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KANT: EL YO TRASCENDENTAL

“Esta condición originaria y trascendental no es otra que la apercepción trascendental. En virtud de nuestro estado, la conciencia del yo en la percepción interna es meramente empírica, siempre mudable, sin poder suministrar un yo fijo y permanente en medio de esa corriente de fenómenos internos. Dicha conciencia suele llamarse sentido interno o apercepción empírica. Lo que necesariamente tiene que ser representado como numéricamente idéntico no puede ser pensado como tal a través de los datos empíricos. Anteriormente a toda experiencia, ha de haber una condición que haga posible esa misma experiencia y que dé validez a tal suposición trascendental.

No pueden darse en nosotros conocimientos, como tampoco vinculación ni unidad entre los mismos, sin una unidad  de conciencia que preceda a todos los datos de las intuiciones. Sólo en relación con tal unidad son posibles las representaciones de objetos. Esa conciencia pura, originaria e inmutable, la llamaré la apercepción trascendental.

 Crítica de la razón pura, A-107.

“No podemos señalar como fundamento de tal doctrina [1] sino la representación ‘yo’, que es simple y, por sí misma, completamente vacía de contenido. No podemos decir que esta representación sea un concepto, sino la mera conciencia que acompaña cualquier concepto. Por medio de este yo, o él, o ello (la cosa), que piensa no se representa más que un sujeto trascendental de los pensamientos = x, que sólo es conocido a través de los pensamientos que constituyen sus predicados y del que nunca podemos tener el mínimo concepto por separado. Por eso nos movemos en un círculo perpetuo en torno a él, ya que, si queremos enjuiciarlo, nos vemos obligados a servirnos ya de su representación”.

Crítica de la razón pura, A-346.

“En efecto, aunque el yo se halla en todos los pensamientos, la representación del mismo no va unida a la menor intuición que lo distinga de otros objetos de la intuición. Podemos, pues, advertir que tal representación interviene en todo pensamiento, pero no que haya una intuición continua y permanente en la cual los pensamientos (en cuanto variables) cambien”.

…/… “De ese sujeto real no tenemos, ni podemos tener, el menor conocimiento, ya que es la conciencia la que convierte las representaciones en pensamientos y es, por tanto, en ella, como sujeto trascendental, donde han de encontrarse todas nuestras percepciones. Fuera de tal significado lógico del yo, no conocemos en sí mismo al sujeto que, como sustrato, le sirve de base a él y a todos los pensamientos”.

 Crítica de la razón pura, A-350.

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[1] “Una doctrina trascendental del alma …/… que estudia la naturaleza de nuestro ser pensante” (Crítica de la razón pura, B-404)

COMENTARIO:

En su obra más famosa ‘Crítica de la razón pura’ publicada en 1781, Kant intentó formular una teoría del conocimiento humano que pudiera superar las limitaciones del racionalismo y del empirismo, pero conservando sus logros indudables. Además debería fundamentar el conocimiento científico de su tiempo (Matemáticas y Física newtoniana) y responder a la pregunta crucial sobre si la Metafísica podría llegar a ser una verdadera ciencia.

El conocimiento se inicia cuando algo que Kant llama ‘la cosa en sí’ afecta a mis sentidos. Su reacción (colores, olores, sabores, sonidos, etc.) constituye el contenido o ‘materia’ de la experiencia sensorial. Esta es en sí misma múltiple y desordenada. Percibir es ordenar o ‘sintetizar’ estos datos sensoriales. Este orden o ‘forma’ es aportado por el sujeto e impuesto a la experiencia. Al percibir, los sentidos ordenan la experiencia sensorial según las tres dimensiones del espacio (ancho-alto-largo) y las tres dimensiones del tiempo (pasado-presente-futuro). Espacio y tiempo están pues en mí y son universales y necesarios, en lenguaje kantiano ‘a priori’. No son objetos particulares y contingentes que pueda o no percibir. Son trascendentales, previos a la experiencia y la fundamentan o hacen posible. Estas experiencias sensoriales ordenadas por el sujeto en el espacio y el tiempo son los fenómenos o la ‘cosa para mí’. Así pues, ‘la cosa en sí’ misma está más allá del alcance de la experiencia, es trascendente y por ello incognoscible. Sólo podemos conocer fenómenos o la ‘cosa para mí’, puesto que este es el límite de nuestra experiencia.

Pero sólo percibir no es todavía conocer. Para que haya conocimiento lo percibido debe ser pensado por medio de la segunda facultad en entrar en acción, el entendimiento. Al pensar, el entendimiento introduce un grado de unificación o ‘síntesis’ todavía mayor que el de los sentidos. Los datos sensoriales o fenómenos (ya previamente unificados en el espacio y el tiempo) son ahora unificados por el entendimiento mediante los conceptos. Pensar es pues unificar. Si sólo tuviéramos sentidos, pero no fuéramos capaces de pensar, no percibiríamos objetos como los vemos en este momento. Sólo veríamos unos datos sensoriales inconexos colocados a la dcha-izda., delante-detrás, arriba-abajo, antes o después de otros. Al pensar una serie de datos sensoriales y unificarlos por medio de un concepto empírico (por ej. árbol), estos son separados del resto de los fenómenos y constituidos como objeto de experiencia. El entendimiento constituye pues el objeto de conocimiento. Para que haya conocimiento algo (el objeto) debe ser conocido. Por eso conocer es pensar + percibir. Cualquiera de los dos por separado (conceptos / percepciones) no es aún conocimiento, sino sólo uno de sus ingredientes. El proceso de conocer es siempre un acto de síntesis o unificación según Kant. Para unificar el entendimiento debe aportar también algo por su parte. Ese algo son las 12 maneras (categorías) o modos de ordenar los fenómenos por medio de los conceptos empíricos. Estas 12 categorías son también universales y necesarias (a priori), previas a la experiencia y trascendentales. Son el fundamento del conocimiento en el nivel del entendimiento.

Pero para que haya conocimiento algo más fundamental aún es necesario. Sólo hay conocimiento si algo, el objeto, es conocido. Pero para que haya objeto, debe haber un sujeto de conocimiento. El objeto sólo lo es para un sujeto. Además, si el proceso de conocer es siempre un acto de síntesis o unificación, esto presupone una unidad previa más fundamental. Los sentidos sólo pueden unificar en el espacio y el tiempo, y el entendimiento sólo puede unificar por medio de los conceptos, si como condición previa todos los fenómenos están ya en una misma conciencia. Mis sentidos/entendimiento no pueden unificar los colores que yo veo con los colores que ve otro para formar así el objeto percibido que llamo ‘rosa roja’.

Esta necesidad de que todas las  experiencias fenoménicas estén ya antes unidas en una misma conciencia, llevó a Kant a admitir como necesario un yo (apercepción) trascendental diferente del yo empírico. ¿Qué características posee este yo trascendental (YT) y en qué se diferencia del yo meramente empírico (YE)?:

