Archivo de la categoría: CIENCIA Y FILOSOFÍA

PLATÓN: EL TIEMPO ES LA IMAGEN MÓVIL DE LA ETERNIDAD

“Cuando su padre y progenitor vio que el universo se movía y vivía como imagen generada de los dioses eternos, se alegró y, feliz, tomó la decisión de hacerlo todavía más semejante al modelo. Entonces, como éste es un ser viviente eterno, intentó que este mundo lo fuera también en lo posible. Pero dado que la naturaleza del mundo ideal es eterna y esta cualidad no se le puede otorgar completamente a lo generado, procuró realizar una cierta imagen móvil de la eternidad y, al ordenar el cielo, hizo de la eternidad que permanece siempre en un punto una imagen eterna que marchaba según el número, eso que llamamos tiempo. Antes de que se originara el mundo, no existían los días, las noches, los meses ni los años. Por ello, planeó su generación al mismo tiempo que la composición de aquél. Éstas son todas partes del tiempo y el «era» y el «será» son formas devenidas del tiempo que de manera incorrecta aplicamos irreflexivamente al ser eterno. Pues decimos que era, es y será, pero según el razonamiento verdadero sólo le corresponde el «es», y el «era» y el «será» conviene que sean predicados de la generación que procede en el tiempo –pues ambos representan movimientos, pero lo que es siempre idéntico e inmutable no ha de envejecer ni volverse más joven en el tiempo, ni corresponde que haya sido generado, ni esté generado ahora, ni lo sea en el futuro, ni en absoluto nada de cuanto la generación adhiere a los que se mueven en lo sensible, sino que estas especies surgen cuando el tiempo imita la eternidad y gira según el número – y, además, también lo siguiente: lo que ha devenido es devenido, lo que deviene está deviniendo, lo que devendrá es lo que devendrá y el no ser es no ser; nada de esto está expresado con propiedad. Pero ahora, quizá, no es el momento oportuno para buscar exactitud.”

Timeo, 37c-38b

Los planetas, los ciclos cósmicos y el Año Perfecto:

“El tiempo (chrônos), por tanto, nació con el universo (kósmos), para que, generados simultáneamente, también desaparezcan a la vez, si en alguna ocasión tiene lugar una eventual disolución suya, y fue hecho según el modelo de la naturaleza eterna para que este mundo tuviera la mayor similitud posible con el mundo ideal pues el modelo posee el ser por toda la eternidad, mientras que éste es y será todo el tiempo completamente generado. La decisión divina de crear el tiempo hizo que surgieran el sol, la luna y los otros cinco cuerpos celestes que llevan el nombre de planetas para que dividieran y guardaran las magnitudes temporales. Después de hacer el cuerpo de cada uno de ellos, el dios los colocó en los circuitos que recorría la revolución de lo otro (Eclíptica), siete cuerpos en siete circuitos, la luna en la primera órbita alrededor de la tierra, el sol, en la segunda sobre la tierra y el lucero (Venus) y el que se dice que está consagrado a Hermes (Mercurio), en órbitas que giran a la misma velocidad que la del Sol pero con una fuerza contraria a él, razón por la que regularmente se superan unos a otros el sol, el planeta de Hermes y el lucero. Si alguien quisiera detallar dónde colocó los restantes planetas (Marte, Júpiter y Saturno) y todas las causas por las que así lo hizo, la argumentación, aunque secundaria, presentaría una dificultad mayor que la que merece su objeto. No obstante, quizá más tarde, con tranquilidad, podamos explicarlo de manera adecuada. Una vez que cada uno de los que eran necesarios para ayudar a crear el tiempo estuvo en la revolución que le correspondía y, tras sujetar sus cuerpos con vínculos animados, fueron engendrados como seres vivientes y aprendieron lo que se les ordenó, comenzaron a girar según la revolución de lo otro, que en un curso oblicuo cruza la de lo mismo (Ecuador Celeste) y es dominada por ella”.

