MAHARISHI: EL DESARROLLO DE LA CONCIENCIA

COMENTARIO DE MAHARISHI:

“”No hay nada en este mundo tan purificador como el conocimiento”: el trabajo de un purificador consiste en primer lugar en purificar los distintos componentes o ingredientes y después de haber liberado los componentes de sus impurezas, presentar la totalidad en su estado puro.

El conocimiento es el purificador de la vida. Purifica la vida, en cuanto que analiza los diferentes aspectos de la existencia y distingue y separa el aspecto eterno del transitorio. Actúa como un filtro que separa el barro del agua fangosa. La naturaleza real de la vida es la conciencia absoluta de bienaventuranza; este agua cristalina de la vida se ha enturbiado al mezclarse con las actividades de las tres gunas. Esto ha resultado en ocultar la eternidad de la vida tras sus aspectos transitorios y siempre cambiantes.

El estado puro del Ser se realiza conociendo los componentes absoluto y relativo de la vida. Este conocimiento llega a la perfección cuando el conocedor consigue una perfecta intimidad con el Ser y llega a ser plenamente consciente de la actividad básica de la vida, la actividad de las tres gunas como algo separado del Ser. La intimidad perfecta con el Ser se obtiene cuando la mente alcanza el estado trascendental de la conciencia. Este es el estado absoluto del conocimiento, que puede ser descrito como el estado de conocimiento puro. Cuando el conocimiento se hace perfecto, llega al estado de puro conocimiento y lleva la vida a la pureza perfecta. De esta manera, el conocimiento elimina la ignorancia, que es la mayor impureza de la vida, y libera la vida del ciclo del nacimiento, la muerte y el sufrimiento.

El aspecto superficial del conocimiento es conocer y entender; la naturaleza real del conocimiento es el estado de conocimiento puro, el estado de conciencia pura o Ser. Considerando el conocimiento de esta forma, vemos que la conciencia trascendental representa la naturaleza real del conocimiento. Otra fase del conocimiento es cuando la conciencia trascendental coexiste con la actividad del estado de conciencia de vigilia. En este estado, cuando la conciencia trascendental se establece de forma permanente en la naturaleza misma de la mente, las fases absoluta y relativa de la vida comienzan a ser apreciadas simultáneamente: el Yo es experimentado como separado de la actividad. Existe todavía otro estado de conocimiento en el que la separación entre el Yo y la actividad se funde en la Unidad de la conciencia de Dios, que es el estado más purificado de la vida, libre de cualquier mancha de impureza. Esta vida de pureza absoluta representa el estado supremo del conocimiento, acerca del cual dice el Señor: “aquel que es perfecto en Yoga, por sí mismo en el curso del tiempo lo encuentra dentro de sí mismo”.

A esto puede añadirse que sólo a través de la meditación trascendental, que es el camino directo para alcanzar la conciencia pura y elevarse finalmente a la conciencia de Dios, puede vivirse la pureza absoluta en la vida diaria.

Cuando el estado de Yoga, el estado de conciencia trascendental, se vuelve permanente, de tal forma que se mantiene a través de toda la actividad, se ha alcanzado el estado de conciencia cósmica. Esta infusión perfecta del Absoluto en la relatividad tiene lugar por grados, mediante la práctica regular de ir hacia lo Trascendente y volver al campo de la acción en la vida diaria.. La alternancia equilibrada de la meditación y la actividad tiene como resultado la realización. Una analogía podrá hacerlo claro: sumergimos una prenda blanca en un tinte amarillo y la dejamos en el tinte durante varios minutos para que se coloree. Luego, la sacamos y la tendemos al sol hasta que el color se desvanezca. De nuevo repetimos el mismo proceso, colocando la prenda a la luz del sol hasta que el color se pierda. De igual forma, meditamos durante una media hora y después volvemos a actuar en la vida práctica durante unas diez horas, tras lo cual comenzamos a sentir que estamos fuera de la influencia de la meditación matinal. Meditamos de la misma manera una vez más y de nuevo dejamos que la influencia se diluya al sumergirnos en la vida práctica. Seguimos repitiendo este proceso de alcanzar el estado del Ser universal en la trascendencia (samadhi) durante la meditación, y de salir para recuperar la individualidad en el campo de la existencia relativa. Esto permite una infusión cada vez mayor del Ser en la naturaleza de la mente, incluso mientras se encuentra ocupada en la actividad a través de los sentidos.

Cuando se ha logrado la infusión plena del Ser, se ha alcanzado el estado de conciencia cósmica.

El estado de conciencia cósmica proporciona la base para el desarrollo del estado del Yoga perfeccionado en conciencia de Dios. El desarrollo de la conciencia cósmica en conciencia de Dios requiere que la separación existente entre el Yo y la actividad se transforme en la fusión de estas dos identidades separadas, lo que tiene como resultado la Unidad eterna de la conciencia de Dios.

Esta transformación del estado de separación ocurre gracias a la actividad más refinada de todas: la actividad de la devoción a Dios.

Para analizar la manera en que el acto de devoción realiza esta transformación y produce el estado de Unidad eterna en conciencia de Dios, es necesario examinar minuciosamente como en el estado de conciencia cósmica, el Yo es experimentado como separado de la actividad; y, también, como el silencio eterno de la conciencia del Yo trascendental llega a ser compatible con la actividad incesante del estado de conciencia de la vigilia. Aquéllos que practican la meditación trascendental experimentan una disminución del metabolismo durante el impulso interiorizante de la meditación; y, cuando la mente trasciende el pensamiento y alcanza la conciencia trascendental, experimentan que el sistema nervioso alcanza un estado de alerta en profundo descanso. De nuevo, experimentan que el sistema nervioso se activa cuando se ocupa en la actividad del pensamiento o de la acción.