  • El yo trascendental es siempre el sujeto de conocimiento y no puede ser jamás objeto. Puesto que todo objeto sólo lo es en relación al sujeto, este es siempre previo al objeto. Kant sostuvo entonces que el YT no puede ser nunca objeto, no puede colocarse por decirlo así frente a sí mismo, porque para que haya objeto debe estar ‘detrás del escenario’ del conocimiento. Por ello el YT no puede conocerse a sí mismo según Kant: no puede ser objeto, ni tampoco desdoblarse en sujeto y objeto a la vez. Al igual que el ojo no puede verse a sí mismo directamente, porque sin ojo no hay visión. La palma de la mano no puede tocarse a sí misma, ni la planta del pie pisarse.
  • El YT es el conocedor de todo lo demás: el conjunto de los objetos de experiencia y procesos de conocimiento que constituyen el YE. El YE es lo conocido por el YT. Puesto que no puede darse como objeto de experiencia, no es cognoscible, dado que el conocimiento requiere la experiencia. Puede, es más debe ser pensado, pero no conocido. Así paradójicamente el conocedor de todo lo demás debía permanecer en la ignorancia eterna de sí mismo. Y todo el proceso de conocimiento yacía entre dos supuestos incognoscibles: la cosa en sí y el YT.
  • EL YT es el fundamento último de todo el conocimiento. Sin él ningún conocimiento sería posible, puesto que conocer es unificar y el YT unifica todas las experiencias en una misma conciencia. Sin el YT los sentidos no podrían unificar en el espacio y el tiempo, el entendimiento no podría pensar (dado que pensar es sintetizar), ni tampoco la razón (la tercera facultad) podría unificar los juicios al razonar. Por el contrario el YE es siempre fragmentario y múltiple, es el flujo de experiencias unificado por el YT y sin este carecería de unidad alguna.
  • El YT es siempre ‘conciencia de’. No existe según Kant por separado y aisladamente del YE, sólo existe siendo consciente de éste. Del mismo modo el YE sólo existe en la medida que el YT es consciente de él.
  • Al ser consciente de cualquier experiencia el YT se apropia de ella y la convierte en suya. Esto es la ‘apropiación trascendental’: un pensamiento se convierte así en ‘mi’ pensamiento, una percepción en mía, etc. Si no fuera así señala Kant, podría haber en mi mente pensamientos que no estuvieran referidos al YT y que no fueran míos, lo que sería absurdo. El YE es aquello de lo cual se apropia el YT.
  • El YT es a priori: universal y necesario. No es un yo particular o contingente como el YE. No es mi YT o tu YT, etc. No puede no existir, porque sin él no habría experiencia alguna, ni YE. El YE es individual, porque mis experiencias son sólo mías y también contingente, porque mis experiencias han sido estas, pero podrían haber sido otras.
  • El YT es puro y originario: no posee contenido y está vacío en sí mismo: Sólo se ‘llena’ de contenido cuando es consciente de los contenidos y procesos del YE. No se deriva (origina) de las experiencias, sino que es anterior a ellas.
  • El YT está fuera del espacio, el tiempo, el cambio y la causalidad. En sí mismo es fijo e inmutable. Todas las experiencias internas de un sujeto se dan en el tiempo, las sensoriales además se dan en el espacio. El YE es constantemente cambiante, es un flujo o río de experiencias siempre mudable. Cada nueva experiencia modifica el YE, puesto que ahora es el yo que ha tenido una experiencia que antes no había tenido.

Kant pretendía superar las limitaciones de Hume, para quien el yo era sólo un nombre cómodo para designar el río interior de nuestras experiencias. Para dar cuenta de su unidad interna Hume acudió a la memoria, el yo resultaba ser tan sólo una ficción producida al olvidar la discontinuidad natural de nuestros contenidos y actividades mentales. El yo se reducía a esta ilusión de continuidad mental ayudada por la memoria. Este yo de Hume era lo que Kant llamó luego el yo empírico. Así no había en realidad sujeto de conocimiento, ni fundamento último de la experiencia, ni tampoco explicación válida de la conciencia. Esta explicación era tan limitada, que hasta el propio Hume confesó estar insatisfecho con ella, pero ser incapaz de encontrar otra mejor.

Tras el planteamiento de Kant, el Yo trascendental se convirtió en el tema central de la filosofía alemana de la mano de Fichte y Hegel. Puesto que el concepto de cosa en sí era algo problemático en la filosofía de Kant, sus sucesores eligieron eliminarlo. La cosa en sí era incognoscible, no podía decirse de ella con sentido que existía ni que era la causa de nuestras percepciones dado que las categorías del entendimiento no le eran aplicables, sin embargo se postulaba como necesaria para explicar el origen del conocimiento. Al suprimirla en el idealismo alemán, la materia o contenido de la experiencia ya no era el resultado de su influencia sobre los sentidos. Ahora, tanto el contenido como la forma u orden del conocimiento debían provenir exclusivamente del sujeto. El Yo era pues el origen de todos los fenómenos, así como de las leyes de la naturaleza que daban cuenta del orden del mundo. Siendo universal, necesario e inmutable era entonces absoluto. Desaparecía también la función de la cosa en sí como límite del conocimiento, separando lo cognoscible (los fenómenos) de lo incognoscible (noúmenos). El Yo era el fundamento último de todas las experiencias subjetivas y de todos los fenómenos del universo. Esto abría el paso al idealismo absoluto. Este tema del yo trascendental volverá a aparecer con gran fuerza en la Fenomenología de Husserl.

 UNA VISIÓN DESDE LA CIENCIA VÉDICA:

Al revisar la teoría de Kant sobre la naturaleza del conocimiento humano y el papel del Yo trascendental no debemos olvidar un punto fundamental: todo su análisis está limitado a la experiencia en el estado de vigilia. Ciertamente en la vigilia y en el soñar la experiencia se limita a los fenómenos. Pero esto no es cierto ni siquiera en el dormir profundo, donde no hay experiencia fenoménica y el grado de conciencia es mínimo. Y mucho menos aún en el cuarto estado o conciencia pura, que es la llave que abre la puerta a los estados superiores de conciencia,

Kant llamó al yo trascendental: esa conciencia pura, originaria e inmutable”. Pero al estar limitado en su experiencia al estado de vigilia, no fue capaz siquiera de imaginar la posibilidad de que ese yo trascendental pudiera darse aisladamente de toda experiencia fenoménica. El proceso védico de trascender es precisamente el procedimiento natural para aislar el yo trascendental o conciencia pura de los contenidos y procesos mentales. Puesto que la conciencia pura es un estado permanente, subyace de modo continuo a la actividad mental de la vigilia, el soñar y a la inercia del dormir profundo. Podría decirse que la actividad mental en estos tres estados relativos es como una cortina que oculta la naturaleza permanente de la conciencia pura. Para des-cubrirla es necesario apartar primero ese velo de la actividad mental. Este proceso de reducir sistemáticamente la actividad mental, mientras se preserva y expande la alerta o conciencia es denominado técnicamente ‘trascender’ (ir más allá) o dhyâna en los textos védicos (Patañjali: Yoga Sûtras, III.2):

“Yoga (la conciencia unificada) es trascender la actividad de la mente.”

“Entonces el observador permanece establecido en su propia naturaleza.”

(Patañjali: Yoga Sûtras, I, 2-3)

Cuando toda la actividad mental ha cesado espontáneamente, la conciencia se experimenta a sí misma como inmutable, diferente e independiente de los contenidos y procesos mentales. Por eso se llama técnicamente ‘conciencia pura’, sólo hay conciencia y nada más. Dado que está más allá de toda actividad mental se le llama también conciencia trascendental. Este es el Yo siendo a la vez sujeto – objeto y proceso de conocer para sí mismo, puesto que es consciente de sí mismo por medio de sí mismo. Esta es la estructura de 3 en 1 de la conciencia pura. Careciendo de esta experiencia e ignorando incluso su posibilidad, Kant fue incapaz de comprender que el Yo trascendental pudiera conocerse a sí mismo directamente. Sólo lo concibió como una ‘conciencia de’, inseparable de los demás objetos y procesos de conocer. Esto es lo que luego se llamará en la Fenomenología la intencionalidad de la conciencia. Por ello tampoco pudo dar una explicación suficiente sobre el fundamento último del conocimiento humano.

Esta conciencia pura es ciertamente universal, necesaria, unificadora, originaria, más allá del espacio, el tiempo y la causalidad. Pero no se apropia de las experiencias como pensó Kant. De hecho la Ciencia Védica sostiene que este sentimiento de apropiación o ‘míiidad’ es un resultado de la identificación (asmitâ) del sujeto con el objeto de experiencia, consecuencia de la ignorancia fundamental (avidyâ) sobre la naturaleza de la conciencia pura. En estados superiores de conciencia esta ignorancia cesa y con ella la apropiación de las experiencias. En el quinto estado la conciencia pura se experimenta como naturalmente separada de todo el mundo fenoménico de la experiencia relativa:

“Las acciones son siempre realizadas

por las gunas de la Naturaleza.

Aquél cuya mente está engañada por el sentido del ‘yo’,

sostiene ‘yo soy el que actúo’.

Pero aquél que conoce la verdad sobre

las divisiones de las gunas y

sus acciones, ¡oh, tú, de poderosos brazos!,

sabiendo que son las gunas las que actúan sobre

las gunas, permanece desapegado”.