“Unos recorren un círculo mayor y otros, uno menor; los del menor tienen revoluciones más rápidas, los del mayor más lentas. Como giran alrededor de la revolución de lo mismo, los más rápidos parecen ser superados por los más lentos, aunque en realidad los superan. Aquélla, como todos los círculos avanzan en dos direcciones opuestas al mismo tiempo, los retuerce en espiral y hace aparecer al que se aleja más lentamente de ella como si la siguiera más de cerca a ella que es la más rápida. Para que hubiera una medida clara de la lentitud y rapidez relativa en que se mueven las ocho revoluciones, el dios encendió una luz en el segundo circuito contando desde la tierra, la que actualmente llamamos sol, con la finalidad de que todo el cielo se iluminara completamente y los seres vivientes correspondientes participaran del número, en la medida en que lo aprendían de la revolución de lo mismo y semejante. Así y por estas razones, nacieron la noche y el día, el ciclo de tiempo de la unidad de revolución más racional. El mes se produce, cuando la luna, después de recorrer toda su órbita, supera al sol; el año, cuando el sol completa su revolución. Como tan sólo unos pocos entienden las revoluciones de los restantes, ni se las nombra ni, por medio de la observación, se hacen mediciones relativas, de modo que, en una palabra, no saben que sus caminos errantes de una magnitud enorme y maravillosamente variada son tiempo. Sin embargo, es posible comprender que, cuando las velocidades relativas de las ocho órbitas, medidas por el círculo de lo mismo en progresión uniforme, se completan simultáneamente y alcanzan el punto inicial, entonces el número perfecto de tiempo culmina el año perfecto (1). De esta manera y por estos motivos, fueron engendrados todos los cuerpos celestes que en sus marchas a través del cielo alcanzan un punto de retorno, para que el universo sea lo más semejante posible al ser vivo perfecto e inteligible en la imitación de la naturaleza eterna.”

Timeo, 38b-39d

Notas:

1.- El año perfecto o gran año es el tiempo que tardan los 7 astros en volver a coincidir juntos en la misma posición inicial de la Eclíptica en la que comenzaron sus revoluciones, por ej. 0º de Aries. Este período o ‘número perfecto’ se detalla en un pasaje muy oscuro de la República, 546 b-c. Según el cálculo y la interpretación matemática de este pasaje hecha por J. Adam (1891) es de 12.960.000 años solares. Según Platón los ciclos de la historia están también ligados a este ciclo cósmico.

No confundir con el llamado ‘año platónico’ o ciclo equinoccial, el tiempo que tarda el eje de la tierra en describir un giro completo (precesión) alrededor del polo Norte de la Eclíptica y que dura 25.776 años (según las estimaciones actuales).

HAGELIN: EL CAMPO UNIFICADO Y LA CONCIENCIA

EL DESCUBRIMIENTO DEL CAMPO UNIFICADO

“Durante las dos últimas décadas, el progreso en la física teórica y experimental ha llevado a una comprensión progresivamente más unificada de las leyes de la naturaleza, lo que ha culminado en el descubrimiento reciente de las teorías del campo completamente unificado. Este descubrimiento comenzó en 1967 con la introducción por los profesores Weinberg y Salam de la teoría unificada de las fuerzas débil y electromagnética, que unía dos de las fuerzas fundamentales que gobiernan todos los fenómenos físicos en la naturaleza. El éxito  profundo de esta teoría “electrodébil” unificada confirmó que en los niveles más profundos de la dinámica de la naturaleza –en escalas espaciotemporales más fundamentales (es decir, más pequeñas) – las leyes de la naturaleza presentan una estructura más simple y más unificada en la cual leyes superficialmente diversas de la naturaleza se unifican.

 A principios de los años 1970 se mostró que este mismo principio unificador podía extenderse para incluir la fuerza nuclear fuerte, lo que condujo a las “teorías de la gran unificación” de las fuerzas fuerte, débil y electromagnética. En 1974 se introdujo el concepto de supersimetría – un profundo principio de simetría matemática capaz de unificar partículas de diferente “espín”, es decir, campos de fuerza y campos de materia – lo que proporcionó la base matemática para las teorías del campo completamente unificado. Durante estos últimos años, la aplicación de este principio ha llevado al desarrollo de teorías completamente unificadas de todas las fuerzas y partículas fundamentales de la naturaleza basadas en la cuerda heterótica.

 La cuerda heterótica o “supercuerda” describe todas las fuerzas y partículas fundamentales como los diferentes modos de vibración de un campo unificado único subyacente. De este modo, la supercuerda proporciona una comprensión completamente unificada de las fuerzas y partículas fundamentales de la naturaleza, además de la primera teoría mecánico-cuántica consistente del campo gravitacional.

