en el nivel de la comprensión intelectual, sin incluir directamente la naturaleza de las gunas en el nivel más sutil de la creación.

Surge, entonces la pregunta: ¿Cómo se puede alcanzar esta comprensión directa? La respuesta es sencilla: las gunas son el aspecto más refinado de la creación. Por consiguiente, si el hombre dirige su atención al nivel más sutil de la creación, podrá conocer qué son las tres gunas, sus divisiones y todos los detalles concernientes a sus acciones. De hecho, todo este conocimiento se adquiere durante la meditación trascendental, cuando la mente está a punto de trascender el estado más sutil del objeto de atención. Por tanto, puede decirse que la frase del Señor: “aquél que conoce la verdad sobre … de las gunas” incluye también dentro de su contenido la enseñanza: “Sé sin  las tres gunas” (2), ya que éste es el modo de conocer “la verdad” en el nivel más sutil de la creación.

Una vez establecido en la conciencia trascendental, el estado más allá de las tres gunas, el conocedor de la Realidad sabe por propia experiencia que el campo de la acción se encuentra en la superficie de su vida y que está separado de su existencia real. Así, “aquél que conoce la verdad” no quiere decir solamente aquél que conoce “las divisiones de las gunas y sus acciones”, sino también aquél que ha realizado el Yo como separado de la actividad. Este estado natural de separación con respecto a la acción, adquirido mediante la práctica de la meditación trascendental, es la base para permanecer “desapegado”. Cuando el estado del Ser, o conciencia pura, se establece firmemente en la naturaleza misma de la mente, se vive de forma completamente natural este estado de existencia pura separado del campo de la actividad, incluso mientras el ego, el intelecto, la mente y los sentidos están ocupados en la acción. Se experimenta que el campo de la actividad permanece en la esfera de las tres gunas y ya no está íntimamente conectado con nuestra propia existencia. Así es como de modo natural se  “permanece desapegado” en medio de la actividad. Este estado de conocimiento llena todo el campo del entendimiento del hombre. Es por esto que el Señor dice: “sabiendo que son las gunas las que actúan sobre las gunas, permanece desapegado”.

Este verso habla de la acción en términos de libertad a través del conocimiento del Sankhya, pero dado que este conocimiento alcanza su plenitud sólo a través del proceso de la experiencia directa, también incluye la técnica y la filosofía del Yoga. Por tanto, en este verso, el Señor unifica las filosofías del Sankhya y del Yoga, descritas por separado en el segundo capítulo, e inicia un principio de liberación de la esclavitud del Karma, que resulta del efecto combinado de las dos enseñanzas. Esto proporciona la base del Karma Yoga y los fundamentos esenciales para su realización.

Todo el propósito de este verso, aunque hable en términos de las gunas, es iluminar el estado de plenitud de la vida en conciencia absoluta de bienaventuranza (jivan-mukti)”.

********

VERSO 29

prakriter guna-sammûdhâh

sajjante guna-karmasu

tân akritsna-vido mandân

kritsna-vin na vicâlayet

“Aquellos que son engañados por las gunas de la Naturaleza,

están ligados a las acciones de la gunas.

Que aquél que conoce el todo, no perturbe

al ignorante que sólo conoce una parte.”

COMENTARIO DE MAHARISHI:

“Una vez más, el Señor advierte al iluminado que no lance su conocimiento de la vida sobre el ignorante. La razón de ello es que el iluminado, establecido en el Ser, tiene una base permanente sobre la que apoyarse y, desde aquí ve el mundo como la interacción de las tres gunas y sabe por experiencia que los efectos de sattva, rajas y tamas no le afectan. Pero si un ignorante trata de copiar el estado del iluminado en su propia vida, creará confusión en su comportamiento y su acción podría caer en un patrón tal que menospreciara la validez del bien y del mal en la vida práctica. Un hombre así no será útil para sí mismo ni para los demás. Después de haber cometido un robo, el hombre no iluminado podría decir que eran sólo las tres gunas interactuando entre sí, mientras que su Yo no estaba involucrado; por tanto, él no es responsable. ¡No ha hecho nada! De ahí que el Señor advierta al iluminado que no revele el estado interno de su mente al ignorante.

Se infiere, pues, que si el hombre iluminado desea bendecir al ignorante, deberá encontrarse con él en el nivel (3) de su ignorancia y tratar de elevarle desde allí, dándole la clave para trascender, de forma que pueda alcanzar la conciencia de bienaventuranza y experimentar la Realidad de la vida. No debería hablarle acerca del nivel del que está realizado, ya que con esto sólo lograría confundirle”.

 MAHARISHI: On the Bhagavad – Gîtâ, III, 27-29.


(1) Ver VII, 4.

(2) Ver II, 45

(3) Ver comentario a III, 35.

