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T.S. ELIOT Y JUAN DE LA CRUZ: PARA VENIR A SERLO TODO

Eliot cita

Le dije a mi alma, quédate quieta, y deja que la oscuridad venga a ti

Que será la oscuridad de Dios.”

…./….

“Le dije a mi alma, quédate quieta y espera sin esperanza,

Pues la esperanza sería esperanza en lo erróneo; espera sin amor

Pues el amor sería amor por lo erróneo; aún está la fe

Pero la fe y el amor y la esperanza consisten en esperar.

Espera sin pensamiento, pues no estás aún preparada para el pensamiento:

La oscuridad será, así, la luz y la quietud la danza.”

…./….

“Dices que repito

Algo que ya he dicho antes. Lo diré otra vez.

¿ Lo diré otra vez?. Para llegar ahí,

Para llegar adonde estás, para salir desde donde no estás,

Deberás ir por un camino en el que no hay éxtasis.

Para llegar a lo que no sabes

Debes ir por un camino que es el camino de la ignorancia.

Para poseer lo que no posees,

Debes ir por el camino de la desposesión.

Para llegar a lo que no eres

Debes pasar por el camino en el que no eres.

Y lo que no sabes, es lo único que sabes

Y lo que es tuyo es lo que no es tuyo

Y dónde estás es donde no estás.”

(T.S. ELIOT: Cuatro cuartetos, East Coker, III)

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MONTE DE PERFECCIÓN O MONTE CARMELO

“Ya por aquí no hay camino porque para el justo no hay ley, él para sí se es ley”

Juan de la Cruz, 1579

Juan de la Cruz, 1579

Monte de perfección, transcripción del dibujo

Monte de perfeccion - versos

Para venir agustarlo todo

 no quieras tener gusto ennada.

Para venir asaberlo todo

no quieras saber algo ennada.

Para venir aposeerlo todo

no quieras poseer algo ennada.

 Para venir aserlo todo

no quieras ser algo ennada.

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Para venir alo que no gustas

has de ir por adonde no gustas.

Para venir alo que no sabes

 as de ir por donde no sabes.

Para venir a poseer lo que no posees

as de ir por donde no posees.

Para venir alo que no eres

as de ir por donde no eres.

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Quando reparas en algo

dexas de arrojarte altodo.

Para venir del todo altodo

 as de dejarte del todo entodo,

y quando lo vengas del todo atener

as de tenerlo sin nada querer.

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                                                                          Enesta desnudez halla el

                                                                           espíritu su descanso, porque no

                                                                           codiciando nada, nada le fatiga acia

                                                                         arriba, y nada le oprime

                                                                          acia abaxo, porqueesta en

                                                                          el Centro desu humildad.

(JUAN DE LA CRUZ: Subida del Monte Carmelo)

(el texto preserva la ortografía del original)

La música callada, la soledad sonora

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: EL SER UNO

EL SER UNO

Que nada me invada de fuera,
que sólo me escuche yo dentro.
Yo dios
de mi pecho.

(Yo todo: poniente y aurora;
amor, amistad, vida y sueño.
Yo solo
universo).

Pasad, no penséis en mi vida,
dejadme sumido y esbelto.
Yo uno
en mi centro.

ES MI ALMA

No sois vosotras, ricas aguas
de oro, las que corréis
por el helecho, es mi alma.
No sois vosotras, frescas alas
libres, las que os abrís
al iris verde, es mi alma.
No sois vosotras, dulces ramas
rojas las que os mecéis
al viento lento, es mi alma.
No sois vosotras, claras, altas
voces las que os pasáis
del sol que cae, es mi alma.

SOLO YO

¡Yo solo vivo dentro
de la primavera!

(Los que la veis por fuera,
¿qué sabéis de mi centro,
qué sabéis de su centro?
Si salís a su encuentro,
mi sangre no se altera…)

¡Yo solo vivo dentro
de la primavera!

VOCES DE MI COPLA

III – FRENTE

¡Cuánto infinito abarcado
desde esta piedra del mundo!
No estoy en el «desde aquí»,
sino en el «ya de lo último».

¡NO ESTÁS EN TI, BELLEZA INNÚMERA…!

¡No estás en ti, belleza innúmera,
que con tu fin me tientas, infinita,
a un sinfín de deleites!

¡Estás en mí, que te penetro
hasta el fondo, anhelando, cada instante,
traspasar los nadires más ocultos!

¡Estás en mí, que tengo
en mi pecho la aurora
y en mi espalda el poniente
-quemándome, trasparentándome
en una sola llama-; estás en mí, que te entro
en tu cuerpo mi alma
insaciable y eterna!

(Piedra y cielo, 1919)

CANCIONCILLAS ESPIRITUALES

ÉSTASIS

¡Hoja verde
con sol rico,
carne mía
con mi espíritu!

LA NOCHE

El dormir es como un puente
que va del hoy al mañana.
Por debajo, como un sueño,
pasa el agua, pasa el alma.

 EL NOMBRE CONSEGUIDO DE LOS NOMBRES

Si yo, por ti, he creado un mundo para ti,
dios, tú tenías seguro que venir a él,
y tú has venido a él, a mí seguro,
porque mi mundo todo era mi esperanza.

Yo he acumulado mi esperanza
en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;
a todo yo le había puesto nombre
y tú has tomado el puesto
de toda esta nombradía.

Ahora puedo yo detener ya mi movimiento,
como la llama se detiene en ascua roja
con resplandor de aire inflamado azul,
en el ascua de mi perpetuo estar y ser;
ahora yo soy ya mi mar paralizado,
el mar que yo decía, mas no duro,
paralizado en olas de conciencia en luz
y vivas hacia arriba todas, hacia arriba.

Todos los nombres que yo puse
al universo que por ti me recreaba yo,
se me están convirtiendo en uno y en un
dios.

El dios que es siempre al fin,
el dios creado y recreado y recreado
por gracia y sin esfuerzo.
El Dios. El nombre conseguido de los nombres.

(Animal de fondo, 1949)

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (1881-1958):

(Lee sus poemas “La transparencia, Dios, la transparencia” y “El nombre conseguido de los nombres” (Dios deseado y deseante)

KANT: EL YO TRASCENDENTAL

“Esta condición originaria y trascendental no es otra que la apercepción trascendental. En virtud de nuestro estado, la conciencia del yo en la percepción interna es meramente empírica, siempre mudable, sin poder suministrar un yo fijo y permanente en medio de esa corriente de fenómenos internos. Dicha conciencia suele llamarse sentido interno o apercepción empírica. Lo que necesariamente tiene que ser representado como numéricamente idéntico no puede ser pensado como tal a través de los datos empíricos. Anteriormente a toda experiencia, ha de haber una condición que haga posible esa misma experiencia y que dé validez a tal suposición trascendental.

No pueden darse en nosotros conocimientos, como tampoco vinculación ni unidad entre los mismos, sin una unidad  de conciencia que preceda a todos los datos de las intuiciones. Sólo en relación con tal unidad son posibles las representaciones de objetos. Esa conciencia pura, originaria e inmutable, la llamaré la apercepción trascendental.

