ARISTÓTELES: LA INTELIGENCIA INMORTAL Y EL CONOCIMIENTO

LA EXPERIENCIA SENSORIAL Y LOS CONCEPTOS:

La teoría aristotélica del conocimiento es totalmente empirista (empiría: experiencia). Todos nuestros conceptos se originan a partir de la experiencia sensorial. Al nacer, la mente está totalmente vacía y carece de cualquier conocimiento. Sin experiencia sensorial seríamos incapaces de formar idea alguna. Al basarse sólo en el funcionamiento de la mente en el estado de vigilia, Aristóteles abandona la explicación platónica del conocimiento. Niega que la inteligencia por sí sola sea capaz de conocer.

Para comprender ambas teorías del conocimiento debemos tener en cuenta que pretenden explicar experiencias diferentes, estados de conciencia diferentes. Ejemplifican el principio védico de que el conocimiento es diferente en estados de conciencia diferentes. La explicación platónica se basa en la experiencia de un estado de conciencia o inteligencia pura, el estado de sabiduría. En este estado la inteligencia trasciende la experiencia sensorial (doxa) y el proceso de pensar (dianoia). Al realizar su unidad con la inteligencia universal, experimenta dentro de sí ‘el plano del cosmos’, las estructuras del conocimiento puro, las Formas. En este estado de conciencia, la inteligencia es completamente auto-referente, se conoce a sí misma, por medio de sí misma y sin salir de sí misma. Así, la inteligencia pura es la fuente del conocimiento verdadero. Puesto que el conocimiento está estructurado en la naturaleza de la inteligencia pura es innato, universal, inmutable y eterno. Conocer no es adquirir algo nuevo, es sólo recordar: reminiscencia.

Aristóteles pretende dar una explicación de la naturaleza y del proceso de conocimiento en el estado de vigilia. En este estado, la conciencia o inteligencia se exterioriza y parece dirigirse hacia fuera, experimenta los objetos a través de los sentidos como diferentes y externos a ella misma. De este modo, la inteligencia no es auto-referente, sino que está referida a los objetos. Toda la experiencia parece originarse a partir del contacto de la inteligencia con algo externo a ella misma. Al afirmar que todos los conceptos proceden de la experiencia sensorial, Aristóteles está de nuevo interpretando literalmente este tipo de experiencia.

Para una teoría empirista del conocimiento como la suya, el problema principal es explicar cómo se pueden formar conceptos universales a partir de la experiencia sensorial de objetos particulares. Esto es lo que luego se llamará en la historia de la filosofía el problema de los universales. Su respuesta a este problema es la teoría de la abstracción de los conceptos. En todo objeto fenoménico hay según Aristóteles dos aspectos: lo particular (materia) y lo universal (forma). La materia es aquello que hace al objeto diferente de otros, la forma es el principio de inteligencia que ordena la materia y es común a todos los objetos del mismo tipo. El concepto sólo puede contener como contenido lo universal. Para formarlo hay que separar lo particular y aislar (abstraer) lo universal.

La experiencia sensorial se origina cuando los sentidos, que son meramente potencias para tener percepciones, son afectados por la presencia de un objeto externo. Este objeto pertenece al mundo real y es independiente de la mente. En palabras aristotélicas debe existir en acto. Pero la sensación exige no sólo un objeto externo y un órgano sensorial, sino además un medio físico que una al sujeto y al objeto. Sin este medio no hay sensación. Es la alteración o el movimiento en el medio físico, producida por el objeto, lo que afecta al sujeto. Cada sentido responde a un objeto diferente y requiere un medio específico. Cuando el órgano sensorial es afectado se asemeja al objeto y participa de su cualidad. Esta impresión producida en un sentido por la acción del objeto y del medio es la sensación correspondiente.