PLATÓN: EL TIEMPO ES LA IMAGEN MÓVIL DE LA ETERNIDAD

“Cuando su padre y progenitor vio que el universo se movía y vivía como imagen generada de los dioses eternos, se alegró y, feliz, tomó la decisión de hacerlo todavía más semejante al modelo. Entonces, como éste es un ser viviente eterno, intentó que este mundo lo fuera también en lo posible. Pero dado que la naturaleza del mundo ideal es eterna y esta cualidad no se le puede otorgar completamente a lo generado, procuró realizar una cierta imagen móvil de la eternidad y, al ordenar el cielo, hizo de la eternidad que permanece siempre en un punto una imagen eterna que marchaba según el número, eso que llamamos tiempo. Antes de que se originara el mundo, no existían los días, las noches, los meses ni los años. Por ello, planeó su generación al mismo tiempo que la composición de aquél. Éstas son todas partes del tiempo y el «era» y el «será» son formas devenidas del tiempo que de manera incorrecta aplicamos irreflexivamente al ser eterno. Pues decimos que era, es y será, pero según el razonamiento verdadero sólo le corresponde el «es», y el «era» y el «será» conviene que sean predicados de la generación que procede en el tiempo –pues ambos representan movimientos, pero lo que es siempre idéntico e inmutable no ha de envejecer ni volverse más joven en el tiempo, ni corresponde que haya sido generado, ni esté generado ahora, ni lo sea en el futuro, ni en absoluto nada de cuanto la generación adhiere a los que se mueven en lo sensible, sino que estas especies surgen cuando el tiempo imita la eternidad y gira según el número – y, además, también lo siguiente: lo que ha devenido es devenido, lo que deviene está deviniendo, lo que devendrá es lo que devendrá y el no ser es no ser; nada de esto está expresado con propiedad. Pero ahora, quizá, no es el momento oportuno para buscar exactitud.”

Timeo, 37c-38b

Los planetas, los ciclos cósmicos y el Año Perfecto:

“El tiempo (chrônos), por tanto, nació con el universo (kósmos), para que, generados simultáneamente, también desaparezcan a la vez, si en alguna ocasión tiene lugar una eventual disolución suya, y fue hecho según el modelo de la naturaleza eterna para que este mundo tuviera la mayor similitud posible con el mundo ideal pues el modelo posee el ser por toda la eternidad, mientras que éste es y será todo el tiempo completamente generado. La decisión divina de crear el tiempo hizo que surgieran el sol, la luna y los otros cinco cuerpos celestes que llevan el nombre de planetas para que dividieran y guardaran las magnitudes temporales. Después de hacer el cuerpo de cada uno de ellos, el dios los colocó en los circuitos que recorría la revolución de lo otro (Eclíptica), siete cuerpos en siete circuitos, la luna en la primera órbita alrededor de la tierra, el sol, en la segunda sobre la tierra y el lucero (Venus) y el que se dice que está consagrado a Hermes (Mercurio), en órbitas que giran a la misma velocidad que la del Sol pero con una fuerza contraria a él, razón por la que regularmente se superan unos a otros el sol, el planeta de Hermes y el lucero. Si alguien quisiera detallar dónde colocó los restantes planetas (Marte, Júpiter y Saturno) y todas las causas por las que así lo hizo, la argumentación, aunque secundaria, presentaría una dificultad mayor que la que merece su objeto. No obstante, quizá más tarde, con tranquilidad, podamos explicarlo de manera adecuada. Una vez que cada uno de los que eran necesarios para ayudar a crear el tiempo estuvo en la revolución que le correspondía y, tras sujetar sus cuerpos con vínculos animados, fueron engendrados como seres vivientes y aprendieron lo que se les ordenó, comenzaron a girar según la revolución de lo otro, que en un curso oblicuo cruza la de lo mismo (Ecuador Celeste) y es dominada por ella”.

“Unos recorren un círculo mayor y otros, uno menor; los del menor tienen revoluciones más rápidas, los del mayor más lentas. Como giran alrededor de la revolución de lo mismo, los más rápidos parecen ser superados por los más lentos, aunque en realidad los superan. Aquélla, como todos los círculos avanzan en dos direcciones opuestas al mismo tiempo, los retuerce en espiral y hace aparecer al que se aleja más lentamente de ella como si la siguiera más de cerca a ella que es la más rápida. Para que hubiera una medida clara de la lentitud y rapidez relativa en que se mueven las ocho revoluciones, el dios encendió una luz en el segundo circuito contando desde la tierra, la que actualmente llamamos sol, con la finalidad de que todo el cielo se iluminara completamente y los seres vivientes correspondientes participaran del número, en la medida en que lo aprendían de la revolución de lo mismo y semejante. Así y por estas razones, nacieron la noche y el día, el ciclo de tiempo de la unidad de revolución más racional. El mes se produce, cuando la luna, después de recorrer toda su órbita, supera al sol; el año, cuando el sol completa su revolución. Como tan sólo unos pocos entienden las revoluciones de los restantes, ni se las nombra ni, por medio de la observación, se hacen mediciones relativas, de modo que, en una palabra, no saben que sus caminos errantes de una magnitud enorme y maravillosamente variada son tiempo. Sin embargo, es posible comprender que, cuando las velocidades relativas de las ocho órbitas, medidas por el círculo de lo mismo en progresión uniforme, se completan simultáneamente y alcanzan el punto inicial, entonces el número perfecto de tiempo culmina el año perfecto (1). De esta manera y por estos motivos, fueron engendrados todos los cuerpos celestes que en sus marchas a través del cielo alcanzan un punto de retorno, para que el universo sea lo más semejante posible al ser vivo perfecto e inteligible en la imitación de la naturaleza eterna.”

Timeo, 38b-39d

Notas:

1.- El año perfecto o gran año es el tiempo que tardan los 7 astros en volver a coincidir juntos en la misma posición inicial de la Eclíptica en la que comenzaron sus revoluciones, por ej. 0º de Aries. Este período o ‘número perfecto’ se detalla en un pasaje muy oscuro de la República, 546 b-c. Según el cálculo y la interpretación matemática de este pasaje hecha por J. Adam (1891) es de 12.960.000 años solares. Según Platón los ciclos de la historia están también ligados a este ciclo cósmico.

No confundir con el llamado ‘año platónico’ o ciclo equinoccial, el tiempo que tarda el eje de la tierra en describir un giro completo (precesión) alrededor del polo Norte de la Eclíptica y que dura 25.776 años (según las estimaciones actuales).

ECKHART: MI OJO Y EL OJO DE DIOS SON UN SOLO OJO

“Quien quiera escuchar la eterna Sabiduría del Padre, debe entrar en sí mismo, hacer allí morada y quedarse allí solo.