 (Bhagavad Gîtâ, III, 27-28)

Tampoco está el yo trascendental vacío de contenido como pensaba Kant. En estados superiores de conciencia, la conciencia pura se experimenta como el fundamento último y permanente de la vigilia, el soñar y el dormir profundo. La estructura interna de la conciencia pura se abre entonces a la experiencia directa. Finalmente en el séptimo estado, conciencia de unidad, todos los fenómenos mentales y el universo como un todo se experimentan como una manifestación o expresión de la conciencia pura, hechos de conciencia y contenidos dentro de ella. Entonces la conciencia pura se experimenta como la realidad última de todo el universo y la fuente de todo el conocimiento verdadero. Así, el contenido del monismo o idealismo absoluto se convierte en una experiencia personal directa en el nivel de la propia conciencia. Todos aquellos límites fenoménicos que Kant había trazado para la experiencia y a partir de los cuales concluyó la imposibilidad de la Metafísica como una ciencia sobre lo trascendente, quedan abolidos en estados superiores de conciencia. El ser, Dios, el alma o el cosmos como un todo son límites del conocimiento en el estado de vigilia, pero objetos de experiencia directa en estados superiores de conciencia:

 “Aquel cuyo yo está establecido en Yoga,

cuya visión es igual en todas partes,

ve el Yo en todos los seres,

y todos los seres en el Yo.”

(Bhagavad Gîtâ, VI, 29)

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“Este Yo es el gobernador de todos los seres y el rey de todos los seres.Al igual que todos los radios están fijos en el cubo de la rueda de un carruaje, así todos los seres, todos los dioses, todos los mundos, todos los órganos y todos estos yos (individuales) están fijos en este Yo.”

(Brihadâranyaka Upanishad, II, 5, 15)

LA CANCIÓN DE IMMANUEL KANT:

HEGEL: LOS ESTADOS O ‘FIGURAS’ DE LA CONCIENCIA

Quizás en toda la historia de la filosofía occidental el intento más ambicioso de formular una teoría de los estados de conciencia haya sido el realizado por Hegel en una obra escrita en 1807, la ‘Fenomenología del Espíritu’ y cuyo subtítulo es precisamente ‘Ciencia de la experiencia de la conciencia’. Etimológicamente el término ‘Fenomenología’ proviene del griego ‘phainomenon’ que significa lo que resplandece, lo que se manifiesta o se hace visible. La Fenomenología es, pues, el estudio de los diferentes estados de conciencia a través de los cuales se manifiesta y se auto-conoce el Espíritu. Hegel la define como un viaje de descubrimiento, la odisea del Espíritu universal. En su Fenomenología trata de establecer cuáles son los diferentes tipos o formas a través de los cuales la conciencia finita evoluciona, desde su estado de mínimo desarrollo hasta su estado más alto, en el cual se eleva al conocimiento del Absoluto.

Cada sistema filosófico o modelo cultural expresa una perspectiva de la realidad que es el fruto de un nivel determinado de conciencia. Cada perspectiva es en sí misma parcial, unilateral e insostenible si se considera a sí misma como la única realidad. Debe dejar paso, por su propio desarrollo, a otra hasta que se alcance una visión última y más abarcante que englobe todas las anteriores. Los niveles inferiores de conciencia quedan subsumidos en los superiores. Ningún nivel inferior es absolutamente negado, sino reconocido como una etapa en la manifestación del Absoluto gracias a la cual éste se conoce a sí mismo. El nivel de conciencia más elevado es el único propiamente filosófico, porque sólo en él se da el conocimiento del Absoluto, que es el tema fundamental de la filosofía.

Su propósito al hacer esta panorámica y recorrer todos estos tipos, uno tras otro, es que al escuchar o leer sus descripciones, nos identificáramos con ellas, de modo que fuéramos reviviendo en nosotros ese estado de conciencia que está describiendo. Como si la mera descripción y el análisis intelectual fueran suficientes para evocar o despertar ese estado latente. Hegel va mostrando como cada estado de conciencia inferior contiene inevitablemente ciertas contradicciones inherentes a su naturaleza, que llevan a la necesidad de su superación y que, por tanto, debe dar paso a un estado superior. Esperaba que al revivir esta secuencia de estados de conciencia, nosotros fuéramos evolucionando hasta alcanzar finalmente el estado más elevado. Cada estado inferior es parcial e incompleto, sólo en el último estado la conciencia se eleva al conocimiento completo del Espíritu Absoluto.

Los tres estados de conciencia principales:

Hagamos un breve examen de los tipos o ‘figuras’ fundamentales de la conciencia que Hegel reconoce. El primer estado que denomina ‘conciencia’, se corresponde básicamente con lo que en la Ciencia Védica se llama el estado de ignorancia. Es decir, el estado de vigilia en el cual la conciencia está solamente vuelta hacia fuera, volcada hacia el exterior y, por  tanto, lo único que percibe son los objetos, la multiplicidad del mundo fenoménico. La conciencia se ignora a sí misma y lo que experimenta es el objeto. Lo único que existe entonces es el mundo y la conciencia se identifica con él como lo real. Para explicar este mundo de objetos, señala Hegel, la conciencia comienza a formar conceptos abstractos, conceptos cada vez más universales y, finalmente, leyes. Se da cuenta de que estos conceptos y estas leyes no son observables y no provienen de los objetos, sino que son puestos por ella misma. De este modo comienza gradualmente a tomar cierta conciencia de sí misma, a re-conocerse y darse cuenta de que hay algo más que el objeto.

Así, la conciencia evoluciona hasta un segundo estadio denominado ‘auto-conciencia’, en el que existe una dualidad entre el sujeto que experimenta y los objetos que son experimentados, de modo que existe una relación de auto-afirmación de la conciencia frente al objeto. Hegel analiza esta relación en términos de dominio, el intento de la conciencia de dominar el objeto, que ilustra por medio de la relación amo-esclavo. En su análisis relaciona las características de este estado con diferentes tipos de filosofías históricas, por ejemplo el estoicismo o el escepticismo. El estoicismo, dice, afirma la libertad y auto-suficiencia interior del hombre y niega el poder sobre él del mundo externo. Pero no lleva esta actitud hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta afirmar que el mundo externo sea irreal. El escepticismo niega la validez de toda percepción externa, duda que algo externo pueda perturbar el yo sereno e inmutable.

El estado más maduro de esta auto-conciencia es llamado por Hegel ‘conciencia infeliz’ o ‘conciencia auto-alienada’. Un estado que curiosamente, a pesar de su nombre, tiene bastantes puntos en común con lo que en la Ciencia Védica se denomina ‘conciencia cósmica’, el quinto estado. En este estado, dice Hegel, la conciencia experimenta a través de los sentidos un mundo de objetos. La conciencia se experimenta hacia fuera como mudable, empírica,  accidental,  individual y externa. A la vez tiene conciencia en su interior de que su propio yo es inmutable y simple. Esta situación contradictoria es descrita por Hegel como una especie de desgarramiento, la conciencia se siente incómoda con esta dualidad. Experimenta el mundo fenoménico y cambiante de los objetos como algo que le es extraño y ajeno, de lo cual tiende a liberarse. Pero perderlo sería también perder una parte de sí misma. Hay en este estado dualidad y, a la vez, una cierta unidad. Por tanto, no puede permanecer indefinidamente en este estado, sino que aspira a una reunificación de sí misma. Debe evolucionar hacia un estado en el cual desaparezca esta experiencia de separación y la conciencia experimente que todo surge a partir de sí misma, que lo mudable surge de lo inmutable.

Este tercer estado es llamado por Hegel ‘razón’ y se corresponde muy de cerca en algunas de sus descripciones con lo que la Ciencia Védica llama ‘conciencia de unidad’. Hegel dice que en un momento dado desaparece la cortina de la apariencia que separa el mundo interior inmutable del mundo exterior mutable. El sujeto experimenta que es en realidad el Espíritu Absoluto y que todo el universo es la expresión de su propia conciencia. Es consciente plenamente de su identidad última y de la unidad total entre él y el Espíritu Absoluto.