En la sensación el objeto se presenta con sus características individuales. El objeto de la sensación es lo particular. En ella, la materia y la forma del objeto se presentan como la materia y la forma de la sensación. Toda sensación es lo que es y como tal un hecho de experiencia. No hay todavía en este nivel conocimiento, puesto que una sensación no es verdadera ni falsa. Aristóteles pensaba además que el órgano sensorial central era el corazón y no el cerebro. El corazón es el órgano en el que la mente actúa sobre el cuerpo.

Puesto que cada sentido está especializado, se necesita una facultad que unifique las sensaciones de los diferentes sentidos y forme la imagen global del objeto. Esta facultad es lo que Aristóteles llama el sentido común o la naturaleza común a los cinco sentidos. Las diferentes imágenes sensoriales de un objeto se almacenan en la memoria. Esta es siempre de imágenes y se refiere a sucesos pasados. El recuerdo es la actualización de una impresión sensorial que se había vuelto potencial, que había desaparecido de la conciencia. La imaginación o fantasía está ligada a las sensaciones, es la capacidad para hacer que un objeto o percepción sensible aparezca en la mente sin estar realmente presente en ese momento. De hecho, la memoria y los sueños son actividades o funciones de la imaginación.

En la imagen sensorial están mezclados lo particular (materia) y lo universal (forma) del objeto. Para formar el concepto universal correspondiente a todos los objetos de una misma clase, es necesario separar lo particular y aislar lo universal, lo común a varias imágenes del mismo tipo. Esta separación es realizada por el intelecto. Para dar cuenta de este proceso de abstracción o aislamiento de lo universal, presente en las imágenes particulares, Aristóteles se vió forzado a introducir dos intelectos: la inteligencia creativa o nous poietikos y el intelecto pasivo o nous pathetikos.

LA INTELIGENCIA CREATIVA Y EL INTELECTO PASIVO:

Aislar lo universal y común en las diferentes imágenes sensoriales es una actividad, por tanto, necesita de una causa que esté en acto. Una facultad que sea simplemente potencia, es decir, pasiva, no puede realizarla porque necesita de un objeto que la estimule. La imagen sensorial no puede ser, evidentemente, este objeto, porque estaría en realidad separándose o distinguiendo dentro de sí misma. Así pues, se requiere una inteligencia que esté en acto y separe la forma de la materia en las imágenes. Esta es la función de la inteligencia creativa o nous poietikos que ilumina las imágenes, dejando en la oscuridad la materia o lo particular presente en ellas, y destaca o aisla lo universal. Contempla directamente la forma inteligible.

Esta forma o contenido universal se proyecta sobre el intelecto pasivo o nous pathetikos que se identifica completamente con ella. Entonces, el intelecto pasivo se vuelve uno con su objeto, la forma universal, en el acto de conocerla. Se llena de todo su objeto, nada de éste queda fuera del intelecto pasivo, ni tampoco queda ninguna parte de él que no esté ocupada por la forma. Al conocerla, el intelecto pasivo se conoce a sí mismo y posee en sí mismo la cualidad que hace cognoscibles las formas. Este intelecto hace de la forma el significado universal del concepto, que contiene sólo lo común a todos los objetos de la misma clase, la esencia. Los conceptos no son todavía conocimiento, sino sólo sus ingredientes, puesto que no son verdaderos ni falsos. Combinando conceptos el intelecto pasivo forma juicios, en los cuales un predicado es atribuído a un sujeto. Encadenando juicios se forman razonamientos, en los cuales una conclusión se deduce logicamente de las premisas. Con los juicios y los razonamientos aparece el conocimiento, puesto que sólo en este nivel hay verdad y falsedad.

El intelecto pasivo es la capacidad de pensar y no existe en acto sino cuando pensamos. Depende de las imágenes, puesto que no podemos pensar sino a partir de ellas. La inteligencia aprehende el caracter común a varias imágenes y forma de esta manera el concepto universal. Este intelecto pasivo está vacío en sí mismo y al pensar se identifica plenamente con sus objetos, los conceptos, se convierte en cualquiera de ellos. Es una parte integrante de la mente y por ello no existe ni puede actuar separadamente del cuerpo. Al pensar es afectado y modificado por los objetos, puesto que se convierte en ellos.