Hay tres obstáculos que nos impiden comprender la Palabra eterna: lo corporal, la multiplicidad, el tiempo. El que traspasara estos tres obstáculos, moraría en la eternidad y en el espíritu, en la soledad y en el desierto, y no escucharía otra cosa sino la Palabra eterna. Ahora bien, Nuestro Señor dice: “nadie oye mi palabra ni mi enseñanza si no se ha renunciado a si mismo”. Quien en efecto quiera oír la Palabra de Dios debe abandonarse a si mismo por completo. Lo que escucha y lo escuchado son justamente una sola cosa en la Palabra eterna.”

…/… “Dios tiene una gran prisa de que todo nos pertenezca en propiedad como a El le pertenece en propiedad. Y entonces Dios se alegra y deleita en la Plenitud. Este hombre se mantiene en el conocimiento y el amor de Dios, y lo que llega a ser no es otra cosa que lo que Dios llega a ser El mismo. Si te amaras realmente a ti mismo, amarías a todos los hombres como a ti mismo. Mientras haya un solo hombre al que ames menos que a ti mismo, es que tu nunca te has amado verdaderamente a ti mismo. Solo cuando amas a todos los hombres como a ti mismo entonces, en un solo hombre, amas a todos los hombres, y este hombre es Dios y hombre. Esta es la única recta vía por la cual, amándose a si mismo, ama a todos los hombres como a si mismo.”

…/… “Solamente hay una única Unidad y un pura Unión Así el hombre es verdaderamente hombre, y ningún dolor le puede alcanzar, así como tampoco al Ser divino ningún dolor puede alcanzar. En este mismo sentido dije en otro lugar: Hay en el alma una parte que posee de tal manera la naturaleza de Dios que es una con Dios, no que le esté simplemente unida. Es una, nada tiene en común con ninguna cualquier otra cosa, no es nada para la nada. Todo lo que ha sido creado, eso es la nada. Pero esta parte del alma está completamente alejada de todo lo que ha sido creado, y le es extraña. Si el hombre fuera completamente así, sería a la vez increado e increable.; si todo lo corporal y perecible estuviera incluido así en la Unidad, nada entonces no sería otra cosa que lo que es la Unidad misma. Si me encontrara en esta Esencia, aún no más fuera que por un instante, no me preocuparía de mi mismo más que de un escarabajo.

A todas las cosas da Dios de igual manera y, en la medida en que estas cosas emanan de Dios, son iguales; sí, ángeles, hombres, y todas las criaturas salen de Dios en principio iguales. Y quien apreciara las cosas en su fuente primera, las vería completamente iguales. Pero si fueran ya iguales en el tiempo, lo serían aún más en Dios, en la eternidad. …/… En Dios todas las cosas son iguales, y son Dios mismo.

Dios se complace en esta Igualdad donde hace circular juntamente su Naturaleza y su Esencia. …/…. Igualmente para Dios es alegría y delectación encontrar la igualdad, porque puede volcar toda entera su Naturaleza y su Esencia en la Igualdad, siendo que El mismo es la Igualdad.”

…/… “El hombre que se mantiene así en la Voluntad de Dios nada quiere de nada que no sea Dios y lo que es la voluntad de Dios. …/…, toda multiplicidad es para él la Unidad, a condición de permanecer verdaderamente en la Voluntad de Dios. Le fueran adjudicados los tormentos mismos del infierno, tendría gozo y beatitud. Es libre, ha salido de sí mismo; y debe estar desapegado de todo lo que le pueda tocar. Para que mi ojo pueda ver los colores, debe estar libre de todo color. Cuando veo un color azul o blanco, la visión de mi ojo que ve el color, es decir aquello que ve, es idéntico a lo que ven los ojos. El ojo en el que veo a Dios es el mismo ojo en el que Dios me ve. Mi ojo y el ojo de Dios son un solo y único ojo, una sola y la misma visión, un sólo y el mismo conocimiento, un sólo y un mismo amor.

El hombre que se conserva así en el Amor de Dios debería haber muerto a si mismo y a todas las cosas creadas, de tal manera que se preocuparía tan poco de si mismo que de cualquiera que se encontrara a mil leguas. Tal hombre mora en la Igualdad y en la Unidad, ninguna desigualdad entra en él. Tal hombre debe haberse renunciado a sí mismo y haber abandonado el mundo entero.”

Sermón XII

PSEUDO – DIONISIO: LA TRASCENDENCIA Y EL LENGUAJE

“Allí donde los misterios simples, absolutos e inmutables de la teología se revelan en las tinieblas más que luminosas del silencio. En medio de las más negras tinieblas fulgurantes de luz desbordan, absolutamente intangibles e invisibles, los misterios de hermosísimos fulgores que inundan nuestras inteligencias, que saben cerrar los ojos.

Esto pido, …/…, entregado por completo a la contemplación mística. Renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aún de las que no son. Deja de lado tu entender y esfuérzate por subir lo más que puedas hasta unirte con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado espiritualmente hasta el divino Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia.”

Teología Mística, I.1

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“Entonces, es cuando libre el espíritu, y despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra (…) en las misteriosas Tinieblas del no-saber. Allí, renunciando a todo lo que pueda la mente concebir, abismado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona por completo en aquel que está más allá de todo ser. Allí, sin pertenecerse a sí mismo ni a nadie, renunciando a todo conocimiento, queda unido por lo más noble de su ser con Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.”

Teología Mística, I.3

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“¡Ojalá podamos también nosotros penetrar en esta más que luminosa oscuridad!.  ¡Renunciemos a toda visión y conocimiento para ver y conocer lo invisible e incognoscible: a Aquel que está más allá de toda visión y conocimiento!