 Crítica de la razón pura, A-107.

“No podemos señalar como fundamento de tal doctrina [1] sino la representación ‘yo’, que es simple y, por sí misma, completamente vacía de contenido. No podemos decir que esta representación sea un concepto, sino la mera conciencia que acompaña cualquier concepto. Por medio de este yo, o él, o ello (la cosa), que piensa no se representa más que un sujeto trascendental de los pensamientos = x, que sólo es conocido a través de los pensamientos que constituyen sus predicados y del que nunca podemos tener el mínimo concepto por separado. Por eso nos movemos en un círculo perpetuo en torno a él, ya que, si queremos enjuiciarlo, nos vemos obligados a servirnos ya de su representación”.

Crítica de la razón pura, A-346.

“En efecto, aunque el yo se halla en todos los pensamientos, la representación del mismo no va unida a la menor intuición que lo distinga de otros objetos de la intuición. Podemos, pues, advertir que tal representación interviene en todo pensamiento, pero no que haya una intuición continua y permanente en la cual los pensamientos (en cuanto variables) cambien”.

…/… “De ese sujeto real no tenemos, ni podemos tener, el menor conocimiento, ya que es la conciencia la que convierte las representaciones en pensamientos y es, por tanto, en ella, como sujeto trascendental, donde han de encontrarse todas nuestras percepciones. Fuera de tal significado lógico del yo, no conocemos en sí mismo al sujeto que, como sustrato, le sirve de base a él y a todos los pensamientos”.

 Crítica de la razón pura, A-350.

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[1] “Una doctrina trascendental del alma …/… que estudia la naturaleza de nuestro ser pensante” (Crítica de la razón pura, B-404)

COMENTARIO:

En su obra más famosa ‘Crítica de la razón pura’ publicada en 1781, Kant intentó formular una teoría del conocimiento humano que pudiera superar las limitaciones del racionalismo y del empirismo, pero conservando sus logros indudables. Además debería fundamentar el conocimiento científico de su tiempo (Matemáticas y Física newtoniana) y responder a la pregunta crucial sobre si la Metafísica podría llegar a ser una verdadera ciencia.

El conocimiento se inicia cuando algo que Kant llama ‘la cosa en sí’ afecta a mis sentidos. Su reacción (colores, olores, sabores, sonidos, etc.) constituye el contenido o ‘materia’ de la experiencia sensorial. Esta es en sí misma múltiple y desordenada. Percibir es ordenar o ‘sintetizar’ estos datos sensoriales. Este orden o ‘forma’ es aportado por el sujeto e impuesto a la experiencia. Al percibir, los sentidos ordenan la experiencia sensorial según las tres dimensiones del espacio (ancho-alto-largo) y las tres dimensiones del tiempo (pasado-presente-futuro). Espacio y tiempo están pues en mí y son universales y necesarios, en lenguaje kantiano ‘a priori’. No son objetos particulares y contingentes que pueda o no percibir. Son trascendentales, previos a la experiencia y la fundamentan o hacen posible. Estas experiencias sensoriales ordenadas por el sujeto en el espacio y el tiempo son los fenómenos o la ‘cosa para mí’. Así pues, ‘la cosa en sí’ misma está más allá del alcance de la experiencia, es trascendente y por ello incognoscible. Sólo podemos conocer fenómenos o la ‘cosa para mí’, puesto que este es el límite de nuestra experiencia.

Pero sólo percibir no es todavía conocer. Para que haya conocimiento lo percibido debe ser pensado por medio de la segunda facultad en entrar en acción, el entendimiento. Al pensar, el entendimiento introduce un grado de unificación o ‘síntesis’ todavía mayor que el de los sentidos. Los datos sensoriales o fenómenos (ya previamente unificados en el espacio y el tiempo) son ahora unificados por el entendimiento mediante los conceptos. Pensar es pues unificar. Si sólo tuviéramos sentidos, pero no fuéramos capaces de pensar, no percibiríamos objetos como los vemos en este momento. Sólo veríamos unos datos sensoriales inconexos colocados a la dcha-izda., delante-detrás, arriba-abajo, antes o después de otros. Al pensar una serie de datos sensoriales y unificarlos por medio de un concepto empírico (por ej. árbol), estos son separados del resto de los fenómenos y constituidos como objeto de experiencia. El entendimiento constituye pues el objeto de conocimiento. Para que haya conocimiento algo (el objeto) debe ser conocido. Por eso conocer es pensar + percibir. Cualquiera de los dos por separado (conceptos / percepciones) no es aún conocimiento, sino sólo uno de sus ingredientes. El proceso de conocer es siempre un acto de síntesis o unificación según Kant. Para unificar el entendimiento debe aportar también algo por su parte. Ese algo son las 12 maneras (categorías) o modos de ordenar los fenómenos por medio de los conceptos empíricos. Estas 12 categorías son también universales y necesarias (a priori), previas a la experiencia y trascendentales. Son el fundamento del conocimiento en el nivel del entendimiento.

Pero para que haya conocimiento algo más fundamental aún es necesario. Sólo hay conocimiento si algo, el objeto, es conocido. Pero para que haya objeto, debe haber un sujeto de conocimiento. El objeto sólo lo es para un sujeto. Además, si el proceso de conocer es siempre un acto de síntesis o unificación, esto presupone una unidad previa más fundamental. Los sentidos sólo pueden unificar en el espacio y el tiempo, y el entendimiento sólo puede unificar por medio de los conceptos, si como condición previa todos los fenómenos están ya en una misma conciencia. Mis sentidos/entendimiento no pueden unificar los colores que yo veo con los colores que ve otro para formar así el objeto percibido que llamo ‘rosa roja’.

Esta necesidad de que todas las  experiencias fenoménicas estén ya antes unidas en una misma conciencia, llevó a Kant a admitir como necesario un yo (apercepción) trascendental diferente del yo empírico. ¿Qué características posee este yo trascendental (YT) y en qué se diferencia del yo meramente empírico (YE)?:

  • El yo trascendental es siempre el sujeto de conocimiento y no puede ser jamás objeto. Puesto que todo objeto sólo lo es en relación al sujeto, este es siempre previo al objeto. Kant sostuvo entonces que el YT no puede ser nunca objeto, no puede colocarse por decirlo así frente a sí mismo, porque para que haya objeto debe estar ‘detrás del escenario’ del conocimiento. Por ello el YT no puede conocerse a sí mismo según Kant: no puede ser objeto, ni tampoco desdoblarse en sujeto y objeto a la vez. Al igual que el ojo no puede verse a sí mismo directamente, porque sin ojo no hay visión. La palma de la mano no puede tocarse a sí misma, ni la planta del pie pisarse.
  • El YT es el conocedor de todo lo demás: el conjunto de los objetos de experiencia y procesos de conocimiento que constituyen el YE. El YE es lo conocido por el YT. Puesto que no puede darse como objeto de experiencia, no es cognoscible, dado que el conocimiento requiere la experiencia. Puede, es más debe ser pensado, pero no conocido. Así paradójicamente el conocedor de todo lo demás debía permanecer en la ignorancia eterna de sí mismo. Y todo el proceso de conocimiento yacía entre dos supuestos incognoscibles: la cosa en sí y el YT.
  • EL YT es el fundamento último de todo el conocimiento. Sin él ningún conocimiento sería posible, puesto que conocer es unificar y el YT unifica todas las experiencias en una misma conciencia. Sin el YT los sentidos no podrían unificar en el espacio y el tiempo, el entendimiento no podría pensar (dado que pensar es sintetizar), ni tampoco la razón (la tercera facultad) podría unificar los juicios al razonar. Por el contrario el YE es siempre fragmentario y múltiple, es el flujo de experiencias unificado por el YT y sin este carecería de unidad alguna.
  • El YT es siempre ‘conciencia de’. No existe según Kant por separado y aisladamente del YE, sólo existe siendo consciente de éste. Del mismo modo el YE sólo existe en la medida que el YT es consciente de él.
  • Al ser consciente de cualquier experiencia el YT se apropia de ella y la convierte en suya. Esto es la ‘apropiación trascendental’: un pensamiento se convierte así en ‘mi’ pensamiento, una percepción en mía, etc. Si no fuera así señala Kant, podría haber en mi mente pensamientos que no estuvieran referidos al YT y que no fueran míos, lo que sería absurdo. El YE es aquello de lo cual se apropia el YT.
  • El YT es a priori: universal y necesario. No es un yo particular o contingente como el YE. No es mi YT o tu YT, etc. No puede no existir, porque sin él no habría experiencia alguna, ni YE. El YE es individual, porque mis experiencias son sólo mías y también contingente, porque mis experiencias han sido estas, pero podrían haber sido otras.
  • El YT es puro y originario: no posee contenido y está vacío en sí mismo: Sólo se ‘llena’ de contenido cuando es consciente de los contenidos y procesos del YE. No se deriva (origina) de las experiencias, sino que es anterior a ellas.
  • El YT está fuera del espacio, el tiempo, el cambio y la causalidad. En sí mismo es fijo e inmutable. Todas las experiencias internas de un sujeto se dan en el tiempo, las sensoriales además se dan en el espacio. El YE es constantemente cambiante, es un flujo o río de experiencias siempre mudable. Cada nueva experiencia modifica el YE, puesto que ahora es el yo que ha tenido una experiencia que antes no había tenido.

Kant pretendía superar las limitaciones de Hume, para quien el yo era sólo un nombre cómodo para designar el río interior de nuestras experiencias. Para dar cuenta de su unidad interna Hume acudió a la memoria, el yo resultaba ser tan sólo una ficción producida al olvidar la discontinuidad natural de nuestros contenidos y actividades mentales. El yo se reducía a esta ilusión de continuidad mental ayudada por la memoria. Este yo de Hume era lo que Kant llamó luego el yo empírico. Así no había en realidad sujeto de conocimiento, ni fundamento último de la experiencia, ni tampoco explicación válida de la conciencia. Esta explicación era tan limitada, que hasta el propio Hume confesó estar insatisfecho con ella, pero ser incapaz de encontrar otra mejor.

Tras el planteamiento de Kant, el Yo trascendental se convirtió en el tema central de la filosofía alemana de la mano de Fichte y Hegel. Puesto que el concepto de cosa en sí era algo problemático en la filosofía de Kant, sus sucesores eligieron eliminarlo. La cosa en sí era incognoscible, no podía decirse de ella con sentido que existía ni que era la causa de nuestras percepciones dado que las categorías del entendimiento no le eran aplicables, sin embargo se postulaba como necesaria para explicar el origen del conocimiento. Al suprimirla en el idealismo alemán, la materia o contenido de la experiencia ya no era el resultado de su influencia sobre los sentidos. Ahora, tanto el contenido como la forma u orden del conocimiento debían provenir exclusivamente del sujeto. El Yo era pues el origen de todos los fenómenos, así como de las leyes de la naturaleza que daban cuenta del orden del mundo. Siendo universal, necesario e inmutable era entonces absoluto. Desaparecía también la función de la cosa en sí como límite del conocimiento, separando lo cognoscible (los fenómenos) de lo incognoscible (noúmenos). El Yo era el fundamento último de todas las experiencias subjetivas y de todos los fenómenos del universo. Esto abría el paso al idealismo absoluto. Este tema del yo trascendental volverá a aparecer con gran fuerza en la Fenomenología de Husserl.

 UNA VISIÓN DESDE LA CIENCIA VÉDICA:

Al revisar la teoría de Kant sobre la naturaleza del conocimiento humano y el papel del Yo trascendental no debemos olvidar un punto fundamental: todo su análisis está limitado a la experiencia en el estado de vigilia. Ciertamente en la vigilia y en el soñar la experiencia se limita a los fenómenos. Pero esto no es cierto ni siquiera en el dormir profundo, donde no hay experiencia fenoménica y el grado de conciencia es mínimo. Y mucho menos aún en el cuarto estado o conciencia pura, que es la llave que abre la puerta a los estados superiores de conciencia,

Kant llamó al yo trascendental: esa conciencia pura, originaria e inmutable”. Pero al estar limitado en su experiencia al estado de vigilia, no fue capaz siquiera de imaginar la posibilidad de que ese yo trascendental pudiera darse aisladamente de toda experiencia fenoménica. El proceso védico de trascender es precisamente el procedimiento natural para aislar el yo trascendental o conciencia pura de los contenidos y procesos mentales. Puesto que la conciencia pura es un estado permanente, subyace de modo continuo a la actividad mental de la vigilia, el soñar y a la inercia del dormir profundo. Podría decirse que la actividad mental en estos tres estados relativos es como una cortina que oculta la naturaleza permanente de la conciencia pura. Para des-cubrirla es necesario apartar primero ese velo de la actividad mental. Este proceso de reducir sistemáticamente la actividad mental, mientras se preserva y expande la alerta o conciencia es denominado técnicamente ‘trascender’ (ir más allá) o dhyâna en los textos védicos (Patañjali: Yoga Sûtras, III.2):

“Yoga (la conciencia unificada) es trascender la actividad de la mente.”

“Entonces el observador permanece establecido en su propia naturaleza.”

(Patañjali: Yoga Sûtras, I, 2-3)

Cuando toda la actividad mental ha cesado espontáneamente, la conciencia se experimenta a sí misma como inmutable, diferente e independiente de los contenidos y procesos mentales. Por eso se llama técnicamente ‘conciencia pura’, sólo hay conciencia y nada más. Dado que está más allá de toda actividad mental se le llama también conciencia trascendental. Este es el Yo siendo a la vez sujeto – objeto y proceso de conocer para sí mismo, puesto que es consciente de sí mismo por medio de sí mismo. Esta es la estructura de 3 en 1 de la conciencia pura. Careciendo de esta experiencia e ignorando incluso su posibilidad, Kant fue incapaz de comprender que el Yo trascendental pudiera conocerse a sí mismo directamente. Sólo lo concibió como una ‘conciencia de’, inseparable de los demás objetos y procesos de conocer. Esto es lo que luego se llamará en la Fenomenología la intencionalidad de la conciencia. Por ello tampoco pudo dar una explicación suficiente sobre el fundamento último del conocimiento humano.