 Ahora con el descubrimiento del campo unificado, la amplitud total de la ley natural está abierta al conocimiento y la exploración científica. Puesto que el progreso de la sociedad está basado en el conocimiento científico, puede esperarse que el descubrimiento del campo unificado – el nivel más fundamental y poderoso de la dinámica de la naturaleza – tenga las implicaciones de mayor alcance para la vida humana y la civilización. Además, puesto que el descubrimiento del campo unificado constituye el conocimiento científico del potencial total de la ley natural, en contraste con los niveles más superficiales, parciales y fragmentarios del conocimiento científico, puede esperarse que su aplicación produzca beneficios holísticos, creando equilibrio y neutralizando los efectos secundarios destructivos de los niveles anteriores del conocimiento científico. Sin embargo, para que esto se realice de modo práctico es claramente necesaria una tecnología del campo unificado. Afortunadamente, esta tecnología existe (1) y ha sido objeto de intensa investigación científica. Durante los últimos 20 años su efectividad ha sido verificada por cientos de estudios (2) publicados en las revistas científicas más destacadas en todo el mundo. La aplicación de esta tecnología en los campos de la salud, la educación, la rehabilitación, la economía y la paz mundial ha demostrado ya su capacidad para crear una calidad de vida y de civilización que está mucho más allá de lo que era posible en base a los niveles anteriores del conocimiento científico.

La unificación progresiva de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza (izda.), junto con la tecnología sistemática para acceder al campo unificado y aplicarlo en beneficio de la vida humana (dcha.)

Lee el resto de esta entrada

CURSO SOBRE CIENCIA VÉDICA Y FILOSOFÍA

Este curso de once lecciones ha sido desarrollado por Pedro Jiménez, profesor de Filosofía y de la Ciencia Védica. Muestra cómo muchos de los filósofos más importantes de la tradición occidental tuvieron experiencias cumbre, experiencias esporádicas de estados superiores de conciencia. Ellas no sólo proporcionaron plenitud a sus vidas, sino que además fueron la fuente de muchas de sus ideas y teorías. Algunos grandes filósofos fueron incluso más allá al concebir la filosofía como una búsqueda de la iluminación: la experiencia y el conocimiento intelectual de la realidad última, el Campo Unificado. Esta aspiración quedó encarnada en el nombre que dieron a lo que hacían “amor por la sabiduría” y personificada en el ejemplo del verdadero sabio.

El curso selecciona una serie de temas específicos tomados de la Filosofía y de la Ciencia Védica para mostrar los paralelos históricos y de conocimiento existentes entre ambas tradiciones. La Ciencia Védica puede iluminar problemas y temas que han permanecido oscuros, mal comprendidos o sin solución satisfactoria en la filosofía occidental. De este modo, el conocimiento védico, renovado y clarificado por Maharishi, puede dar plenitud a una tradición de 2500 años de búsqueda de la sabiduría, la verdad, la acción correcta y de una sociedad fundada en los valores más elevados de la vida. Pero, además, los instrumentos de análisis y los conceptos desarrollados por la filosofía pueden ayudar a profundizar nuestra comprensión de la Ciencia Védica y a valorar su relevancia a la luz de nuestra propia tradición intelectual.

Lee el resto de esta entrada

MAHARISHI: CIENCIA VÉDICA Y CIENCIA MODERNA

“La Ciencia Védica es la ciencia del Veda. ‘Veda’ significa conocimiento puro y el poder organizador infinito inherente en la estructura del conocimiento puro. El conocimiento puro es el estado de conciencia en el cual ésta se conoce sólo a sí misma, cuando la conciencia es completamente auto-referente, cuando no tiene en su estructura nada que no sea ella misma. Este estado de conocimiento puro, en el cual el conocedor, lo conocido y el proceso de conocer están en el estado de auto-referencia, es ese dinamismo infinito, inmortal y omnipotente en la base inmanifiesta de la creación. Esto es la Ciencia Védica – todo sobre el conocedor, lo conocido y el proceso de conocer; todo sobre la conciencia, tanto en su estado auto-referente, auto-interactivo,  como en su expresión en la variedad infinita de toda la creación, esa actividad de la naturaleza que continua eternamente en todas las esferas del tiempo, pasado, presente y futuro. El conocimiento de este principio fundamental de la vida – el dinamismo auto-interactivo de la conciencia – es la ciencia del conocimiento puro, la ciencia del Veda.