“La razón es la certeza de la conciencia de ser toda la realidad, de este modo expresa el idealismo el concepto de la razón”. (Fenomenología del Espíritu, C, V.)  

En este estado supremo, toda la realidad está dentro de mi propia conciencia ilimitada o razón. Realidad y razón, el universo y mi conciencia son una misma cosa. Este es el sentido de su famosa (y tan poco comprendida habitualmente) afirmación:

“Lo que es racional es real; y lo que es real es racional”[i]

(Filosofía del Derecho, Prefacio).

Toda la multiplicidad y las diferencias que constituyen el mundo fenoménico se generan en el interior de la conciencia al conocerse eternamente a sí misma. La conciencia es entonces auto-referente, al percibir cualquier objeto se experimenta a sí misma y al conocerse a sí misma experimenta toda la realidad dentro de sí. Crea, por tanto, dentro de sí la relación entre el sujeto y el objeto, que constituye el conocimiento verdadero y a la vez estructura la realidad. Este conocimiento es el saber absoluto y este proceso de estructuración es lo que Hegel llamó ‘Dialéctica’.

Sólo desde este estadio final comienza realmente la filosofía. La filosofía es la expresión conceptual de este saber absoluto, la manifestación cultural más elevada de la humanidad, por encima del arte y de la religión. Este saber absoluto o filosofía no es sino el conocimiento más profundo del Espíritu Absoluto sobre sí mismo y a través de sí mismo. Todos los estados inferiores son meramente una preparación para la filosofía. Hegel dijo que durante muchos siglos la filosofía había sido tan sólo una búsqueda de la sabiduría y, señala, ya es hora de que deje de ser una búsqueda para ser por fin una sabiduría. Hay que recordar también que en esta época, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, se estaban comenzando a publicar en Europa las primeras traducciones y estudios de algunos textos de la literatura védica como la Bhagavad-Gîtâ o las Upanishads [ii]. Siendo Hegel un lector voraz había leído algunas de estas obras, en general traducciones bastante deficientes, y la imagen que a partir de ellas se formó acerca de la tradición védica y su conocimiento, por diversas razones, estaba profundamente distorsionada.

Una valoración:

En conjunto, cuando se compara el propósito de Hegel al escribir esta obra, la audacia de su concepción, con sus logros reales, se tiene un sentimiento de gran distancia, de gran disparidad. Pretendió mucho, pero logró muy poco. Sus exposiciones y análisis son tremenda y desesperadamente oscuros la inmensa mayoría de las veces. Poca gente es capaz de comprender lo que dice Hegel y es incluso dudoso si él se comprendía realmente a sí mismo. Careciendo de la experiencia directa de estos estados es mucho más difícil, de hecho prácticamente imposible, comprender su verdadera naturaleza y su relevancia. La proverbial oscuridad de los escritos de Hegel se debe, por una parte, a la falta de claridad de sus propias experiencias, probablemente esporádicas y nubladas aún por la presencia de estrés y tensiones en su sistema nervioso. Pero también a su concepción de que la filosofía para constituirse y ser aceptada como ciencia debía adoptar un lenguaje extremadamente técnico y abstracto, una jerga incomprensible para los mortales comunes. A menudo, las cosas que se pueden decir brevemente, Hegel les da vueltas durante páginas y páginas, como si le pagaran los libros al peso.

Además, al igual que Fichte, Hegel no tenía conciencia de que fuera necesario un método para experimentar sistemática y repetidamente estos estados superiores de conciencia. Aparentemente él no lo tenía, sus descripciones parecen ser de experiencias espontáneas. Esta carencia de un método sistemático para explorar estos estados limita muy gravemente la amplitud, claridad, precisión y contrastación de su teoría. A menudo la ordenación que hace entre los estados es muy arbitraria y la correlación que establece con manifestaciones culturales, con tipos o doctrinas filosóficas, es muy superficial. Desde luego, no tenía ninguna idea clara de que estos estados superiores de conciencia estuvieran ligados a una transformación profunda del funcionamiento del sistema nervioso y relacionados con una serie de parámetros neuro-fisiológicos.

A pesar de la poderosa influencia que ejerció en algunos filósofos y movimientos filosóficos, su intento de formular una ciencia de la conciencia resultó baldío. No se conectó con el rumbo general de la ciencia en el siglo XIX, todavía dominada poderosamente por el paradigma materialista y mecanicista surgido de la física newtoniana, ni ejerció ninguna influencia sobre la psicología naciente. Incluso en filosofía se produjo una reacción en su contra, representada por corrientes como el positivismo de Comte, el vitalismo de Nietzsche y el marxismo. Sus ideas llegaron a ser vistas rápidamente como una muestra típica de los excesos y desvaríos de la razón humana cuando se la deja volar libremente, sin control de la experiencia.

Notas:

[i] Un principio que de hecho atribuye a Platón y en el cual sintetiza su filosofía y su grandeza espiritual.

[ii] Una traducción de la Bhagavad-Gîtâ al inglés había aparecido en 1785 y al alemán en 1802. En 1801 se publica por primera vez una traducción al latín de 50 Upanishads, hecha a partir de una traducción al persa. El propio Hegel escribió en 1827 un ensayo sobre la Bhagavad-Gîtâ como recensión a una disertación de W. Von Humboldt sobre este texto védico.

ARISTÓTELES: LA INTELIGENCIA INMORTAL Y EL CONOCIMIENTO

LA EXPERIENCIA SENSORIAL Y LOS CONCEPTOS:

La teoría aristotélica del conocimiento es totalmente empirista (empiría: experiencia). Todos nuestros conceptos se originan a partir de la experiencia sensorial. Al nacer, la mente está totalmente vacía y carece de cualquier conocimiento. Sin experiencia sensorial seríamos incapaces de formar idea alguna. Al basarse sólo en el funcionamiento de la mente en el estado de vigilia, Aristóteles abandona la explicación platónica del conocimiento. Niega que la inteligencia por sí sola sea capaz de conocer.

Para comprender ambas teorías del conocimiento debemos tener en cuenta que pretenden explicar experiencias diferentes, estados de conciencia diferentes. Ejemplifican el principio védico de que el conocimiento es diferente en estados de conciencia diferentes. La explicación platónica se basa en la experiencia de un estado de conciencia o inteligencia pura, el estado de sabiduría. En este estado la inteligencia trasciende la experiencia sensorial (doxa) y el proceso de pensar (dianoia). Al realizar su unidad con la inteligencia universal, experimenta dentro de sí ‘el plano del cosmos’, las estructuras del conocimiento puro, las Formas. En este estado de conciencia, la inteligencia es completamente auto-referente, se conoce a sí misma, por medio de sí misma y sin salir de sí misma. Así, la inteligencia pura es la fuente del conocimiento verdadero. Puesto que el conocimiento está estructurado en la naturaleza de la inteligencia pura es innato, universal, inmutable y eterno. Conocer no es adquirir algo nuevo, es sólo recordar: reminiscencia.

Aristóteles pretende dar una explicación de la naturaleza y del proceso de conocimiento en el estado de vigilia. En este estado, la conciencia o inteligencia se exterioriza y parece dirigirse hacia fuera, experimenta los objetos a través de los sentidos como diferentes y externos a ella misma. De este modo, la inteligencia no es auto-referente, sino que está referida a los objetos. Toda la experiencia parece originarse a partir del contacto de la inteligencia con algo externo a ella misma. Al afirmar que todos los conceptos proceden de la experiencia sensorial, Aristóteles está de nuevo interpretando literalmente este tipo de experiencia.

Para una teoría empirista del conocimiento como la suya, el problema principal es explicar cómo se pueden formar conceptos universales a partir de la experiencia sensorial de objetos particulares. Esto es lo que luego se llamará en la historia de la filosofía el problema de los universales. Su respuesta a este problema es la teoría de la abstracción de los conceptos. En todo objeto fenoménico hay según Aristóteles dos aspectos: lo particular (materia) y lo universal (forma). La materia es aquello que hace al objeto diferente de otros, la forma es el principio de inteligencia que ordena la materia y es común a todos los objetos del mismo tipo. El concepto sólo puede contener como contenido lo universal. Para formarlo hay que separar lo particular y aislar (abstraer) lo universal.