Porque ésta es la visión y conocimiento verdaderos: y por el hecho mismo de abandonar todo cuanto existe se celebra lo sobreesencial en modo sobreesencial. Así como los escultores esculpen las estatuas, quitando todo aquello que a modo de envoltura impide ver claramente la forma encubierta. Basta este simple despojo para que se manifieste la oculta y genuina belleza.

Conviene, pues, a mi entender, alabar la negación de modo muy diferente a la afirmación. Afirmar es ir poniendo cosas a partir de los principios, bajando por los medios y llegar hasta los últimos extremos. Por la negación, en cambio, es ir quitándolas desde los últimos extremos y subir a los principios. Quitamos todo aquello que impide conocer desnudamente al Incognoscible, conocido solamente a través de las cosas que lo envuelven.

Miremos, por tanto, aquella tiniebla supraesencial que no dejan ver las luces de las cosas.”

Teología Mística, II

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“El hecho es que cuanto más alto volamos menos palabras necesitamos, porque lo inteligible se presenta cada vez más simplificado. Por tanto, ahora, a medida que nos adentramos en aquella Tiniebla que hay más allá de la inteligencia, llegamos a quedarnos no sólo cortos en palabras, sino más aún, en perfecto silencio y sin pensar en nada.

En aquellos escritos, el discurso procedía desde lo más alto a lo más bajo. Por aquel sendero descendente aumentaba el caudal de las ideas, que se multiplicaban a cada paso. Mas ahora que escalamos desde el suelo más bajo hasta la cumbre, cuanto más subimos más escasas se hacen las palabras. Al coronar la cima reina un completo silencio. Estamos unidos por completo al Inefable.”

Teología Mística, III

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“Decimos, pues, que la Causa universal está por encima de todo lo creado. No carece de esencia, ni de vida, ni de razón, ni de inteligencia. No tiene cuerpo, ni figura, ni cualidad, ni cantidad, ni peso. No está en ningún lugar. Ni la vista ni el tacto la perciben. Ni siente ni la alcanzan los sentidos. No sufre desorden ni perturbación procedente de pasiones terrenas. Que los acontecimientos sensibles no la esclavizan ni la reducen a la impotencia. No necesita luz. No experimenta mutación, ni corrupción, ni decaimiento. No se le añade ser, ni haber, ni cosa alguna que caiga bajo el dominio de los sentidos.”

Teología Mística, IV

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“En escala ascendente ahora añadimos que esta Causa no es alma ni inteligencia; no tiene imaginación, ni expresión, ni razón ni inteligencia. No es palabra por sí misma ni tampoco entendimiento. No podemos hablar de ella ni entenderla. No es número ni orden, ni magnitud ni pequeñez, ni igualdad ni semejanza, ni desemejanza. No es móvil ni inmóvil, ni descansa. No tiene potencia ni es poder. No es luz ni vive ni es vida. No es sustancia ni eternidad ni tiempo. No puede la inteligencia comprenderla, pues no es conocimiento ni verdad. No es reino, ni sabiduría, ni uno, ni unidad. No es divinidad, ni bondad, ni espíritu en el sentido que nosotros lo entendemos. No es filiación ni paternidad ni nada que nadie ni nosotros conozcamos. No es ninguna de las cosas que son ni de las que no son. Nadie la conoce tal cual es ni la Causa conoce a nadie en cuanto ser. No tiene razón, ni nombre, ni conocimiento. No es tinieblas ni luz, ni error ni verdad. Absolutamente nada se puede afirmar ni negar de ella.

Cuando negamos o afirmamos algo de cosas inferiores a la Causa suprema, nada le añadimos ni quitamos. Porque toda afirmación permanece más acá de la causa única y perfecta de todas las cosas, pues toda negación permanece más acá de la trascendencia de aquel que está simplemente despojado de todo y se sitúa más allá de todo.”

Teología Mística, V

ARISTÓTELES: LA INTELIGENCIA INMORTAL Y EL CONOCIMIENTO

LA EXPERIENCIA SENSORIAL Y LOS CONCEPTOS:

La teoría aristotélica del conocimiento es totalmente empirista (empiría: experiencia). Todos nuestros conceptos se originan a partir de la experiencia sensorial. Al nacer, la mente está totalmente vacía y carece de cualquier conocimiento. Sin experiencia sensorial seríamos incapaces de formar idea alguna. Al basarse sólo en el funcionamiento de la mente en el estado de vigilia, Aristóteles abandona la explicación platónica del conocimiento. Niega que la inteligencia por sí sola sea capaz de conocer.

Para comprender ambas teorías del conocimiento debemos tener en cuenta que pretenden explicar experiencias diferentes, estados de conciencia diferentes. Ejemplifican el principio védico de que el conocimiento es diferente en estados de conciencia diferentes. La explicación platónica se basa en la experiencia de un estado de conciencia o inteligencia pura, el estado de sabiduría. En este estado la inteligencia trasciende la experiencia sensorial (doxa) y el proceso de pensar (dianoia). Al realizar su unidad con la inteligencia universal, experimenta dentro de sí ‘el plano del cosmos’, las estructuras del conocimiento puro, las Formas. En este estado de conciencia, la inteligencia es completamente auto-referente, se conoce a sí misma, por medio de sí misma y sin salir de sí misma. Así, la inteligencia pura es la fuente del conocimiento verdadero. Puesto que el conocimiento está estructurado en la naturaleza de la inteligencia pura es innato, universal, inmutable y eterno. Conocer no es adquirir algo nuevo, es sólo recordar: reminiscencia.