Cada estado de conciencia es la expresión de un estado correspondiente del sistema nervioso. La conciencia trascendental se corresponde con un estado específico del sistema nervioso, que trasciende toda la actividad y, por tanto, es totalmente diferente del estado del sistema nervioso que corresponde al estado de la vigilia.

Ahora bien, para que la conciencia trascendental se vuelva permanente y coexista con el estado de vigilia, es necesario que coexistan también los dos estados del sistema nervioso correspondientes a estos dos estados de conciencia. Esto se consigue cuando la mente alcanza alternativamente la conciencia trascendental y el estado de conciencia de vigilia, pasando de un estado al otro. Este cultivo gradual y sistemático del sistema nervioso físico crea una situación fisiológica en la que los dos estados de conciencia existen juntos simultáneamente. Es bien sabido que en el sistema nervioso existen muchos niveles autónomos de función, entre los cuales existe también un sistema de coordinación. En el estado de conciencia cósmica, funcionan simultáneamente en el sistema nervioso dos niveles diferentes de organización, manteniendo a la vez sus  identidades separadas. En virtud de esta separación anatómica de función llega a ser posible que la conciencia trascendental coexista con el estado de vigilia y con los estados de dormir y soñar.

En los estadios iniciales de la práctica de la meditación trascendental, estos dos niveles de funcionamiento en el sistema nervioso no pueden existir de manera simultánea, porque la función de uno inhibe la función del otro. Por este motivo, en esta etapa se experimenta bien la conciencia trascendental o bien el estado de vigilia. La práctica de la mente al pasar de uno a otro supera gradualmente esta inhibición fisiológica y los dos niveles comienzan a funcionar perfectamente al mismo tiempo, sin inhibirse entre sí, pero manteniendo no obstante, sus identidades separadas. La función de cada uno es independiente de la del otro y, así es como este estado del sistema nervioso corresponde a la conciencia cósmica en la que la conciencia del Yo existe separada de la actividad. El silencio es experimentado junto con la actividad, pero separado de ella.

Para que la conciencia cósmica evolucione hasta convertirse en conciencia de Dios, el sistema nervioso ha de cultivarse aún más, de forma que estos dos niveles, que funcionan independientemente, lleguen a hacerlo de una manera integrada. Esto dará lugar a un estado de conciencia en el que el sentido de separación entre el Yo y la actividad se ha disuelto, y esa dualidad que constituye la conciencia cósmica ha sido subsumida en la Unidad de la conciencia de Dios.

Esta integración de funciones a nivel fisiológico es producida por una actividad mental de refinamiento último. Para definir una actividad de esta cualidad, debemos analizar toda la amplitud de la actividad. La actividad de los órganos de acción es la más burda, la actividad de los sentidos de percepción es más refinada; la actividad mental del pensamiento lo es aún más; y la actividad del sentimiento y la emoción es la más sutil de todas. Se podrían clasificar aún más los diferentes niveles de cualidad en la actividad emocional, tales como la ira, el miedo, la desesperación, la felicidad, la veneración, el servicio  y el amor.

La actividad de la devoción abarca los sentimientos de servicio, veneración y amor, que son las cualidades más refinadas del sentimiento. A través de la actividad de la devoción la conciencia cósmica evoluciona hasta llegar a ser conciencia de Dios.

Cuando el sistema nervioso es expuesto constantemente a esta actividad  más  refinada de la devoción, tiene lugar la integración fisiológica de funciones antes descrita. Y es el estado permanente de esta condición del sistema nervioso lo que permite al hombre vivir la conciencia de Dios en su vida diaria. Actuando en medio de cualquier circunstancia y dando plenitud al propósito de la vida cósmica, lleva la totalidad de la existencia dentro de sí mismo y se mueve en la Unidad de Dios.

Por tanto, es obvio que, para desarrollar la conciencia de Dios, que representa el estado supremo de conocimiento, es necesario cultivar el sistema nervioso físico. Esto requiere la práctica regular y constante, lo que, obviamente, exige tiempo. Por esto, el Señor dice “en el curso del tiempo lo encuentra”.

“Dentro de sí mismo”: con esta expresión, el Señor desea que se entienda claramente que el estado supremo de conocimiento no se gana desde fuera. Se gana dentro de uno mismo, cuando se ha vivido durante algún tiempo el estado de perfección del Yoga en conciencia de Dios. El elemento del tiempo indica aquí que durante los primeros estadios de la conciencia de Dios, la vida está llena de una experiencia tan abrumadora de la Unidad en la diversidad, que uno vive profundamente perdido en ella. Gradualmente, a medida que el tiempo pasa, se comienza a apreciar esta Unidad en función de otras cosas y actividades en el mundo. Es entonces, cuando se ha realizado a Dios, cuando se tiene el conocimiento de Dios. Queda aclarado así por qué el Señor habla de la  necesidad del tiempo para alcanzar el conocimiento supremo”.

MAHARISHI: On the Bhagavad-Gita, IV, 38.

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Publicado el 11/07/2011 en BHAGAVAD GITA, CIENCIA VÉDICA, CONCIENCIA CÓSMICA, CONCIENCIA DE UNIDAD, CONCIENCIA DIVINA, CONCIENCIA PURA, ESTADOS SUPERIORES DE CONCIENCIA, MAHARISHI, MEDITACIÓN, TEXTOS. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

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