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CURSO: PLATÓN Y LA SABIDURÍA VÉDICA

LA CIENCIA VÉDICA

Hace miles de años los sabios (rishis) de la antigua India descubrieron un estado permanente de conciencia, más allá de los estados relativos y cambiantes de la vigilia, el soñar y el dormir profundo. Este cuarto estado (turîya) se caracteriza por una alerta total, pero sin actividad mental. La conciencia no experimenta ningún objeto externo, sino que se experimenta sólo a sí misma por medio de sí misma. Dado que sólo hay conciencia se le llamó por ello ‘conciencia pura’. La conciencia es entonces completamente auto-referente: es sujeto, objeto y proceso de conocimiento a la vez. Descubre así que es diferente de los contenidos y procesos mentales y que su verdadera naturaleza es trascendental, inmutable, inmanifiesta, simple, perfectamente ordenada, auto-suficiente y plena.  Esta conciencia pura es el verdadero Yo (âtman), un estado de total despertar interior. Es la experiencia de un nivel de silencio, ilimitación y felicidad absolutos:

Se llama cuarto (estado de conciencia) a aquél que no es consciente del mundo interno, ni consciente del mundo externo, ni consciente de ambos mundos, …/…, ni tampoco inconsciencia; que es invisible, inaccesible (por medios empíricos), inalcanzable (para los órganos de acción), indemostrable, impensable, inefable, cuya prueba válida es el propio Yo; en quien cesan todos los fenómenos; y que es inmutable, bienaventurado y no dual. Este es el Yo (âtman). Esto es lo que hay que conocer”.

Mândûkya Upanishad, 7

Al ser consciente de sí misma, la conciencia pura es la fuente de la inteligencia creativa que estructura todo el pensamiento y la acción humana. Pero los sabios védicos descubrieron también que es la experiencia directa del nivel más fundamental de la naturaleza, un campo unificado de inteligencia y creatividad que es la fuente del orden y el dinamismo que estructura todo el universo. Este campo unificado y universal de la conciencia pura contiene dentro de sí el plano del cosmos. Esto es el Veda, el conocimiento puro. Puesto que la conciencia pura es el Campo Unificado de la Ley Natural, sus impulsos de inteligencia son las leyes fundamentales de la naturaleza oídas como sonidos y vistas por ella misma. Esta secuencia de impulsos de sonido y significado es el lenguaje del Veda. Toda la literatura védica es la expresión en el pensamiento y la palabra de esta experiencia. Así se desarrolló una tradición milenaria que dio lugar a un cuerpo de conocimiento basado en la experiencia de estados superiores de conciencia: la Ciencia Védica, que abarca más de 40 disciplinas. Desde las Upanishads, el Yoga y el Vedanta, hasta la lingüística, las matemáticas, la medicina natural o la arquitectura.

Hoy la Física teórica intenta comprender matemáticamente este nivel fundamental de la naturaleza, el Campo Unificado de la Ley Natural, la fuente de todas las fuerzas, la energía y la materia desplegada en el universo. Pero debido a su enfoque puramente objetivo, basado en la separación entre el conocedor y el objeto de conocimiento, carece de las tecnologías para experimentarlo directamente.  Esta es la contribución de la Ciencia Védica por medio de las tecnologías para experimentar la conciencia pura. Este es el punto de encuentro entre las tres grandes tradiciones de conocimiento: la filosofía, la ciencia de la materia y la ciencia védica de la conciencia.

Las tecnologías védicas de la conciencia (Meditación Trascendental y MT-Sidhis) se encuentran entre las más profusamente investigadas en la historia de la ciencia. Más de 500 estudios científicos han confirmado que son  efectivas para el desarrollo global del individuo y de la sociedad.

PLATÓN

Platón ocupa en la historia de la filosofía una posición privilegiada. Su influencia ha sido enorme, incomparablemente mayor que la de cualquier otro filósofo. En primer lugar, por situarse en un momento muy temprano de la filosofía occidental, pero sobre todo por la gran amplitud de los temas de su filosofía y la profundidad con la cual los trató. Su filosofía abarca todos los campos significativos: la metafísica, la teoría del conocimiento, la ética, la antropología, el lenguaje, la estética, la política, la cosmología, la medicina, etc. En todos estos campos planteó las preguntas fundamentales y elaboró con gran creatividad una respuesta paradigmática.

Además, todos estos campos están tratados de una forma unificada. Toda su filosofía está basada en la existencia de una realidad última y trascendental, un campo de inteligencia pura que es la fuente del orden y de la estructura presente en todo el universo. Por tanto, cualquier aspecto de la realidad, del hombre, del conocimiento, de la acción, de la sociedad, del cosmos, etc., debe ser explicado desde y en función de la estructura de esta realidad última.

Platón sostuvo que la filosofía comienza con el descubrimiento de la propia ignorancia y culmina con el recuerdo (reminiscencia) de la sabiduría dentro de uno mismo. La sabiduría no es un conocimiento externo al alma, sino que está estructurada en el nivel más profundo de nuestra propia inteligencia (nous), nuestro verdadero ser. La sabiduría (sophía) es un “estado del alma”, un estado de conciencia completamente diferente del estado de ignorancia (doxa). Todo el proceso de la filosofía ocurre, pues, dentro del alma humana. Es en realidad una transformación en el estado de conciencia del conocedor, desde el estado de ignorancia hasta la estabilización definitiva del estado de sabiduría:

“Pero cuando (el alma) busca sóla y por sí misma, entonces llega el campo de lo puro, lo eterno, lo inmortal y lo inmutable, y siendo de naturaleza semejante a ello, permanece sóla por sí misma e independiente, se queda por siempre a su lado y deja de vagar, permanece entonces en el campo de lo absoluto, lo constante y lo inmutable, en contacto con aquello que es de naturaleza similar. Y este estado del alma es lo que se llama sabiduría”.

Fedón, 79d

Las características de este estado de sabiduría, la experiencia de la realidad última, coinciden perfectamente con las características de la conciencia pura, el estado más simple y básico de la conciencia que subyace a la vigilia, el soñar y el dormir profundo. Además, la descripción platónica del verdadero filósofo, el individuo que experimenta este estado de sabiduría, coincide plenamente con las características que  muestran los individuos autorrealizados y con los resultados de la investigación científica sobre los correlatos neurofisiológicos y psicológicos que resultan del desarrollo de estados superiores de conciencia.

El verdadero filósofo no es el individuo que posee unos conocimientos eruditos o que maneja una información abundante, sino aquél que ha tenido esta experiencia de la realidad última, el estado de sabiduría, en la que la inteligencia se identifica con la realidad última y trascendental, el Ser o Bien Supremo. De este modo Platón señaló que el propósito de la educación y, en particular, el de la filosofía es alcanzar esta experiencia trascendental y desarrollar una comprensión intelectual clara y amplia de su naturaleza y de sus implicaciones. Esta experiencia no puede ser dada y, en este sentido, la sabiduría no puede ser impartida. La meta de la filosofía no puede ser realmente enseñada. Todo individuo es esa inteligencia pura (nous), que ya posee de modo natural la capacidad de contemplar la realidad última. Lo único que se puede enseñar, pues, es cómo dirigir la inteligencia hacia esta realidad fundamental hasta ser capaz de contemplarla directamente:

Pero nuestro argumento actual indica, dije yo, que la analogía adecuada para este poder inherente en el alma y el instrumento por el cual aprehende es la de un ojo que no puede volverse desde la oscuridad hacia la luz sino girando todo el cuerpo. De este modo, este órgano de conocimiento debe apartarse totalmente del mundo del devenir junto con toda el alma, hasta que el alma sea capaz de sostener la contemplación de la esencia y la región más brillante del ser. Y esto es lo que llamamos el Bien ¿no es así?

– Sí.

– Por tanto, dije, puede haber un arte sobre cuál sea la forma más rápida y más efectiva de girar completamente el alma, no un arte de infundirle visión, puesto que ya posee la visión, pero no la dirige correctamente y no mira donde debería, un arte para producir esto”.