Esta conciencia pura es ciertamente universal, necesaria, unificadora, originaria, más allá del espacio, el tiempo y la causalidad. Pero no se apropia de las experiencias como pensó Kant. De hecho la Ciencia Védica sostiene que este sentimiento de apropiación o ‘míiidad’ es un resultado de la identificación (asmitâ) del sujeto con el objeto de experiencia, consecuencia de la ignorancia fundamental (avidyâ) sobre la naturaleza de la conciencia pura. En estados superiores de conciencia esta ignorancia cesa y con ella la apropiación de las experiencias. En el quinto estado la conciencia pura se experimenta como naturalmente separada de todo el mundo fenoménico de la experiencia relativa:

“Las acciones son siempre realizadas

por las gunas de la Naturaleza.

Aquél cuya mente está engañada por el sentido del ‘yo’,

sostiene ‘yo soy el que actúo’.

Pero aquél que conoce la verdad sobre

las divisiones de las gunas y

sus acciones, ¡oh, tú, de poderosos brazos!,

sabiendo que son las gunas las que actúan sobre

las gunas, permanece desapegado”.

 (Bhagavad Gîtâ, III, 27-28)

Tampoco está el yo trascendental vacío de contenido como pensaba Kant. En estados superiores de conciencia, la conciencia pura se experimenta como el fundamento último y permanente de la vigilia, el soñar y el dormir profundo. La estructura interna de la conciencia pura se abre entonces a la experiencia directa. Finalmente en el séptimo estado, conciencia de unidad, todos los fenómenos mentales y el universo como un todo se experimentan como una manifestación o expresión de la conciencia pura, hechos de conciencia y contenidos dentro de ella. Entonces la conciencia pura se experimenta como la realidad última de todo el universo y la fuente de todo el conocimiento verdadero. Así, el contenido del monismo o idealismo absoluto se convierte en una experiencia personal directa en el nivel de la propia conciencia. Todos aquellos límites fenoménicos que Kant había trazado para la experiencia y a partir de los cuales concluyó la imposibilidad de la Metafísica como una ciencia sobre lo trascendente, quedan abolidos en estados superiores de conciencia. El ser, Dios, el alma o el cosmos como un todo son límites del conocimiento en el estado de vigilia, pero objetos de experiencia directa en estados superiores de conciencia:

 “Aquel cuyo yo está establecido en Yoga,

cuya visión es igual en todas partes,

ve el Yo en todos los seres,

y todos los seres en el Yo.”

(Bhagavad Gîtâ, VI, 29)

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“Este Yo es el gobernador de todos los seres y el rey de todos los seres.Al igual que todos los radios están fijos en el cubo de la rueda de un carruaje, así todos los seres, todos los dioses, todos los mundos, todos los órganos y todos estos yos (individuales) están fijos en este Yo.”

(Brihadâranyaka Upanishad, II, 5, 15)

LA CANCIÓN DE IMMANUEL KANT:

MARCO AURELIO: MEDITACIONES

“Recógete en ti mismo. El guía interior racional puede, por naturaleza, bastarse a sí mismo practicando la justicia y, según eso mismo, conservando la calma.” (Meditaciones, VII, 28)

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“Cava en tu interior. Dentro se halla la fuente del bien, y es una fuente capaz de brotar continuamente, si no dejas de excavar.” (Meditaciones, VII, 59)

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“El guía interior es lo que se despierta a sí mismo, se gira y se hace a sí mismo como quiere, y hace que todo acontecimiento le aparezca tal como él quiere.” (Meditaciones, VI.8)

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“Ten presente que el guía interior llega a ser inexpugnable, siempre que, concentrado en sí mismo, se conforme absteniéndose de hacer lo que no quiere, aunque se oponga sin razón. ¿Qué, pues, ocurrirá, cuando reflexiva y atentamente formule algún juicio? Por esta razón, la inteligencia libre de pasiones es una ciudadela. Porque el hombre no dispone de ningún reducto más fortificado en el que pueda refugiarse y ser en adelante imposible de expugnar. En consecuencia, el que no se ha dado cuenta de eso es un ignorante; pero quien se ha dado cuenta y no se refugia en ella es un desdichado.” (Meditaciones, VIII, 48)

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“La esfera del alma es semejante a sí misma, siempre que, ni se extienda en busca de algo exterior, ni se repliegue hacia dentro, ni se disemine, ni se condense, sino que brille con una luz gracias a la cual vea la verdad de todas las cosas y la suya interior.” (Meditaciones, XI, 12)

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“Corre al encuentro de tu guía interior, del guía del conjunto universal y del de éste. Del tuyo, para que hagas de él una justa inteligencia; del que corresponde al conjunto universal, para que rememores de quién formas parte; del de éste, para que sepas si existe ignorancia o reflexión en él, y, al mismo tiempo, consideres que es tu pariente.” (Meditaciones, IX, 22)

 La unidad de todas las cosas:

“Una sola alma ha sido distribuida entre los animales irracionales, un alma inteligente ha sido dividida entre los seres racionales, igualmente una es la tierra de todos los seres terrestres y con una sola luz vemos y uno es el aire que respiramos todos cuantos estamos dotados de vista y de vida.” (Meditaciones, IX.8)

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“Todas las cosas se hallan entrelazadas entre sí y su común vínculo es sagrado y casi ninguna es extraña a la otra, porque están coordinadas y contribuyen al orden del mismo mundo. Que uno es el mundo, compuesto de todas las cosas; uno el dios que se extiende a través de todas ellas, única la sustancia, única la ley, una también la verdad, porque también una es la perfección de los seres del mismo género y de los seres que participan de la misma razón.” (Meditaciones, VII, 9)

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“Existan átomos o naturaleza, admítase de entrada que soy parte del conjunto universal que gobierna la naturaleza; luego, que tengo cierto parentesco con las partes que son de mi mismo género. Porque,  teniendo esto presente, en tanto que soy parte, no me contrariaré con nada de lo que me es asignado por el conjunto universal. Porque éste nada tiene que no convenga a sí mismo, dado que todas las naturalezas tienen esto en común y, sin embargo, la naturaleza del mundo se ha arrogado el privilegio de no ser obligada por ninguna causa externa a generar nada que a sí misma perjudique. Precisamente, teniendo esto presente, a saber, que soy parte de un conjunto universal de tales características, acogeré gustoso todo suceso. Y en la medida en que tengo cierto parentesco con las partes de mi misma condición, nada contrario a la comunidad ejecutaré, sino que más bien mi objetivo tenderá hacia mis semejantes, y hacia lo que es provechoso a la comunidad encaminaré todos mis esfuerzos, absteniéndome de lo contrario. Y si así se cumplen estas premisas, forzosamente mi vida tendrá un curso feliz, del mismo modo que también tú concebirías próspera la vida de un ciudadano que transcurriese entre actividades útiles a los ciudadanos y que aceptase gustosamente el cometido que la ciudad le asignase.” (Meditaciones, X, 6)

La conducta del sabio:

“Siempre que te veas obligado por las circunstancias como a sentirte confuso, retorna a ti mismo rápidamente y no te desvíes fuera de tu ritmo más de lo necesario. Pues serás bastante más dueño de la armonía gracias a tu continuo retomar a la misma.” (Meditaciones, VI, 11)

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“La dicha del hombre consiste en hacer lo que es propio del hombre. Y es propio del hombre el trato benevolente con sus semejantes, el menosprecio de los movimientos de los sentidos, el discernir las ideas que inspiran crédito, la contemplación de la naturaleza del conjunto universal y de las cosas que se producen de acuerdo con ella.” (Meditaciones, VIII, 26)

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“¿Hago algo? Lo hago teniendo en cuenta el beneficiar a los hombres. ¿Me acontece algo? Lo acepto ofreciéndolo a los dioses y a la fuente de todo, de la que dimanan todos los sucesos.” (Meditaciones, VIII, 33)

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“Siempre que te molestas por algo, olvidas que todo se produce de acuerdo con la naturaleza del conjunto universal, y también que la falta es ajena, y, además, que todo lo que está sucediendo, así siempre sucedía y sucederá, y ahora por doquier sucede. Cuánto es el parentesco del hombre con todo el género humano; que no procede el parentesco de sangre o germen, sino de la comunidad de inteligencia. Y olvidaste asimismo que la inteligencia de cada uno es un dios y dimana de la divinidad. Que nada es patrimonio particular de nadie; antes bien, que hijos, cuerpo y también la misma alma han venido de Dios. Olvidaste también que todo es opinión; que cada uno vive únicamente el momento presente, y eso es lo que pierde.” (Meditaciones, XII, 26)

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““Convivir con los dioses.” Y convive con los dioses aquel que constantemente les demuestra que su alma está satisfecha con la parte que le ha sido asignada, y hace todo cuanto quiere el genio divino, que, en calidad de protector y guía, fracción de sí mismo, asignó Zeus a cada uno. Y esta divinidad es la inteligencia y razón de cada uno.” (Meditaciones, V, 27)

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“Ser igual que el promontorio contra el que sin interrupción se estrellan las olas. Éste se mantiene firme, y en torno a él se adormece la espuma del oleaje. «¡Desdichado de mí, porque me aconteció eso!» Pero no, al contrario: «Soy afortunado, porque, a causa de lo que me ha ocurrido, persisto hasta el fin sin aflicción, ni abrumado por el presente ni asustado por el futuro.» Porque algo semejante pudo acontecer a todo el mundo, pero no todo el mundo hubiera podido seguir hasta el fin, sin aflicción, después de eso. ¿Y por qué, entonces, va a ser eso un infortunio más que esto buena fortuna? ¿Acaso denominas, en suma, desgracia de un hombre a lo que no es desgracia de la naturaleza del hombre? ¿Y te parece aberración de la naturaleza humana lo que no va contra el designio de su propia naturaleza? ¿Por qué, pues? ¿Has aprendido tal designo? ¿Te impide este suceso ser justo, magnánimo, sensato, prudente, reflexivo, sincero, discreto, libre, etc., conjunto de virtudes con las cuales la naturaleza humana contiene lo que le es peculiar? Acuérdate, a partir de ahora, en todo suceso que te induzca a la aflicción, de utilizar este principio: No es eso un infortunio, sino una dicha soportarlo con dignidad.” (Meditaciones, IV, 49)

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“Para el ser racional el mismo acto es acorde con la naturaleza y con la razón” (Meditaciones, VII, 11)

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“Recibir sin orgullo, desprenderse sin apego” (Meditaciones, VIII, 33)

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“La mejor manera de defenderte es no asimilarte a ellos” (Meditaciones, VI, 6)

La ley del karma:

“El que peca, peca contra sí mismo; el que comete una injusticia, contra sí la comete, y a sí mismo se daña.” (Meditaciones, IX, 4)

La caída del Imperio Romano (A. Mann, 1964)

JUAN DE LA CRUZ: NOCHE OSCURA

Canciones de el alma que se goza de aver llegado al alto estado de la perfectión, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual. De el mesmo autor[i].

   En una noche obscura
con ansias en amores inflamada
   ¡o dichosa ventura!
   salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.  5
   Ascuras y segura
por la secreta escala disfraçada
   ¡o dichosa ventura!
   a escuras y encelada
estando ya mi casa sosegada.  10
   En la noche dichosa
en secreto que naide me veya
   ni yo mirava cosa
   sin otra luz y guía
sino la que en el coraçón ardía.  15
   Aquesta me guiava
más cierto que la luz de mediodía
   adonde me esperava
   quien yo bien me savía
en parte donde nadie parecía.  20
   ¡O noche que guiaste!
¡O noche amable más que la alborada!
   ¡O noche que juntaste
   Amado con amada,
Amada en el amado transformada! 25
   En mi pecho florido
que entero para él solo se guardaba,
   allí quedó dormido
   y yo le regalava
y el ventalle de cedros ayre daba.  30
   El ayre del almena
quando yo sus cavellos esparcía,
   con su mano serena
   en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.  35
   Quedéme y olbidéme
el rostro recliné sobre el Amado;
   cessó todo y dexéme
   dexando mi cuydado
entre las açucenas olbidado.  40

Cántico espiritual y Poesías, (Manuscrito de Jaén), 1584.


[i] El texto preserva la ortografía del original.

The Dark Night of the Soul
(El poema cantado por Loreena McKennitt)

KABIR: POEMAS

Allá,
no hay lluvia,
océano, sol, ni sombra.
Allá,
no hay creación ni destrucción,
ni vivos ni moribundos,
ni la huella de la tristeza o la alegría.
Allá,
no hay ni soledad ni meditación.
nada es medido, nada desperdiciado,
nada es ligero, nada pesado.

Allá, nadie es poderoso ni débil.
Allá, no hay ni noche ni día.
Allá, no hay agua, aire, ni fuego.
Allá, sólo el verdadero Gurú
lo permea todo.

********

¿Cómo podría yo jamás pronunciar
esas palabras misteriosas?
¿Cómo podría yo decir:
Él no es como esto y es como aquello?
Si digo que Él está en mí,
el universo se escandaliza de mis palabras.
Si digo que está fuera de mí, miento.
De los mundos internos y externos,
Él hace una unidad indivisible.
Lo consciente y lo inconsciente
son los taburetes de sus pies.
Ni se manifiesta ni se oculta; no es revelado ni irrevelado.
No hay palabras para decir lo que Él es.