Aristóteles pretende dar una explicación de la naturaleza y del proceso de conocimiento en el estado de vigilia. En este estado, la conciencia o inteligencia se exterioriza y parece dirigirse hacia fuera, experimenta los objetos a través de los sentidos como diferentes y externos a ella misma. De este modo, la inteligencia no es auto-referente, sino que está referida a los objetos. Toda la experiencia parece originarse a partir del contacto de la inteligencia con algo externo a ella misma. Al afirmar que todos los conceptos proceden de la experiencia sensorial, Aristóteles está de nuevo interpretando literalmente este tipo de experiencia.

Para una teoría empirista del conocimiento como la suya, el problema principal es explicar cómo se pueden formar conceptos universales a partir de la experiencia sensorial de objetos particulares. Esto es lo que luego se llamará en la historia de la filosofía el problema de los universales. Su respuesta a este problema es la teoría de la abstracción de los conceptos. En todo objeto fenoménico hay según Aristóteles dos aspectos: lo particular (materia) y lo universal (forma). La materia es aquello que hace al objeto diferente de otros, la forma es el principio de inteligencia que ordena la materia y es común a todos los objetos del mismo tipo. El concepto sólo puede contener como contenido lo universal. Para formarlo hay que separar lo particular y aislar (abstraer) lo universal.

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AGUSTÍN DE HIPONA: TRASCIÉNDETE A TÍ MISMO

“No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad; y si hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo, mas no olvides que, al remontarte sobre las cimas de tu ser, te elevas sobre tu alma dotada de razón. Encamina, pues, tus pasos allí donde la luz de la razón se enciende. Pues, ¿adónde arriba todo buen pensador sino a la verdad? La cual no se descubre a sí misma durante el discurso, sino es más bien la meta de toda dialéctica racional. Mírala como la armonía superior posible y vive en conformidad con ella.”

De la verdadera religión, 39, 72

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“Y fui subiendo gradualmente de los  cuerpos al alma, que siente por el cuerpo; y de aquí al sentido íntimo, al que comunican o anuncian los sentidos del cuerpo las cosas exteriores, y hasta el cual pueden llegar las bestias. De aquí pasé nuevamente a la potencia raciocinante, a la que pertenece juzgar de los datos de los sentidos corporales, la cual, a su vez, juzgándose a sí misma mudable, se remontó a la misma inteligencia, y apartó el pensamiento de la costumbre, y se sustrajo a la multitud de fantasmas contradictorios para ver de qué luz estaba inundada, cuando sin ninguna duda clamaba que lo inconmutable debía ser preferido a lo mudable; y de dónde conocía yo lo inconmutable, ya que si no lo conociera de algún  modo, de ninguno lo antepondría a lo mudable con tanta certeza. Y, finalmente, llegué a “lo que es” en un golpe de vista trepidante.

Entonces fue cuando “vi tus cosas invisibles por la inteligencia de las cosas creadas”; pero no pude fijar en ellas mi vista, antes, herida de nuevo mi flaqueza, volví a las cosas ordinarias, no llevando conmigo sino un recuerdo amoroso y como apetito de viandas sabrosas que aún no podía comer.”

Confesiones, VII, 17, 23

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“Yergue su oído a aquella voz interna de Dios, escucha en lo íntimo una poesía racional. Allí arriba, sobre la mente, se percibe en el silencio un sonido no corporal, sino espiritual, y cuantos escuchan aquella melodía se llenan de tedio con el estrépito del mundo, y toda la vida presente les parece un tumulto que les impide oír los acordes de una música superior extremadamente deleitosa, incomparable e inefable.”

Enarrationes in Psalmos, 43, 7

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“Atendiéndonos a una versión verbal, podemos llamar a las ideas formas o especies. Llamándolas razones nos apartamos de la interpretación adecuada, pues las razones en griego se llaman logoi, y no ideas. Con todo, no sería un desatino el uso de dicho vocablo. Porque son las ideas ciertas formas principales o razones permanentes e invariables de las cosas, las cuales no han sido formadas, y por esto son eternas y permanecen siempre en el mismo estado, contenidas en la divina inteligencia. Y siendo así que ellas ni nacen ni mueren, con todo se dice que está formado según ellas todo lo que puede nacer y morir, y todo lo que nace y muere.

Solo al alma racional le es dado el conocerlas con aquélla porción suya que sobresale, es decir la mente y la razón, que es como cierto semblante y ojo suyo, interior y espiritual.

Y no cualquier alma racional, sino la que fuere santa y pura, se asegura que es idónea para tener visión de ellas; es decir, la que tuviere el mismo ojo interior, con que estas cosas se ven, sano, limpio y sereno y semejante a la misma realidad que pretende intuir.

Nadie que se precie de hombre religioso, aun cuando sea todavía inepto para aquella visión, se atreverá a negar, o dejar de confesar que todas las cosas existentes, según su naturaleza y especie fueron creadas, siendo Dios su autor…/… Pues él no miraba ningún modelo exterior a sí para fabricar conforme a él cuanto fabricaba. Luego, si la razón de las cosas, antes o después de crearlas, está en la mente del Creador, donde todo es eterno e inmutable -y a estas razones causales de las cosas llamó Platón ideas-, se deduce que ellas son verdaderas y eternas, y permanecen inalterables en su ser, y con su participación se hace cuanto se crea, de cualquier modo que fuere.

Ahora bien, el alma racional aventaja a todas las cosas que fueron creadas por Dios, y está cerca de él; cuando es pura y cuanto más se adhiere a él por la caridad, tanto más participa de la luz inteligible y tanto mejor podrá ver, no con los ojos del cuerpo, sino con la porción principal, que es su título de mayor excelencia, aquellas razones cuya contemplación la hace sumamente feliz.”