República: 518 c

Platón sintió que siendo éste el propósito de la filosofía y de la vida humana era necesario un método para cultivar la capacidad natural de la inteligencia humana para experimentar la realidad última: el método dialéctico. A pesar de pedir la técnica (techne) “más rápida y más efectiva de girar completamente el alma”, Platón insiste a menudo en que el método de la dialéctica es particularmente difícil, requiere largo tiempo de práctica y sólo unos pocos individuos dotados de condiciones especiales podrán llegar a tener éxito y alcanzar la meta. Todo ello condicionó su visión elitista de la filosofía y la posibilidad de una sociedad ideal basada en la sabiduría: “es imposible que el vulgo sea filósofo”. Tal y como explica el proceso parece más bien la descripción de un suceso espontáneo, que una técnica efectiva para cultivar la capacidad natural del sistema nervioso y de la mente humana para acceder a la experiencia de la conciencia pura. Como resultado de esta falta de un método adecuado, esta experiencia se convirtió en algo cada vez más raro y minoritario. Incluso aquellos que la tenían espontáneamente no sabían cómo cultivarla para que fuera permanente, ni enseñar a otros cómo acceder a ella. La falta de un método llevó finalmente incluso al olvido de la meta, el estado de sabiduría.

La razón fundamental de esta ausencia de experiencia fue la ineficacia del método dialéctico o quizás, simplemente, su inexistencia. En ausencia de esta experiencia del estado de sabiduría, la conciencia pura, la filosofía platónica, aunque intensamente estudiada, fue sin embargo mal comprendida. Grandes partes de sus obras resultaron ser ininteligibles o sencillamente carentes de sentido. Los diferentes intérpretes tendieron naturalmente a adaptar la filosofía platónica a su propia experiencia basada exclusivamente en el estado de vigilia. Esto ocurrió ya en sus seguidores inmediatos en la Academia que, careciendo de esta experiencia, abandonaron en puntos clave la orientación filosófica de Platón. Ocurrió incluso en su discípulo más notable, Aristóteles, quién formuló una filosofía que, aunque influida profundamente por la de Platón, estaba orientada fundamentalmente a explicar la experiencia sensorial del mundo en el estado de vigilia.

Cuando en el curso de los siglos surgía algún individuo que espontáneamente tenía alguna experiencia de la conciencia pura, se sentía atraído por la filosofía platónica, en la que encontraba un medio para dar voz intelectual a su propia experiencia. Así la filosofía platónica encontró un desarrollo creativo, profundo y notable de la mano de Plotino, quien se confiesa “discípulo del divino Platón”. Incluso sin esta experiencia, la profundidad de las ideas de Platón resultó ser un motivo de atracción para muchas personas a lo largo de los últimos 24 siglos. Pero fue insuficiente para crear una tradición de investigación y un cuerpo sistemático de conocimiento basado en el desarrollo de estados superiores de conciencia. Esta es la diferencia fundamental entre la escuela platónica y la tradición védica. Sin embargo, la influencia de Platón se ha extendido sobre toda la filosofía occidental, pero también sobre la teología y la mística cristiana, la filosofía judía y la islámica.

Por tanto, el propósito fundamental de un curso sobre la filosofía platónica, debería ser experimentar ese nivel fundamental de la realidad y comprenderlo intelectualmente. Para ello la experiencia de la conciencia pura es la clave y el fundamento de todo lo demás.

TEMAS DEL CURSO

Esta experiencia compartida de la conciencia pura explica también por qué Platón es entre todos los filósofos de la tradición occidental el que muestra más claras conexiones y semejanzas con el conocimiento védico. Este curso selecciona una serie de temas específicos para mostrar los paralelos históricos y de conocimiento entre la filosofía platónica y la tradición védica. La Ciencia Védica puede iluminar problemas y temas que han permanecido oscuros o mal comprendidos en Platón. Pero sobre todo, ofrece las tecnologías para experimentar directamente el estado de sabiduría, la conciencia pura, la fuente de toda la filosofía platónica. El curso ilustra también un tema fundamental del conocimiento védico: la universalidad de la experiencia de la conciencia pura y del conocimiento basado en estados superiores de conciencia.

 -Tema 1: Las Formas y la estructura del Veda.

– Tema 2: La Dialéctica y la cognición védica.

– Tema 3: El sánscrito y el lenguaje de las Formas.

– Tema 4: La estructura del alma en Platón y en la Ciencia Védica.

– Tema 5: La ignorancia, el karma y la reencarnación.

– Tema 6: La conciencia colectiva y el modelo de una sociedad ideal.

– Tema 7: Los ciclos cósmicos, la astrología y el declive de la sociedad ideal.

– Tema 8: La Atlántida y los principios de la arquitectura védica.

– Tema 9: El Timeo y la cosmología védica.

– Tema 10: El Ayur Veda en Platón.

ESTRUCTURA DEL CURSO

Este curso ha sido desarrollado por Pedro Jiménez, profesor de Filosofía y de la Ciencia Védica. Abarca 20 lecciones que se imparten gracias a una metodología audiovisual que hace del aprendizaje un proceso más fácil y efectivo. El propósito es disfrutar aprendiendo. Se ofrece a lo largo de cinco fines de semana, en sesiones de mañana y tarde de tres horas de duración. Puede ofrecerse también en otros formatos dentro de la estructura de un curso académico.

Los participantes reciben una serie de materiales escritos que incluyen: sumarios de los temas, gráficos ilustrativos, textos de apoyo, citas de experiencias de estados superiores de conciencia y una bibliografía básica.

El curso no tiene requisitos previos: no es necesario saber filosofía, ni tener conocimientos de la Ciencia Védica. Es muy deseable estar familiarizado con la experiencia de la conciencia pura, gracias a la práctica de las tecnologías védicas de la conciencia, pero no es una condición previa imprescindible para tomar el curso. Aquellos que lo deseen pueden también aprenderlas de forma paralela al curso.

Cualquier persona interesada en la filosofía, en el conocimiento de la conciencia o en la tradición védica debería tomarlo. Es particularmente importante para aquellas personas vinculadas al mundo académico: profesores, filósofos, o que posean una orientación intelectual o espiritual.

PLATÓN: LA REMINISCENCIA (ANÁMNESIS)

– “Por consiguiente, antes de que comenzáramos a ver, oir o percibir de las demás maneras, necesariamente hemos adquirido el conocimiento de lo que es lo Igual-en-sí, si es que vamos a referir a él las cosas iguales que percibimos, en el pensamiento de que todas desean ser como aquello, pero le son inferiores.

– Es forzoso, Sócrates, de acuerdo con lo dicho antes.

– Ahora bien, inmediatamente después de nacer vemos, oímos y disponemos de los otros sentidos.

– Por cierto.

– Pero es necesario, decimos, que hayamos adquirido el conocimiento de lo Igual anteriormente a tales (percepciones).

– Sí.

– Parece entonces forzoso que lo hayamos adquirido antes de nacer.

– Así parece, efectivamente.

– Ahora bien, si lo hemos adquirido antes de nacer y nacemos contando con él, conocemos tanto antes de nacer como inmediatamente después de haber nacido, y no sólo lo Igual, lo Mayor y lo Menor, sino también todas las cosas de esta índole. En efecto, nuestro argumento no concierne más a lo Igual que a lo Bello-en-sí, a lo Bueno-en-sí, a lo Justo y a lo Santo, y como digo, a todas las cosas que marcamos con el sello de “lo que es”, tanto al preguntar -en las interrogaciones- como al contestar -en las respuestas-. De modo que es necesario para nosotros haber adquirido el conocimiento de todas estas cosas antes de nacer.

– Así es.

– Y si, habiéndolos adquirido, no los olvidamos en cada ocasión, es forzoso que nazcamos siempre sabiendo y que sigamos sabiendo siempre a lo largo de la vida. El saber, en efecto, es esto: tras haber adquirido un conocimiento, retenerlo y no perderlo. Lo que llamamos olvido, ¿no es acaso, Simmias, una pérdida de conocimiento?.

– Nada más cierto, Sócrates, fue la respuesta.

– En cambio, si tras haberlo adquirido -antes de nacer- lo perdemos cuando nacemos, pero después, al usar los sentidos con respecto a estas cosas recuperamos los conocimientos que antes poseíamos, lo que llamamos “aprender” ¿no sería recuperar un conocimiento que nos pertenece? ¿Y no será acaso correcto llamar a esto “acordarse”?.

– Ciertamente que sí.

– Es posible, pues -al menos así nos ha parecido-, que, al percibir algo, viéndolo, oyéndolo o capturándolo por medio de algún otro sentido, a raíz de eso pensemos en otra cosa que hemos olvidado y con la cual esto (que percibimos ahora) está vinculado, siendo semejante o bien desemejante a ella. Entonces, como digo, una de dos: o bien todos nacemos conociendo las cosas en cuestión, y continuamos sabiendo a lo largo de la vida, o bien posteriormente (al nacimiento) aquellos de los cuales se dice que “aprenden” no hacen más que recordar, y el “aprendizaje” sería “reminiscencia”.”

                                                                                                                                               Fedón, 75b – 76b.

EXPERIENCIAS ACTUALES DURANTE LA MEDITACIÓN:

“Durante la meditación hubo un momento en el que sentí que podía conocerlo todo, que todo el conocimiento estaba contenido en la totalidad de mi conciencia ilimitada, y que el conocimiento de cualquier cosa vendría a mí simplemente por pensar en ello”.

ORME-JOHNSON, D. & FARROW, J.(eds.): Scientific Research on the Transcendental

Meditation Program.Collected Papers. Vol I. MERU Press, pp. 687.

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“Se ha producido una transformación muy hermosa dentro y fuera de la meditación durante el último mes. Durante la meditación las experiencias de ser todo el Universo comenzaron a ocurrir más y más a menudo. El punto culminante se alcanzó en una meditación en la que tuve la abrumadora realización de que era tan ilimitado e infinito que cualquier cosa que deseara podía obtenerla fácilmente. Me sentía cada vez más y más expandido y el sentimiento de bienaventuranza seguía creciendo y volviéndose más poderoso dentro de mí. Entonces tuve (de un modo más concreto que nunca antes) la realización de que yo era todo y conocía todo lo que hay que conocer. Sentí que todos los cabos sueltos de mi vida se unían dentro de mí.”

(Creating an Ideal Society, pp. 79-80.)

CITAS VÉDICAS:

Nashto mohah smritir labdhâ

“¡Mi ilusión se ha desvanecido!. He recuperado la memoria”

Bhagavad Gîtâ, XVIII.73

(Esta es la declaración final de Arjuna tras recibir la enseñanza de su maestro, Krishna, y alcanzar la iluminación, el despertar del Yo)

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MAHARISHI: LA COGNICIÓN VÉDICA

(También en SHVETĀSHVATARA UPANISHAD IV.8)

EXPERIENCIA  ACTUAL DE UN MEDITADOR:

 “He tenido una experiencia de percibir la totalidad expresándose como una ola y asentándose de nuevo en la totalidad…./… Lo primero que ocurrió en la meditación era simplemente una ilimitación plana y entonces comenzó a tener cierta viveza dentro de sí, cierta vibración. Como si una luz blanca y pura que no se podía realmente ver comenzara. Tenía un cierto color dorado, era tan sólo una pequeña vibración.

Entonces la vibración pareció hacerse mayor y, aunque no oía ningún sonido, la vibración se hizo sonido. Yo no la estaba oyendo, la estaba percibiendo. Y parecía como si esta vibración creara una capa tras otra, hasta que se formó una pequeña ola. Parecía como si se formara una pequeña ola y después se asentaba en esa ilimitación plana. Pero aunque la ola era muy rápida, podía percibir cada una de sus partes. Tuve el sentimiento de que en aquél pequeño brote, en aquella pequeña ola, estaba contenido todo. Era como si lo conociera todo al verla, aunque todavía no era completamente manifiesta. Era como tener la semilla de un árbol en la mano.

Al entrar en la meditación una pregunta continuaba, por alguna razón, apareciendo con gran fuerza en mi mente: ¿qué es más sutil, la luz o el sonido?. Me resultaba muy obvio que la luz era más sutil que el sonido y que todas las formas estaban hechas de luz. Parecía como si la forma estuviera hecha de luz que reflejaba los diferentes ritmos del sonido, que era también luz pura en su naturaleza, y que todo ello era conciencia pura.”

(Extraído de Maharishi: El conocimiento está estructurado en la conciencia)

COMENTARIO DE MAHARISHI:

“Este es el momento, cuando esta experiencia está fresca en nuestra mente, de echar un vistazo a cómo tiene lugar la cognición de las leyes de la naturaleza. Los rishis vieron, los veedores de los himnos del Veda vieron los himnos directamente. La cognición de la estructura de los himnos es semejante a esta experiencia. La conciencia es experimentada tomando la forma de una ola y la ola haciéndose sonido. La ola es vista y el sonido es oído. Así es como tiene lugar la cognición de los richas, de la estructura de los himnos y de la forma acompañada del sonido correspondiente. La forma se eleva y se asienta. A surge y termina, G surge y termina, NI surge y termina. Cada palabra se expresa y se completa, entonces hay un vacío. Así cada forma surge en la cognición a partir de su valor vibrante de sonido. Y esto da expresión a la métrica del sonido en la secuencia correcta. La forma en el sonido y el sonido en la forma. La forma es vista y el sonido es oído. Esto es la cognición. Esta es la estructura en el nivel de la propia conciencia. La conciencia reverbera simultáneamente en el valor del sonido y la forma. Al surgir la forma, surge el sonido y cuando la forma se completa, el sonido se completa. En esta secuencia el surgir y desaparecer de la forma y el sonido dio una melodía sonora y una estructura al richa.

…/…Los rishis vieron y lo que vieron fueron los impulsos de su propio Ser, las reverberaciones de su propia conciencia, el hogar de todos los impulsos de la creación, el hogar de todas las leyes de la naturaleza, la semilla de la creación reverberando en su propia conciencia. En esa totalidad universal dentro de la conciencia individual encontraron que el richa védico está estructurado. Por esta razón se llama ‘cognición’, darshana. Los rishis, veedores, son drishta, conocedores. Conocieron las expresiones del conocimiento en el nivel de su propia conciencia. El conocedor se encontró a sí mismo en la expresión del conocimiento y, entonces, el conocimiento fue íntimamente conocido, plenamente apreciado. Este es el conocimiento completo, que lleva dentro de sí toda la historia de la creación y la evolución, todo acerca de todo. Esta es la totalidad de un richa, todo el conocimiento contenido en la cognición de un veedor.”

(El conocimiento está estructurado en la conciencia. Interlaken, 17.2.1974)]

NARAYANA  SUKTA  (YAJUR VEDA)

CHOMSKY: DECÁLOGO DE LA MANIPULACIÓN MEDIÁTICA

“El mundo se divide en tres categorías de personas: Un muy pequeño número que produce los  acontecimientos, un grupo un poco más grande que asegura su ejecución y mira como acontecen, y por fin una amplia mayoría que no sabe nunca lo que ha ocurrido en realidad”.

(Nicholas Murray Butler: Presidente de la Pilgrim Society, miembro de la Carnegie, miembro del CFR (Council on Foreign Relations))

Noam Chomsky es, sin duda, uno de los más grandes lingüistas del siglo XX. Pero, además, como filósofo político es uno de los críticos más agudos del actual sistema financiero-económico-militar-político. Los grandes medios de comunicación de masas son parte fundamental de este sistema, que para continuar existiendo necesita de la ignorancia y del miedo en la mayoría de la población. La función principal de estos medios es conformar la conciencia colectiva en interés de los grupos dominantes. En palabras de Chomsky: ‘fabricar el consenso’:

“En un estado totalitario no importa lo que la gente piensa, puesto que el gobierno puede controlarla por la fuerza empleando porras. Pero cuando no se puede controlar a la gente por la fuerza, uno tiene que controlar lo que la gente piensa, y el medio típico para hacerlo es mediante la propaganda (manufactura del consenso, creación de ilusiones necesarias), marginalizando al público en general o reduciéndolo a alguna forma de apatía”

Para ello, la realidad inconveniente debe ser ocultada y sustituída por la apariencia conveniente, la mentira debe hacerse pasar por verdad. Los grandes medios son en esencia fabricantes y transmisores de ‘mâyâ’. Todo ello ha llevado a Chomsky a formular las “10 estrategias de la manipulación” a través de los medios de comunicación de masas. Conocerlas puede ayudarnos a no ser ciegos instrumentos o destinatarios pacientes de ellas, a pasar de ser medios o meros objetos a ser realmente sujetos. Puede contribuir al despertar colectivo de la conciencia necesario para crear un mundo realmente humano, una civilización basada en el desarrollo de la conciencia.

1.- La estrategia de la distracción.
2. -Crear problemas y después ofrecer soluciones.
3. -La estrategia de la gradualidad.
4. -La estrategia de diferir.
5.- Dirigirse al público como criaturas de poca edad.
6. -Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.
7. -Mantener al pueblo en la ignorancia y la mediocridad.
8. -Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.
9. -Reforzar la auto-culpabilidad.
10.-Conocer a los individuos mejor de lo que ellos se conocen a sí mismos.

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UPANISHADS: DE LA IGNORANCIA A LA ILUMINACIÓN

“Guíame desde el no-ser (asat) hasta el Ser (sat)

Guíame desde la oscuridad a la Luz

Guíame desde la muerte a la Inmortalidad”

Comentario:

Esta famosa invocación de las Upanishads resume el anhelo del discípulo y su petición al maestro. Todo el propósito de la enseñanza védica y de la propia vida humana está condensado aquí.

El campo relativo de la existencia es un mundo en constante cambio, todo en él es transitorio, pasajero, fugaz. Algo que cambia, comenzó e existir en algún momento y en algún momento dejará de existir. Puesto que no existía antes de nacer y tampoco lo hará después de morir, no ha existido siempre. No puede ser considerado, por tanto, el verdadero ser, la realidad plena. Es sólo algo que aparece y desaparece, una apariencia de ser. Por ello, es declarado aquí el ‘no ser’. El término vedántico es yā, literalmente ‘lo que no es’. Mientras la conciencia sólo está abierta a este mundo fenoménico a través de los estados relativos de la vigilia, el soñar y el dormir profundo, la vida individual carece de estabilidad y está a merced de las olas del cambio. El resultado inevitable es el sufrimiento. Para ganar estabilidad la conciencia debe trascender el mundo del cambio y experimentar su naturaleza última, la realidad inmutable de su verdadero ser. Esta es la experiencia de la conciencia pura, el Yo real o ātman, que es a la vez la experiencia de la realidad última de todo lo que existe:

Tarati shokam ātmavit

“Establecido en el Yo, uno trasciende el dolor y el sufrimiento”

(Chāndogya Upanishad, VII.1.3)

Durante los estados relativos de la vigilia, el soñar y el dormir profundo la conciencia experimenta sólo un aspecto parcial del objeto de conocimiento. Esta ola o vritti de experiencia fenoménica predomina y oculta el proceso de conocer y el sujeto de conocimiento. De los tres constituyentes del conocimiento sólo se sabe algo del aspecto más pobre, el objeto o chhandas en la terminología védica. Por ello, en la tradición védica son declarados estados de ignorancia u oscuridad, en los que predomina tamas. Para salir de la ignorancia es necesario trascender toda experiencia relativa y experimentar la conciencia pura. Entonces la conciencia se experimenta a sí misma por medio de sí misma. Es sujeto, proceso de conocer y objeto para sí misma. Ningún aspecto de la conciencia está oculto a ella misma. No hay ya ignorancia, la conciencia está plenamente despierta. Esta experiencia es descrita tradicionalmente como un estado de iluminación, la conciencia ‘llena de luz’ (jyotishmatî).

En el mundo relativo todo está sujeto al nacimiento y a la muerte. La muerte es la condición necesaria del cambio. Al experimentar sólo el mundo fenoménico, el sujeto se identifica con él y cree ser los objetos de experiencia. Esto lleva aparejado inevitablemente el temor a la cesación de las experiencias, el miedo a la muerte (abhinivesha: Yoga Sûtras, II.3 y 9). La conciencia pura es un estado inmutable, eterno, más allá del nacimiento y la muerte. Es el estado de inmortalidad.

JUAN DE LA CRUZ: TRASCENDER

Coplas de el mismo, hechas sobre un éstasis de harta contemplación

Entréme donde no supe
y quedéme no sabiendo,
toda sciencia trascendiendo.

1

Yo no supe dónde entraba
porque cuando allí me vi
sin saver dónde me estaba
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí
que me quedé no sabiendo,
toda  sciencia trascendiendo.

2

De paz y de piedad
era la sciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida vía recta,
era cosa tan secreta
que me quedé balbuciendo,
toda sciencia trascendiendo.

3

Estava tan embebido
tan absorto y ajenado
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo,
toda sciencia trascendiendo.

4

Quanto más alto se suve
tanto menos se entendía
que es la tenebrosa nuve
que a la noche esclarecía,
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda sciencia trascendiendo.

5

El que allí llega de vero
de sí mismo desfallesce
quanto sabía primero
mucho baxo le paresce,
y su sciencia tanto cresce
que se queda no sabiendo,
y su sciencia trascendiendo.

6

Este saber no sabiendo
es de tan alto poder
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer,
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda sciencia trascendiendo.

7

Y es de tan alta excelencia
aqueste summo saber
que no ay facultad ni ciencia
que le puedan emprender
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
yrá siempre trascendiendo.

8

Y si lo queréis oýr
consiste esta summa sciencia
en un subido sentir,
de la dibinal esencia
es obra de su clemencia
hazer quedar no entendiendo,
toda sciencia trascendiendo.

Cántico espiritual y Poesías, 1584.

(El texto preserva la ortografía original)

Comentario:

Este bellísimo poema es probablemente la descripción más simple y clara de la experiencia de trascender que se haya hecho en lengua española. Describe en términos sencillos y hermosos el proceso por el cual la mente se desliza desde la experiencia del estado de vigilia a la conciencia pura. Todavía más, Juan de la Cruz reconoce en esta experiencia la fuente de inspiración de toda su poesía.

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JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: EL NOMBRE EXACTO DE LAS COSAS

“¡Inteligencia, dame

el nombre exacto de las cosas!

… Que mi palabra sea

la cosa misma,

creada por mi alma nuevamente.

Que por mí vayan todos

los que no las conocen, a las cosas;

que por mí vayan todos

los que las olvidan, a las cosas;

que por mí vayan todos

los mismos que las aman, a las cosas…

¡Inteligencia, dame

el nombre exacto, y tuyo,

y suyo, y mío, de las cosas!.”

(Eternidades, 1918)

Comentario:

Este bello poema de Juan Ramón presenta un antiguo problema de la filosofía: la relación entre el lenguaje y la realidad. Frente al lenguaje cotidiano (mal llamado ‘natural’),  el poeta exige un (el) lenguaje que se corresponda exactamente con las cosas, ‘dame el nombre exacto de las cosas’, un lenguaje que no sea arbitrario y convencional, sino que guarde una relación natural con la realidad. Más aún, que la ‘palabra sea la cosa misma’. Este será el lenguaje digno de ser llamado verdaderamente ‘natural’, el lenguaje poético por excelencia.

Este lenguaje ha de surgir del nivel más profundo de la conciencia: ‘que mi palabra sea …. creada por mi alma nuevamente’. Será un lenguaje de la inteligencia y universal: ‘¡Inteligencia, dame el nombre exacto, y tuyo, y suyo, y mío, de las cosas!.’, por tanto no afectado por las diferencias individuales, el espacio o el tiempo. El lenguaje convencional arbitrario no nos permite conocer directamente la realidad, es sólo un sistema sustitutivo que apunta hacia ella (en el mejor de los casos). Por el contrario, este lenguaje verdaderamente natural permitirá a todos conocer la realidad, subsanar el olvido (ignorancia) y restaurar nuestra conexión con la realidad: ‘Que por mí vayan todos los que no las conocen, a las cosas; que por mí vayan todos los que las olvidan, a las cosas; que por mí vayan todos los mismos que las aman, a las cosas’

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