********

Entre los polos de lo consciente y de lo inconsciente,
el espíritu oscila.
Es el columpio donde están suspendidos
todos los seres y todos los mundos,
cuya oscilación nunca cesa.
A él se aferran millones de seres;
en él se columpian la luna y el sol en su carrera.
Transcurren millones de edades,
y el columpio sigue con su movimiento.
Todo oscila: el cielo y la tierra, el aire y el agua,
y el Señor mismo ahí personificado.
Y la visión de todo ello
ha hecho de Kabir el servidor de su Dios.

********

Cada morada enciende sus lámparas.
Como eres ciego, no las ves.
Un día tus ojos se abrirán de pronto y verás,
y las cadenas de la muerte caerán por sí solas.
Nada qué decir, nada qué escuchar, nada qué hacer.
Aquel que vive, aunque muerto, no morirá jamás.
Porque vive en soledad dice el asceta
que su casa está muy lejos.
Tu Señor está junto a ti, y sin embargo
trepas a lo alto de la palmera para buscarlo.
El sacerdote brahmán va de casa en casa
para iniciar al pueblo en la fe.
Pero ¡ay!, la verdadera fuente de vida está a tu lado,
mientras te pones a adorar la piedra
que tú mismo levantaste.

Kabir dice:
No puedo decir cuán adorable es mi Señor.
El ascetismo, el rosario, las virtudes y los vicios,
nada de todo ello existe para Él.

Todas las cosas son creadas por Dios.
El Amor es Su cuerpo.
No tiene forma ni cualidad ni decadencia.
Trata de unirte a Él.
Ese Dios indeterminado
toma millares de formas a los ojos de las criaturas:
es puro e indestructible.
Su forma es infinita e insondable.
Danza extasiado,
y Su danza describe mil formas vaporosas.
El cuerpo y el espíritu desbordan felicidad
cuando los toca Su gozo infinito.
Está inmerso en toda conciencia,
en todo júbilo, en todo dolor.
No tiene principio ni fin.
Contiénese entero en su Beatitud.

********

La misericordia de mi verdadero Maestro
es la que me ha dado a conocer lo desconocido.
Por Él sé caminar sin pies, ver sin ojos, oír sin orejas,
beber sin labios, volar sin alas.
En el país donde no hay ni sol, ni luna, ni noche, ni día, he amado y he meditado.
Sin comer, he saboreado la dulzura del néctar;
sin agua, he aplacado mi sed.
El gozo compartido es la plenitud del gozo.
¿Ante quién podría expresarse jamás?
Kabir dice:
Mi Maestro es más grande que los mundos,
e inmensa la buena ventura de su discípulo.

********
Ante lo incondicionado danza lo condicionado.
“Tú y yo no somos más que uno”,
proclaman las trompetas.
El Maestro avanza y saluda a su discípulo:
tal es la mayor de las maravillas.

********
Gorakhmatte le pregunta a Kabir:
-Dime, ¡oh Kabir!, ¿cuándo comenzó tu vocación?
¿Dónde nació tu amor?
Kabir responde:
-Cuando Aquel, cuyas formas son múltiples,
aún no había empezado su representación;
cuando no había ni maestro ni discípulo;
cuando todavía no existía el mundo;
cuando el Uno supremo estaba solo,
entonces fue cuando me hice asceta;
entonces, ¡oh, Gorakh!
Brahma atrajo mi corazón hacia Él.
Cuando me instruí en la doctrina de los ascetas,
Brahma no estaba coronado, ni Vishnú ungido de rey,
ni había nacido aún la potencia de Shiva.
Fue en Benarés donde tuve una revelación repentina,
y Ramananda me iluminó.
Traía conmigo la sed del infinito,
he acudido a la cita de mi Dios.
Con toda simplicidad me uniré con la simple Unidad.
Y surgirá mi amor.
¡Marcha, oh, Gorakh, al ritmo de esa música!

********
Sobre ese árbol hay un ave;
danza en el gozo de la vida.
Nadie sabe dónde está.
¿Y quién podrá decir el estribillo de su canción?
Entre lo más espeso y sombrío del ramaje,
allí tiene su nido.
Viene de noche y echa a volar por la mañana.
Yo no la comprendo.
Nadie puede decirme qué ave es esa,
la que canta en mi alma.
Sus plumas no tienen color, ni dejan de tenerlo.
No tiene forma ni perfil. Se guarece a la sombra del amor.
Duerme en el seno de lo inaccesible,
de lo infinito y de lo eterno,
y nadie sabe cuándo echa a volar,
nadie sabe cuándo ha de volver.
Kabir dice:
Profundo es el misterio, ¡oh santo hermano!
Deja que los sabios descubran la morada del ave.

100 poemas de Kabir

AGUSTÍN DE HIPONA: TRASCIÉNDETE A TÍ MISMO

“No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad; y si hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo, mas no olvides que, al remontarte sobre las cimas de tu ser, te elevas sobre tu alma dotada de razón. Encamina, pues, tus pasos allí donde la luz de la razón se enciende. Pues, ¿adónde arriba todo buen pensador sino a la verdad? La cual no se descubre a sí misma durante el discurso, sino es más bien la meta de toda dialéctica racional. Mírala como la armonía superior posible y vive en conformidad con ella.”

De la verdadera religión, 39, 72

********

“Y fui subiendo gradualmente de los  cuerpos al alma, que siente por el cuerpo; y de aquí al sentido íntimo, al que comunican o anuncian los sentidos del cuerpo las cosas exteriores, y hasta el cual pueden llegar las bestias. De aquí pasé nuevamente a la potencia raciocinante, a la que pertenece juzgar de los datos de los sentidos corporales, la cual, a su vez, juzgándose a sí misma mudable, se remontó a la misma inteligencia, y apartó el pensamiento de la costumbre, y se sustrajo a la multitud de fantasmas contradictorios para ver de qué luz estaba inundada, cuando sin ninguna duda clamaba que lo inconmutable debía ser preferido a lo mudable; y de dónde conocía yo lo inconmutable, ya que si no lo conociera de algún  modo, de ninguno lo antepondría a lo mudable con tanta certeza. Y, finalmente, llegué a “lo que es” en un golpe de vista trepidante.

Entonces fue cuando “vi tus cosas invisibles por la inteligencia de las cosas creadas”; pero no pude fijar en ellas mi vista, antes, herida de nuevo mi flaqueza, volví a las cosas ordinarias, no llevando conmigo sino un recuerdo amoroso y como apetito de viandas sabrosas que aún no podía comer.”

Confesiones, VII, 17, 23

 ********

“Yergue su oído a aquella voz interna de Dios, escucha en lo íntimo una poesía racional. Allí arriba, sobre la mente, se percibe en el silencio un sonido no corporal, sino espiritual, y cuantos escuchan aquella melodía se llenan de tedio con el estrépito del mundo, y toda la vida presente les parece un tumulto que les impide oír los acordes de una música superior extremadamente deleitosa, incomparable e inefable.”

Enarrationes in Psalmos, 43, 7

 ********

“Atendiéndonos a una versión verbal, podemos llamar a las ideas formas o especies. Llamándolas razones nos apartamos de la interpretación adecuada, pues las razones en griego se llaman logoi, y no ideas. Con todo, no sería un desatino el uso de dicho vocablo. Porque son las ideas ciertas formas principales o razones permanentes e invariables de las cosas, las cuales no han sido formadas, y por esto son eternas y permanecen siempre en el mismo estado, contenidas en la divina inteligencia. Y siendo así que ellas ni nacen ni mueren, con todo se dice que está formado según ellas todo lo que puede nacer y morir, y todo lo que nace y muere.

Solo al alma racional le es dado el conocerlas con aquélla porción suya que sobresale, es decir la mente y la razón, que es como cierto semblante y ojo suyo, interior y espiritual.

Y no cualquier alma racional, sino la que fuere santa y pura, se asegura que es idónea para tener visión de ellas; es decir, la que tuviere el mismo ojo interior, con que estas cosas se ven, sano, limpio y sereno y semejante a la misma realidad que pretende intuir.

Nadie que se precie de hombre religioso, aun cuando sea todavía inepto para aquella visión, se atreverá a negar, o dejar de confesar que todas las cosas existentes, según su naturaleza y especie fueron creadas, siendo Dios su autor…/… Pues él no miraba ningún modelo exterior a sí para fabricar conforme a él cuanto fabricaba. Luego, si la razón de las cosas, antes o después de crearlas, está en la mente del Creador, donde todo es eterno e inmutable -y a estas razones causales de las cosas llamó Platón ideas-, se deduce que ellas son verdaderas y eternas, y permanecen inalterables en su ser, y con su participación se hace cuanto se crea, de cualquier modo que fuere.

Ahora bien, el alma racional aventaja a todas las cosas que fueron creadas por Dios, y está cerca de él; cuando es pura y cuanto más se adhiere a él por la caridad, tanto más participa de la luz inteligible y tanto mejor podrá ver, no con los ojos del cuerpo, sino con la porción principal, que es su título de mayor excelencia, aquellas razones cuya contemplación la hace sumamente feliz.”

 Sobre ochenta y tres diversas cuestiones, 43

San Agustín

FICHTE: LA VIDA BIENAVENTURADA (1)

“Repara en ti mismo: aparta tu mirada de todo lo que te rodea y llévala a tu interior. Tal es el primer requerimiento que la filosofía hace a quien se inicia en ella.”

Primera introducción a la doctrina de la ciencia, 1

********

“Las lecciones que aquí comienzo han sido anunciadas como la exhortación a una vida bienaventurada…./… a pesar de que según una compresión más adecuada en la expresión vida bienaventurada hay algo que sobra. A saber, la vida es necesariamente bienaventurada, ya que ella es la bienaventuranza…./…. Por consiguiente, expresándose estrictamente, las lecciones que me he propuesto impartir debería haberlas llamado la introducción a la vida, o la doctrina de la vida – o si no, tomado el concepto por el otro lado, la introducción a la bienaventuranza, o la doctrina de la bienaventuranza.

He dicho que la misma vida es bienaventuranza. De otro modo no puede ser: ya que la vida es el amor y toda la forma y fuerza de la vida consiste en el amor y surge del amor. Con lo dicho he expresado una de las proposiciones más profundas del conocimiento que en mi opinión sólo puede hacérsele clara y esclarecedora a una atención verdaderamente concentrada y esforzada. El amor escinde el ser que en sí está muerto en un ser dual, colocándolo ante sí mismo, y esto lo hace para un Yo o una mismidad que se contempla y sabe de sí. En tal yoidad reposa la raíz de toda vida. Además el amor unifica y enlaza íntimamente el Yo escindido, que sin amor sólo se contempla a sí fríamente y sin interés. Esta última unidad en una dualidad que ya no se abandona, sino que permanece eternamente, es ahora justamente la vida…./… Más aún, el amor es ahora contento consigo mismo, alegría de sí mismo, gozo de sí mismo, y por tanto bienaventuranza. Y así queda claro que vida, amor y bienaventuranza son absolutamente uno y lo mismo”.

…/… “El ser –ser, digo- y la vida son uno y lo mismo. Sólo la vida es capaz de existir independientemente por sí y a través de sí misma. Y además la vida, tan cierto como que es vida, lleva la existencia consigo. Corrientemente se piensa el ser como un ser estático, rígido y muerto”.

…/… “Esta opinión vulgar queda contradicha con la afirmación ya expresada: sólo el ser, sólo aquello que es a través de sí y por sí mismo, es. Más aún, decimos: este ser es simple, igual a sí mismo, invariable e inalterable, no hay en él ningún surgir no desaparecer, ninguna variación ni juego de configuraciones, sino siempre el mismo sereno ser y consistir.

Que esta afirmación es correcta, se puede mostrar rápidamente: lo que es por sí mismo, es justamente sin fisura, y es completo, consistiendo de una vez, y no se le puede añadir nada.

Y con ello nos hemos abierto e inaugurado el camino hacia la intelección de la diferencia característica de la vida verdadera, que es una con el ser, frente a la vida sólo aparente, que en la medida en que es mera apariencia es una con el no-ser. El ser es simple, invariable, y permanece eternamente igual a sí mismo. Por tanto, también la vida verdadera es simple, invariable y eternamente igual a sí. La apariencia es un cambio ininterumpido, un oscilar continuo entre el hacerse y el desaparecer. Por tanto, la vida meramente aparente es un cambio ininterrumpido que oscila para siempre entre el hacerse y desaparecer, despedazada por variaciones interminables. El centro de la vida es siempre el amor. La vida verdadera ama lo uno, invariable y eterno. La vida meramente aparente trata de amar –si al menos fuera capaz de ser amada y si quisiera mantener fijo su amor- lo pasajero en su caducidad”.

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PLATÓN: LA REMINISCENCIA (ANÁMNESIS)

– “Por consiguiente, antes de que comenzáramos a ver, oir o percibir de las demás maneras, necesariamente hemos adquirido el conocimiento de lo que es lo Igual-en-sí, si es que vamos a referir a él las cosas iguales que percibimos, en el pensamiento de que todas desean ser como aquello, pero le son inferiores.

– Es forzoso, Sócrates, de acuerdo con lo dicho antes.

– Ahora bien, inmediatamente después de nacer vemos, oímos y disponemos de los otros sentidos.

– Por cierto.

– Pero es necesario, decimos, que hayamos adquirido el conocimiento de lo Igual anteriormente a tales (percepciones).

– Sí.

– Parece entonces forzoso que lo hayamos adquirido antes de nacer.

– Así parece, efectivamente.

– Ahora bien, si lo hemos adquirido antes de nacer y nacemos contando con él, conocemos tanto antes de nacer como inmediatamente después de haber nacido, y no sólo lo Igual, lo Mayor y lo Menor, sino también todas las cosas de esta índole. En efecto, nuestro argumento no concierne más a lo Igual que a lo Bello-en-sí, a lo Bueno-en-sí, a lo Justo y a lo Santo, y como digo, a todas las cosas que marcamos con el sello de “lo que es”, tanto al preguntar -en las interrogaciones- como al contestar -en las respuestas-. De modo que es necesario para nosotros haber adquirido el conocimiento de todas estas cosas antes de nacer.

– Así es.

– Y si, habiéndolos adquirido, no los olvidamos en cada ocasión, es forzoso que nazcamos siempre sabiendo y que sigamos sabiendo siempre a lo largo de la vida. El saber, en efecto, es esto: tras haber adquirido un conocimiento, retenerlo y no perderlo. Lo que llamamos olvido, ¿no es acaso, Simmias, una pérdida de conocimiento?.

– Nada más cierto, Sócrates, fue la respuesta.

– En cambio, si tras haberlo adquirido -antes de nacer- lo perdemos cuando nacemos, pero después, al usar los sentidos con respecto a estas cosas recuperamos los conocimientos que antes poseíamos, lo que llamamos “aprender” ¿no sería recuperar un conocimiento que nos pertenece? ¿Y no será acaso correcto llamar a esto “acordarse”?.

– Ciertamente que sí.

– Es posible, pues -al menos así nos ha parecido-, que, al percibir algo, viéndolo, oyéndolo o capturándolo por medio de algún otro sentido, a raíz de eso pensemos en otra cosa que hemos olvidado y con la cual esto (que percibimos ahora) está vinculado, siendo semejante o bien desemejante a ella. Entonces, como digo, una de dos: o bien todos nacemos conociendo las cosas en cuestión, y continuamos sabiendo a lo largo de la vida, o bien posteriormente (al nacimiento) aquellos de los cuales se dice que “aprenden” no hacen más que recordar, y el “aprendizaje” sería “reminiscencia”.”

                                                                                                                                               Fedón, 75b – 76b.

EXPERIENCIAS ACTUALES DURANTE LA MEDITACIÓN:

“Durante la meditación hubo un momento en el que sentí que podía conocerlo todo, que todo el conocimiento estaba contenido en la totalidad de mi conciencia ilimitada, y que el conocimiento de cualquier cosa vendría a mí simplemente por pensar en ello”.

ORME-JOHNSON, D. & FARROW, J.(eds.): Scientific Research on the Transcendental

Meditation Program.Collected Papers. Vol I. MERU Press, pp. 687.

********

“Se ha producido una transformación muy hermosa dentro y fuera de la meditación durante el último mes. Durante la meditación las experiencias de ser todo el Universo comenzaron a ocurrir más y más a menudo. El punto culminante se alcanzó en una meditación en la que tuve la abrumadora realización de que era tan ilimitado e infinito que cualquier cosa que deseara podía obtenerla fácilmente. Me sentía cada vez más y más expandido y el sentimiento de bienaventuranza seguía creciendo y volviéndose más poderoso dentro de mí. Entonces tuve (de un modo más concreto que nunca antes) la realización de que yo era todo y conocía todo lo que hay que conocer. Sentí que todos los cabos sueltos de mi vida se unían dentro de mí.”

(Creating an Ideal Society, pp. 79-80.)

CITAS VÉDICAS:

Nashto mohah smritir labdhâ

“¡Mi ilusión se ha desvanecido!. He recuperado la memoria”

Bhagavad Gîtâ, XVIII.73

(Esta es la declaración final de Arjuna tras recibir la enseñanza de su maestro, Krishna, y alcanzar la iluminación, el despertar del Yo)

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HAGELIN: EL CAMPO UNIFICADO Y LA CONCIENCIA

EL DESCUBRIMIENTO DEL CAMPO UNIFICADO

“Durante las dos últimas décadas, el progreso en la física teórica y experimental ha llevado a una comprensión progresivamente más unificada de las leyes de la naturaleza, lo que ha culminado en el descubrimiento reciente de las teorías del campo completamente unificado. Este descubrimiento comenzó en 1967 con la introducción por los profesores Weinberg y Salam de la teoría unificada de las fuerzas débil y electromagnética, que unía dos de las fuerzas fundamentales que gobiernan todos los fenómenos físicos en la naturaleza. El éxito  profundo de esta teoría “electrodébil” unificada confirmó que en los niveles más profundos de la dinámica de la naturaleza –en escalas espaciotemporales más fundamentales (es decir, más pequeñas) – las leyes de la naturaleza presentan una estructura más simple y más unificada en la cual leyes superficialmente diversas de la naturaleza se unifican.

 A principios de los años 1970 se mostró que este mismo principio unificador podía extenderse para incluir la fuerza nuclear fuerte, lo que condujo a las “teorías de la gran unificación” de las fuerzas fuerte, débil y electromagnética. En 1974 se introdujo el concepto de supersimetría – un profundo principio de simetría matemática capaz de unificar partículas de diferente “espín”, es decir, campos de fuerza y campos de materia – lo que proporcionó la base matemática para las teorías del campo completamente unificado. Durante estos últimos años, la aplicación de este principio ha llevado al desarrollo de teorías completamente unificadas de todas las fuerzas y partículas fundamentales de la naturaleza basadas en la cuerda heterótica.

 La cuerda heterótica o “supercuerda” describe todas las fuerzas y partículas fundamentales como los diferentes modos de vibración de un campo unificado único subyacente. De este modo, la supercuerda proporciona una comprensión completamente unificada de las fuerzas y partículas fundamentales de la naturaleza, además de la primera teoría mecánico-cuántica consistente del campo gravitacional.

 Ahora con el descubrimiento del campo unificado, la amplitud total de la ley natural está abierta al conocimiento y la exploración científica. Puesto que el progreso de la sociedad está basado en el conocimiento científico, puede esperarse que el descubrimiento del campo unificado – el nivel más fundamental y poderoso de la dinámica de la naturaleza – tenga las implicaciones de mayor alcance para la vida humana y la civilización. Además, puesto que el descubrimiento del campo unificado constituye el conocimiento científico del potencial total de la ley natural, en contraste con los niveles más superficiales, parciales y fragmentarios del conocimiento científico, puede esperarse que su aplicación produzca beneficios holísticos, creando equilibrio y neutralizando los efectos secundarios destructivos de los niveles anteriores del conocimiento científico. Sin embargo, para que esto se realice de modo práctico es claramente necesaria una tecnología del campo unificado. Afortunadamente, esta tecnología existe (1) y ha sido objeto de intensa investigación científica. Durante los últimos 20 años su efectividad ha sido verificada por cientos de estudios (2) publicados en las revistas científicas más destacadas en todo el mundo. La aplicación de esta tecnología en los campos de la salud, la educación, la rehabilitación, la economía y la paz mundial ha demostrado ya su capacidad para crear una calidad de vida y de civilización que está mucho más allá de lo que era posible en base a los niveles anteriores del conocimiento científico.

La unificación progresiva de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza (izda.), junto con la tecnología sistemática para acceder al campo unificado y aplicarlo en beneficio de la vida humana (dcha.)

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