La inteligencia creativa es completamente diferente. En palabras de Aristóteles:

“Así pues, existe un nous que es capaz de llegar a ser todas las cosas y otro capaz de hacerlas todas; este último es una especie de estado positivo como la luz: también la luz hace en cierto modo de los colores en potencia colores en acto. Este nous es separado, sin mezcla e impasible, siendo en esencia acto, porque siempre es más excelente lo activo que lo pasivo, la causa que la materia…/… no ocurre que el nous contemple a veces y otras deje de contemplar. Una vez separado es sólo aquello que en realidad es y unicamente ésto es inmortal y eterno. Nosotros, sin embargo, no somos capaces de recordarlo, porque este principio es impasible, mientras que el nous pasivo es perecedero y sin él no piensa nada.”

Sobre el alma, 430 a14 y ss.

La inteligencia creativa está totalmente en acto, mientras que el intelecto pasivo está en potencia. La inteligencia creativa actúa como la causa eficiente que hace que el intelecto pasivo pase de estar en potencia a estar en acto, de poder pensar los conceptos a pensar uno concreto de hecho. Siguiendo a Platón, Aristóteles concibe esta inteligencia creativa como una fuente de luz que ilumina directamente las formas inteligibles y de este modo permite al intelecto pasivo llegar a conocer un concepto determinado. Esta inteligencia creativa existe separadamente de la mente y del cuerpo, sin mezclarse con ellos. Su unión con el intelecto pasivo es sólo pasajera y sobrevive a la muerte del individuo. Es inmortal e inmutable, al ser independiente del cuerpo y no contener potencialidades no realizadas.

No se puede decir que ilumine en un momento sí y en otro no, sino que contempla permanentemente. Su verdadera naturaleza inmortal, separada, eterna, impasible y sin mezcla queda oscurecida durante su asociación con el cuerpo. No somos conscientes habitualmente de esta inteligencia creativa, sólo la recordamos en momentos de iluminación. Al romperse su asociación con el cuerpo existe en su pureza. Al contrario que el intelecto pasivo, es impasible, no sufre ninguna impresión de las experiencias y circunstancias del sujeto y no conserva memoria alguna. Los recuerdos, las pasiones, los sentimientos son afecciones del individuo y desaparecen con la muerte del hombre.

Sin la iluminación de la inteligencia creativa el intelecto pasivo sería incapaz de conocer nada. La inteligencia creativa contempla los conceptos y principios supremos que son la base de la metafísica y de la ciencia.

 LA INTELIGENCIA INMORTAL Y DIOS:

El pasaje anterior es el único que Aristóteles dedica a explicar las características de esta inteligencia creativa. Su brevedad y oscuridad hizo de él una fuente de confusión para los continuadores de Aristóteles. Dos cuestiones ocuparon la atención de éstos:

1.- ¿Es la inteligencia creativa idéntica a Dios o diferente de él?. Al igual que lo divino, la inteligencia creativa es inmaterial, inmortal, eterna, autosuficiente, acto puro e impasible. En un fragmento de la Etica a Nicómaco Aristóteles afirma que es aquello que de divino hay en el hombre, superior al resto del compuesto humano (mente y cuerpo), y con arreglo a lo cual debe vivir para alcanzar el bien:

“Tal vida, sin embargo, sería demasiado excelente para el hombre. En cuanto hombre, en efecto, no vivirá de esta manera, sino en cuanto hay en él algo divino, y en la medida en que ese algo es superior al compuesto humano, en esa medida lo es también su actividad a la de las otras virtudes. Si, por tanto, la inteligencia es divina respecto del hombre, también la vida según ella es divina respecto de la vida humana. Pero no hemos de tener, como algunos nos aconsejan, pensamientos humanos puesto que somos hombres, ni mortales puesto que somos mortales sino en la medida de lo posible inmortalizarnos y hacer todo lo que  está a nuestro alcance por vivir de acuerdo con lo más excelente que hay en nosotros; en efecto, aun cuando es pequeño en volumen, excede con mucho a todo lo demás en poder y dignidad”.

Etica a Nicómaco, 1177 b25 y ss.

Dios es la causa final, la meta última del movimiento del cosmos, la inteligencia creativa es sólo la causa eficiente del conocimiento humano. Sin embargo, Dios es trascendente al mundo, no tiene nada que ver con él y sólo puede conocerse a sí mismo. Si conociera el mundo, se asemejaría a su objeto de conocimiento y ya no sería perfecto. La inteligencia creativa está temporalmente asociada con el individuo, con el conjunto mente-cuerpo, y contempla todos los conocimientos. Aristóteles admite que Dios se contempla a sí mismo todo el tiempo, puesto que es eterno. En contraste es posible para el hombre disfrutar en sus momentos espiritualmente más elevados de la experiencia de lo divino:

“De este principio dependen, pues, los cielos y la naturaleza. Y ésta es la vida mejor que podemos disfrutar, aunque sea sólo por breve tiempo (puesto que él está siempre en este estado, pero nosotros no podemos) puesto que su acto es también placer.

… /… Si, por tanto, Dios se encuentra siempre en este estado bueno en el cual nosotros nos encontramos a veces, ésto es cosa admirable: y si en un estado mejor, todavía más admirable. Y Dios está en un estado mejor. Y la vida pertenece también a Dios, pues el acto de entender es vida y Dios es ese acto. Y el acto por sí mismo de Dios es la vida mejor y eterna. Decimos, por tanto, que Dios es un ser vivo, eterno, el mejor, de modo que la vida y la duración eterna y continua pertenecen a Dios; puesto que ésto es Dios”.

Metafísica, 1072 b15 y ss.

2.- ¿Es la inteligencia creativa individual y diferente para cada hombre o universal y única para todos?. La inteligencia creativa es impasible y no es afectada por ninguna experiencia individual. No conserva ningún recuerdo y a la muerte del individuo simplemente permanece en su estado de pureza e inmutabilidad, sencillamente ‘es’. No parece que posea características que pudieran diferenciarla de un individuo a otro y hacer de su permanencia una inmortalidad personal. Siendo inmaterial no podría diferenciarse por la materia, que es el principio de individuación entre los seres. Aunque Aristóteles no lo afirme explicitamente, parece ser una inteligencia abstracta y universal. Esta será, por ejemplo, la interpretación del filósofo musulmán cordobés Averroes.

En la Etica a Nicómaco Aristóteles afirma que esta inteligencia inmortal es la naturaleza verdadera del hombre, lo que realmente es, lo mejor que hay en él, su yo real:

“De hecho este principio parece constituir el ‘Yo’ de cada uno, puesto que es lo supremo y está por encima de todo lo demás en valor, sería absurdo para el hombre no elegir su propia vida sino la de otro.

Y aquí aplicaremos una observación anterior, que aquello que es propio de cada uno es naturalmente lo mejor y más agradable para él: esta es pues para el hombre la vida en acuerdo con la inteligencia pura (puesto que este principio es verdaderamente el hombre), y si es así, también es la más feliz”.

Etica a Nicómaco, 1178 a2 y ss.

En todo este tema es evidente la semejanza y la influencia de la concepción platónica del nous y de su doctrina del conocimiento como visión (noesis) e iluminación. Aquí aparece claramente la dualidad entre la inteligencia creativa y la sustancia hombre compuesta de mente y cuerpo.

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Publicado el 07/08/2011 en COMENTARIOS, CONCIENCIA PURA, ESTADOS SUPERIORES DE CONCIENCIA, FILOSOFÍA GRIEGA, PLATÓN, TEXTOS. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

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