 Sobre ochenta y tres diversas cuestiones, 43

San Agustín

CURSO: PLATÓN Y LA SABIDURÍA VÉDICA

LA CIENCIA VÉDICA

Hace miles de años los sabios (rishis) de la antigua India descubrieron un estado permanente de conciencia, más allá de los estados relativos y cambiantes de la vigilia, el soñar y el dormir profundo. Este cuarto estado (turîya) se caracteriza por una alerta total, pero sin actividad mental. La conciencia no experimenta ningún objeto externo, sino que se experimenta sólo a sí misma por medio de sí misma. Dado que sólo hay conciencia se le llamó por ello ‘conciencia pura’. La conciencia es entonces completamente auto-referente: es sujeto, objeto y proceso de conocimiento a la vez. Descubre así que es diferente de los contenidos y procesos mentales y que su verdadera naturaleza es trascendental, inmutable, inmanifiesta, simple, perfectamente ordenada, auto-suficiente y plena.  Esta conciencia pura es el verdadero Yo (âtman), un estado de total despertar interior. Es la experiencia de un nivel de silencio, ilimitación y felicidad absolutos:

Se llama cuarto (estado de conciencia) a aquél que no es consciente del mundo interno, ni consciente del mundo externo, ni consciente de ambos mundos, …/…, ni tampoco inconsciencia; que es invisible, inaccesible (por medios empíricos), inalcanzable (para los órganos de acción), indemostrable, impensable, inefable, cuya prueba válida es el propio Yo; en quien cesan todos los fenómenos; y que es inmutable, bienaventurado y no dual. Este es el Yo (âtman). Esto es lo que hay que conocer”.

Mândûkya Upanishad, 7

Al ser consciente de sí misma, la conciencia pura es la fuente de la inteligencia creativa que estructura todo el pensamiento y la acción humana. Pero los sabios védicos descubrieron también que es la experiencia directa del nivel más fundamental de la naturaleza, un campo unificado de inteligencia y creatividad que es la fuente del orden y el dinamismo que estructura todo el universo. Este campo unificado y universal de la conciencia pura contiene dentro de sí el plano del cosmos. Esto es el Veda, el conocimiento puro. Puesto que la conciencia pura es el Campo Unificado de la Ley Natural, sus impulsos de inteligencia son las leyes fundamentales de la naturaleza oídas como sonidos y vistas por ella misma. Esta secuencia de impulsos de sonido y significado es el lenguaje del Veda. Toda la literatura védica es la expresión en el pensamiento y la palabra de esta experiencia. Así se desarrolló una tradición milenaria que dio lugar a un cuerpo de conocimiento basado en la experiencia de estados superiores de conciencia: la Ciencia Védica, que abarca más de 40 disciplinas. Desde las Upanishads, el Yoga y el Vedanta, hasta la lingüística, las matemáticas, la medicina natural o la arquitectura.

Hoy la Física teórica intenta comprender matemáticamente este nivel fundamental de la naturaleza, el Campo Unificado de la Ley Natural, la fuente de todas las fuerzas, la energía y la materia desplegada en el universo. Pero debido a su enfoque puramente objetivo, basado en la separación entre el conocedor y el objeto de conocimiento, carece de las tecnologías para experimentarlo directamente.  Esta es la contribución de la Ciencia Védica por medio de las tecnologías para experimentar la conciencia pura. Este es el punto de encuentro entre las tres grandes tradiciones de conocimiento: la filosofía, la ciencia de la materia y la ciencia védica de la conciencia.

Las tecnologías védicas de la conciencia (Meditación Trascendental y MT-Sidhis) se encuentran entre las más profusamente investigadas en la historia de la ciencia. Más de 500 estudios científicos han confirmado que son  efectivas para el desarrollo global del individuo y de la sociedad.

PLATÓN

Platón ocupa en la historia de la filosofía una posición privilegiada. Su influencia ha sido enorme, incomparablemente mayor que la de cualquier otro filósofo. En primer lugar, por situarse en un momento muy temprano de la filosofía occidental, pero sobre todo por la gran amplitud de los temas de su filosofía y la profundidad con la cual los trató. Su filosofía abarca todos los campos significativos: la metafísica, la teoría del conocimiento, la ética, la antropología, el lenguaje, la estética, la política, la cosmología, la medicina, etc. En todos estos campos planteó las preguntas fundamentales y elaboró con gran creatividad una respuesta paradigmática.

Además, todos estos campos están tratados de una forma unificada. Toda su filosofía está basada en la existencia de una realidad última y trascendental, un campo de inteligencia pura que es la fuente del orden y de la estructura presente en todo el universo. Por tanto, cualquier aspecto de la realidad, del hombre, del conocimiento, de la acción, de la sociedad, del cosmos, etc., debe ser explicado desde y en función de la estructura de esta realidad última.

Platón sostuvo que la filosofía comienza con el descubrimiento de la propia ignorancia y culmina con el recuerdo (reminiscencia) de la sabiduría dentro de uno mismo. La sabiduría no es un conocimiento externo al alma, sino que está estructurada en el nivel más profundo de nuestra propia inteligencia (nous), nuestro verdadero ser. La sabiduría (sophía) es un “estado del alma”, un estado de conciencia completamente diferente del estado de ignorancia (doxa). Todo el proceso de la filosofía ocurre, pues, dentro del alma humana. Es en realidad una transformación en el estado de conciencia del conocedor, desde el estado de ignorancia hasta la estabilización definitiva del estado de sabiduría:

“Pero cuando (el alma) busca sóla y por sí misma, entonces llega el campo de lo puro, lo eterno, lo inmortal y lo inmutable, y siendo de naturaleza semejante a ello, permanece sóla por sí misma e independiente, se queda por siempre a su lado y deja de vagar, permanece entonces en el campo de lo absoluto, lo constante y lo inmutable, en contacto con aquello que es de naturaleza similar. Y este estado del alma es lo que se llama sabiduría”.

Fedón, 79d

Las características de este estado de sabiduría, la experiencia de la realidad última, coinciden perfectamente con las características de la conciencia pura, el estado más simple y básico de la conciencia que subyace a la vigilia, el soñar y el dormir profundo. Además, la descripción platónica del verdadero filósofo, el individuo que experimenta este estado de sabiduría, coincide plenamente con las características que  muestran los individuos autorrealizados y con los resultados de la investigación científica sobre los correlatos neurofisiológicos y psicológicos que resultan del desarrollo de estados superiores de conciencia.

El verdadero filósofo no es el individuo que posee unos conocimientos eruditos o que maneja una información abundante, sino aquél que ha tenido esta experiencia de la realidad última, el estado de sabiduría, en la que la inteligencia se identifica con la realidad última y trascendental, el Ser o Bien Supremo. De este modo Platón señaló que el propósito de la educación y, en particular, el de la filosofía es alcanzar esta experiencia trascendental y desarrollar una comprensión intelectual clara y amplia de su naturaleza y de sus implicaciones. Esta experiencia no puede ser dada y, en este sentido, la sabiduría no puede ser impartida. La meta de la filosofía no puede ser realmente enseñada. Todo individuo es esa inteligencia pura (nous), que ya posee de modo natural la capacidad de contemplar la realidad última. Lo único que se puede enseñar, pues, es cómo dirigir la inteligencia hacia esta realidad fundamental hasta ser capaz de contemplarla directamente:

Pero nuestro argumento actual indica, dije yo, que la analogía adecuada para este poder inherente en el alma y el instrumento por el cual aprehende es la de un ojo que no puede volverse desde la oscuridad hacia la luz sino girando todo el cuerpo. De este modo, este órgano de conocimiento debe apartarse totalmente del mundo del devenir junto con toda el alma, hasta que el alma sea capaz de sostener la contemplación de la esencia y la región más brillante del ser. Y esto es lo que llamamos el Bien ¿no es así?

– Sí.

– Por tanto, dije, puede haber un arte sobre cuál sea la forma más rápida y más efectiva de girar completamente el alma, no un arte de infundirle visión, puesto que ya posee la visión, pero no la dirige correctamente y no mira donde debería, un arte para producir esto”.

República: 518 c

Platón sintió que siendo éste el propósito de la filosofía y de la vida humana era necesario un método para cultivar la capacidad natural de la inteligencia humana para experimentar la realidad última: el método dialéctico. A pesar de pedir la técnica (techne) “más rápida y más efectiva de girar completamente el alma”, Platón insiste a menudo en que el método de la dialéctica es particularmente difícil, requiere largo tiempo de práctica y sólo unos pocos individuos dotados de condiciones especiales podrán llegar a tener éxito y alcanzar la meta. Todo ello condicionó su visión elitista de la filosofía y la posibilidad de una sociedad ideal basada en la sabiduría: “es imposible que el vulgo sea filósofo”. Tal y como explica el proceso parece más bien la descripción de un suceso espontáneo, que una técnica efectiva para cultivar la capacidad natural del sistema nervioso y de la mente humana para acceder a la experiencia de la conciencia pura. Como resultado de esta falta de un método adecuado, esta experiencia se convirtió en algo cada vez más raro y minoritario. Incluso aquellos que la tenían espontáneamente no sabían cómo cultivarla para que fuera permanente, ni enseñar a otros cómo acceder a ella. La falta de un método llevó finalmente incluso al olvido de la meta, el estado de sabiduría.

La razón fundamental de esta ausencia de experiencia fue la ineficacia del método dialéctico o quizás, simplemente, su inexistencia. En ausencia de esta experiencia del estado de sabiduría, la conciencia pura, la filosofía platónica, aunque intensamente estudiada, fue sin embargo mal comprendida. Grandes partes de sus obras resultaron ser ininteligibles o sencillamente carentes de sentido. Los diferentes intérpretes tendieron naturalmente a adaptar la filosofía platónica a su propia experiencia basada exclusivamente en el estado de vigilia. Esto ocurrió ya en sus seguidores inmediatos en la Academia que, careciendo de esta experiencia, abandonaron en puntos clave la orientación filosófica de Platón. Ocurrió incluso en su discípulo más notable, Aristóteles, quién formuló una filosofía que, aunque influida profundamente por la de Platón, estaba orientada fundamentalmente a explicar la experiencia sensorial del mundo en el estado de vigilia.

Cuando en el curso de los siglos surgía algún individuo que espontáneamente tenía alguna experiencia de la conciencia pura, se sentía atraído por la filosofía platónica, en la que encontraba un medio para dar voz intelectual a su propia experiencia. Así la filosofía platónica encontró un desarrollo creativo, profundo y notable de la mano de Plotino, quien se confiesa “discípulo del divino Platón”. Incluso sin esta experiencia, la profundidad de las ideas de Platón resultó ser un motivo de atracción para muchas personas a lo largo de los últimos 24 siglos. Pero fue insuficiente para crear una tradición de investigación y un cuerpo sistemático de conocimiento basado en el desarrollo de estados superiores de conciencia. Esta es la diferencia fundamental entre la escuela platónica y la tradición védica. Sin embargo, la influencia de Platón se ha extendido sobre toda la filosofía occidental, pero también sobre la teología y la mística cristiana, la filosofía judía y la islámica.

Por tanto, el propósito fundamental de un curso sobre la filosofía platónica, debería ser experimentar ese nivel fundamental de la realidad y comprenderlo intelectualmente. Para ello la experiencia de la conciencia pura es la clave y el fundamento de todo lo demás.

TEMAS DEL CURSO

Esta experiencia compartida de la conciencia pura explica también por qué Platón es entre todos los filósofos de la tradición occidental el que muestra más claras conexiones y semejanzas con el conocimiento védico. Este curso selecciona una serie de temas específicos para mostrar los paralelos históricos y de conocimiento entre la filosofía platónica y la tradición védica. La Ciencia Védica puede iluminar problemas y temas que han permanecido oscuros o mal comprendidos en Platón. Pero sobre todo, ofrece las tecnologías para experimentar directamente el estado de sabiduría, la conciencia pura, la fuente de toda la filosofía platónica. El curso ilustra también un tema fundamental del conocimiento védico: la universalidad de la experiencia de la conciencia pura y del conocimiento basado en estados superiores de conciencia.

 -Tema 1: Las Formas y la estructura del Veda.

– Tema 2: La Dialéctica y la cognición védica.

– Tema 3: El sánscrito y el lenguaje de las Formas.

– Tema 4: La estructura del alma en Platón y en la Ciencia Védica.

– Tema 5: La ignorancia, el karma y la reencarnación.

– Tema 6: La conciencia colectiva y el modelo de una sociedad ideal.

– Tema 7: Los ciclos cósmicos, la astrología y el declive de la sociedad ideal.

– Tema 8: La Atlántida y los principios de la arquitectura védica.

– Tema 9: El Timeo y la cosmología védica.

– Tema 10: El Ayur Veda en Platón.

ESTRUCTURA DEL CURSO

Este curso ha sido desarrollado por Pedro Jiménez, profesor de Filosofía y de la Ciencia Védica. Abarca 20 lecciones que se imparten gracias a una metodología audiovisual que hace del aprendizaje un proceso más fácil y efectivo. El propósito es disfrutar aprendiendo. Se ofrece a lo largo de cinco fines de semana, en sesiones de mañana y tarde de tres horas de duración. Puede ofrecerse también en otros formatos dentro de la estructura de un curso académico.

Los participantes reciben una serie de materiales escritos que incluyen: sumarios de los temas, gráficos ilustrativos, textos de apoyo, citas de experiencias de estados superiores de conciencia y una bibliografía básica.

El curso no tiene requisitos previos: no es necesario saber filosofía, ni tener conocimientos de la Ciencia Védica. Es muy deseable estar familiarizado con la experiencia de la conciencia pura, gracias a la práctica de las tecnologías védicas de la conciencia, pero no es una condición previa imprescindible para tomar el curso. Aquellos que lo deseen pueden también aprenderlas de forma paralela al curso.

Cualquier persona interesada en la filosofía, en el conocimiento de la conciencia o en la tradición védica debería tomarlo. Es particularmente importante para aquellas personas vinculadas al mundo académico: profesores, filósofos, o que posean una orientación intelectual o espiritual.

MAHARISHI: EL DESARROLLO DE LA CONCIENCIA

COMENTARIO DE MAHARISHI:

“”No hay nada en este mundo tan purificador como el conocimiento”: el trabajo de un purificador consiste en primer lugar en purificar los distintos componentes o ingredientes y después de haber liberado los componentes de sus impurezas, presentar la totalidad en su estado puro.

El conocimiento es el purificador de la vida. Purifica la vida, en cuanto que analiza los diferentes aspectos de la existencia y distingue y separa el aspecto eterno del transitorio. Actúa como un filtro que separa el barro del agua fangosa. La naturaleza real de la vida es la conciencia absoluta de bienaventuranza; este agua cristalina de la vida se ha enturbiado al mezclarse con las actividades de las tres gunas. Esto ha resultado en ocultar la eternidad de la vida tras sus aspectos transitorios y siempre cambiantes.

El estado puro del Ser se realiza conociendo los componentes absoluto y relativo de la vida. Este conocimiento llega a la perfección cuando el conocedor consigue una perfecta intimidad con el Ser y llega a ser plenamente consciente de la actividad básica de la vida, la actividad de las tres gunas como algo separado del Ser. La intimidad perfecta con el Ser se obtiene cuando la mente alcanza el estado trascendental de la conciencia. Este es el estado absoluto del conocimiento, que puede ser descrito como el estado de conocimiento puro. Cuando el conocimiento se hace perfecto, llega al estado de puro conocimiento y lleva la vida a la pureza perfecta. De esta manera, el conocimiento elimina la ignorancia, que es la mayor impureza de la vida, y libera la vida del ciclo del nacimiento, la muerte y el sufrimiento.

El aspecto superficial del conocimiento es conocer y entender; la naturaleza real del conocimiento es el estado de conocimiento puro, el estado de conciencia pura o Ser. Considerando el conocimiento de esta forma, vemos que la conciencia trascendental representa la naturaleza real del conocimiento. Otra fase del conocimiento es cuando la conciencia trascendental coexiste con la actividad del estado de conciencia de vigilia. En este estado, cuando la conciencia trascendental se establece de forma permanente en la naturaleza misma de la mente, las fases absoluta y relativa de la vida comienzan a ser apreciadas simultáneamente: el Yo es experimentado como separado de la actividad. Existe todavía otro estado de conocimiento en el que la separación entre el Yo y la actividad se funde en la Unidad de la conciencia de Dios, que es el estado más purificado de la vida, libre de cualquier mancha de impureza. Esta vida de pureza absoluta representa el estado supremo del conocimiento, acerca del cual dice el Señor: “aquel que es perfecto en Yoga, por sí mismo en el curso del tiempo lo encuentra dentro de sí mismo”. Lee el resto de esta entrada