La conciencia humana puede identificarse con el valor auto-referente, fundamental de la conciencia en el estado de samadhi o conciencia trascendental. Este estado se obtiene fácilmente y se disfruta naturalmente por medio de la Meditación Trascendental. El funcionamiento de la conciencia pura trascendental es el funcionamiento de la ley natural en su estado más asentado. La mente humana consciente, al identificarse con este nivel de funcionamiento de la naturaleza, gana la habilidad de actuar con el mismo estilo en el que la naturaleza realiza su actividad en su nivel más fundamental. Totalmente identificada en la conciencia trascendental con el pleno potencial de la ley natural, la mente humana es un campo de todas las posibilidades, actuando espontáneamente en armonía con todas las leyes de la naturaleza, y capaz de lograrlo todo. Así es como la vida humana es cultivada por medio de la Ciencia Védica.

Lee el resto de esta entrada

EN EL PRINCIPIO ERAN LOS NÚMEROS (O CASI)

La relación entre el cosmos y las matemáticas parece ser una historia de amor, aunque con algunas pequeñas diferencias. Esta historia puede remontarse a los orígenes de la tradición de conocimiento más antigua de la humanidad: la tradición védica. Hace miles de años los rishis de la antigua India realizaron dos descubrimientos trascendentales. Hay un cuarto estado de conciencia, más allá de los estados relativos de la vigilia, el soñar y el dormir profundo. Esta conciencia pura es el verdadero Yo (âtman), un estado de total alerta interior, la experiencia de un nivel de silencio, ilimitación y felicidad absolutos,  la fuente de la inteligencia creativa que estructura todo el pensamiento y la acción humana. Pero los sabios védicos descubrieron también que la conciencia pura es la experiencia directa del nivel más fundamental de la naturaleza, la fuente del orden y el dinamismo de todo el universo (Brahman). Este nivel unificado de la conciencia pura contiene dentro de sí el plano del cosmos, el conocimiento de todo, el Veda.

Al ser consciente de sí misma, la conciencia pura crea dentro de sí la distinción inmanifiesta entre sujeto, proceso de conocer y objeto. Así que es 1 y 3 a la vez. Comienza entonces a generar dentro de sí la semilla de la multiplicidad que se va expresar como el universo manifiesto, físico y mental. Al discriminar dentro de sí misma entre sujeto y objeto crea dentro de sí el concepto de una separación  o distancia inmanifiesta: el  espacio. El proceso de conocer es una actividad entre el sujeto y el objeto, esto crea movimiento en el espacio. Dado que la conciencia pura al ser consciente de sí misma se curva dentro de sí, crea entonces el círculo básico, el primer ciclo del tiempo, base de todos los demás. Así espacio y tiempo son también curvos. En este proceso aparecen dentro de la conciencia pura ocho estructuras fundamentales, los 8 prakritis, como parte de este ‘colapso’ de la conciencia dentro de sí misma.

“Curvándome sobre mi propia naturaleza creo una y otra vez”.  (Bhagavad Gitâ, IX.8)

Estos impulsos de la conciencia pura en forma de olas dentro de sí misma son oídos por la propia conciencia en forma de sonidos, los sonidos del Veda, las leyes fundamentales de la naturaleza. La secuencia de impulsos de silencio y sonido da una estructura matemática al flujo del Veda. La conciencia se mide a sí misma en relación consigo misma. Este flujo de sonidos y silencios da forma matemática a toda la literatura védica, a su estructura en forma de sílabas, palabras, himnos (richas), grupos de himnos (suktas), capítulos (mandalas) comenzando ya en el Rig Veda. El cosmos es la expresión de esta estructura ordenada de la ley natural.

Lee el resto de esta entrada

KEPLER: LA ARMONÍA DE LOS CIELOS

Esta imagen ilustra uno de los temas centrales de la obra de Kepler Harmonices Mundi’ (Las armonías del mundo, 1619). Si el cosmos es obra de una Inteligencia Suprema, entonces nada en él puede ser resultado del azar. Todo debe tener un sentido, obedecer a una razón y ser comprensible para la inteligencia. Es necesario buscar ese orden inteligible que subyace tras la apariencia desordenada del mundo material. Este orden del cosmos es matemático: “Ubi materia, ibi geometria =  Donde hay materia, hay geometría”.

Platón ya había sostenido en el Timeo que cada una de las cinco formas o impulsos fundamentales de energía-materia (espacio, aire, fuego, agua, tierra) tenía una estructura geométrica que se correspondía con los cinco poliedros regulares (dodecaedro, octaedro, tetraedro, icosaedro, cubo). La materia es en esencia geometría. Kepler, platónico hasta la médula, adapta este tema al movimiento de los astros.

Las órbitas de los planetas no pueden ser fruto del azar. Debe haber una proporción matemática entre ellas. No puede ser una casualidad que haya 6 planetas y, por tanto, 5 intervalos entre ellos. La semiesfera externa de la imagen representa la órbita de Saturno.  Dentro de ella se inscribe un cubo, y dentro de éste la órbita de Júpiter. Dentro de ésta órbita, se inscribe un tetraedro. Y dentro de éste, se inscribe la órbita de Marte. Dentro de ésta, se inscribe un dodecaedro. Dentro de éste, la órbita de la Tierra. Esta a su vez lleva inscrito el icosaedro. Este a su vez lleva inscrita la órbita de Venus. Esta lleva inscrito el octaedro, que a su vez contiene inscrita la órbita de Mercurio.

Sólo había un pequeño problema, muy a su pesar la teoría nunca funcionó y tras haberle dedicado largas páginas, la abandona finalmente mostrando que es incompatible con las observaciones y las leyes del movimiento planetario.

Kepler retoma además una antigua idea de los pitagóricos y de Platón (República, 617b), ‘la música de las esferas celestes’ e intenta darle una compleja y esotérica forma matemática. Cada planeta al moverse alrededor del sol produce un tono musical y la frecuencia de dicho tono varía en función de la velocidad angular de los planetas con respecto al Sol. Algunos planetas producen notas musicales más constantes, por ejemplo, la Tierra solo varía un semitono en una proporción equivalente a la diferencia entre una nota mi y un fa entre su afelio (lejos del sol) y su perihelio (cerca del sol). Venus varía en un intervalo aún más reducido. La astronomía se combina con la música y con la astrología:

“La Tierra canta Mi, Fa, Mi: Puede deducirse de estas sílabas que la miseria y el  hambre (fa-mine) reinan aún en nuestro mundo”.

El resultado de todos estos movimientos ‘musicales’ de los planetas en los cielos es una polifonía cósmica inteligible, aunque no audible, con algunos tonos disonantes. Pero a medida que avanza la inmensidad del tiempo, los planetas tocan juntos en una concordancia cada vez más perfecta. La grandiosa sinfonía celeste evoluciona hacia la perfección, lo que quizás ya ocurrió en el momento de la creación. Incluso nuestro arte de cantar polifónicamente concordando muchas voces, afirma,  es una imitación de esta música celestial cuyo autor es Dios.

La razón última del cosmos es, pues, la belleza. Dios no es sólo el gran matemático, es sobre todo el artista cósmico. Que un hombre al que le tocó vivir una época plagada de una violencia extrema y cuya biografía está tan llena de tragedias personales, encontrara dentro de sí mismo la serenidad y la sabiduría para elevarse por encima de todo y producir algunas de las ideas más hermosas de la historia de la astronomía, es sin duda un testimonio elocuente de la grandeza del espíritu humano.

Cita: “Mi admiración hacia Kepler se explica porque yo, como él, siento respeto y asombro ante la armonía enigmática de la Naturaleza en que nacimos”. (A. Einstein)

Didáctica: Esta imagen de Kepler permite introducir tanto temas de la filosofía platónica, como el nacimiento de la ciencia moderna (Historia de la Filosofía). Además sirve para presentar temas fundamentales de la teoría del conocimiento: la relación entre teoría y observación, la naturaleza de las leyes e hipótesis científicas, la verdad, las fuentes de conocimiento. Así como la diferencia entre apariencia y realidad, lo sensible y lo inteligible, el origen del cosmos, la relación entre filosofía, arte y ciencia, etc. (Filosofía de 1º)

Enlaces: Ahora observa y escucha la música de los cielos (sé paciente para llegar al final, es bellísimo)

– Versión animada del Cap. V del Harmonices Mundi

– GARCÍA MARTÍN, R.: La teoría de la armonía de las esferas en el libro V de Harmonices Mundi de J. Kepler.

La Tierra vibra y tiembla en armonía con el sol

El sonido del sol

Otros sonidos del espacio

VIDEO: LA ARMONÍA DE LAS ESFERAS

VIDEOS SOBRE KEPLER: