FICHTE: LA VIDA BIENAVENTURADA (1)

“Repara en ti mismo: aparta tu mirada de todo lo que te rodea y llévala a tu interior. Tal es el primer requerimiento que la filosofía hace a quien se inicia en ella.”

Primera introducción a la doctrina de la ciencia, 1

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“Las lecciones que aquí comienzo han sido anunciadas como la exhortación a una vida bienaventurada…./… a pesar de que según una compresión más adecuada en la expresión vida bienaventurada hay algo que sobra. A saber, la vida es necesariamente bienaventurada, ya que ella es la bienaventuranza…./…. Por consiguiente, expresándose estrictamente, las lecciones que me he propuesto impartir debería haberlas llamado la introducción a la vida, o la doctrina de la vida – o si no, tomado el concepto por el otro lado, la introducción a la bienaventuranza, o la doctrina de la bienaventuranza.

He dicho que la misma vida es bienaventuranza. De otro modo no puede ser: ya que la vida es el amor y toda la forma y fuerza de la vida consiste en el amor y surge del amor. Con lo dicho he expresado una de las proposiciones más profundas del conocimiento que en mi opinión sólo puede hacérsele clara y esclarecedora a una atención verdaderamente concentrada y esforzada. El amor escinde el ser que en sí está muerto en un ser dual, colocándolo ante sí mismo, y esto lo hace para un Yo o una mismidad que se contempla y sabe de sí. En tal yoidad reposa la raíz de toda vida. Además el amor unifica y enlaza íntimamente el Yo escindido, que sin amor sólo se contempla a sí fríamente y sin interés. Esta última unidad en una dualidad que ya no se abandona, sino que permanece eternamente, es ahora justamente la vida…./… Más aún, el amor es ahora contento consigo mismo, alegría de sí mismo, gozo de sí mismo, y por tanto bienaventuranza. Y así queda claro que vida, amor y bienaventuranza son absolutamente uno y lo mismo”.

…/… “El ser –ser, digo- y la vida son uno y lo mismo. Sólo la vida es capaz de existir independientemente por sí y a través de sí misma. Y además la vida, tan cierto como que es vida, lleva la existencia consigo. Corrientemente se piensa el ser como un ser estático, rígido y muerto”.

…/… “Esta opinión vulgar queda contradicha con la afirmación ya expresada: sólo el ser, sólo aquello que es a través de sí y por sí mismo, es. Más aún, decimos: este ser es simple, igual a sí mismo, invariable e inalterable, no hay en él ningún surgir no desaparecer, ninguna variación ni juego de configuraciones, sino siempre el mismo sereno ser y consistir.

Que esta afirmación es correcta, se puede mostrar rápidamente: lo que es por sí mismo, es justamente sin fisura, y es completo, consistiendo de una vez, y no se le puede añadir nada.

Y con ello nos hemos abierto e inaugurado el camino hacia la intelección de la diferencia característica de la vida verdadera, que es una con el ser, frente a la vida sólo aparente, que en la medida en que es mera apariencia es una con el no-ser. El ser es simple, invariable, y permanece eternamente igual a sí mismo. Por tanto, también la vida verdadera es simple, invariable y eternamente igual a sí. La apariencia es un cambio ininterumpido, un oscilar continuo entre el hacerse y el desaparecer. Por tanto, la vida meramente aparente es un cambio ininterrumpido que oscila para siempre entre el hacerse y desaparecer, despedazada por variaciones interminables. El centro de la vida es siempre el amor. La vida verdadera ama lo uno, invariable y eterno. La vida meramente aparente trata de amar –si al menos fuera capaz de ser amada y si quisiera mantener fijo su amor- lo pasajero en su caducidad”.

“Este objeto amado de la vida verdadera es aquella que pensamos, o que al menos deberíamos pensar, bajo la designación de Dios. El objeto del amor de la vida meramente aparente, lo variable, es aquello que nos aparece como mundo y que llamamos así. Por tanto, la vida verdadera vive en Dios, y ama a Dios. La vida meramente aparente vive en el mundo, y trata de amar el mundo”.

…/… “La vida verdadera vive en lo invariable. No es, por tanto, capaz ni de fisura ni de desarrollo, así como tampoco lo invariable en que vive es capaz de tal fisura o desarrollo. Es plena en cada momento –la vida más elevada posible- y permanece necesariamente por toda la eternidad lo que es en cada momento. La vida aparente vive sólo en lo pasajero, y no permanece igual a sí misma en dos momentos seguidos. Cada instante futuro disuelve y destruye el precedente. Y así la vida aparente se transforma en un morir ininterrumpido, y vive sólo muriendo, y en el morir.

Hemos dicho que la vida verdadera es bienaventuranza por sí misma, y la vida aparente necesariamente desdichada y mísera. La posibilidad de todo gozo, alegría, bienaventuranza, o con cualquier palabra con que quieran ustedes comprender la conciencia general del ser pleno (Wohlsein), se fundamenta en el amor, la tendencia, el impulso. Ser uno con el amado y estar íntimamente fundido con él, eso es la bienaventuranza. Estar separado y arrancado de él, sin poder dejar de tender a él anhelándolo, eso es la miseria. Lo siguiente es la relación del fenómeno, o de lo efectivo y finito, con el ser absoluto, o lo infinito y eterno. Lo ya citado arriba, que tendría que llevar el fenómeno y mantenerlo en la existencia, si es que debiera existir sólo como fenómeno, y que prometimos caracterizar enseguida, era el anhelo por lo eterno. Este impulso a quedar unificado y a fundirse con lo invariable es la raíz más íntima de toda existencia finita, y es inextirpable de toda rama de esta existencia. Si es que esta rama no debe hundirse en el completo no-ser. Más allá de este deseo en el que descansa toda existencia finita, y desde él, o se llega a la vida verdadera, o no se llega. Ahí donde se llega a la vida  y se irrumpe en ella este deseo oculto se aclara y se comprende como amor a lo eterno. El hombre vivencia lo que realmente quiere, ama y necesita. Esta necesidad puede ser satisfecha siempre y bajo cualquier condición: lo eterno nos rodea sin interrupción y se nos ofrece, y no tenemos otra cosa que hacer más que tomarlo. Una vez tomado ya no se puede perder jamás. El verdadero viviente lo ha tomado, y en cada momento de su existencia lo posee para siempre completo, indiviso y en toda su plenitud, y es, por tanto, bienaventurado en la unificación con el amado, fija e imperturbablemente convencido de que lo gozará por toda la eternidad y asegurado con ello frente a toda duda, preocupación o temor”.

La exhortación a la vida bienaventurada, Primera lección

   MAHARISHI:

-“El propósito de la creación es la expansión de la bienaventuranza”

-“El Ser es bienaventuranza en su naturaleza. Es felicidad infinita. La mente siempre se mueve en la dirección de la mayor felicidad”

-“Esta es la gloria de la naturaleza del Yo. Habiendo vuelto a casa, el viajero encuentra la paz. La intensidad de la felicidad está más allá de lo superlativo. La bienaventuranza de este estado elimina la posibilidad de cualquier sufrimiento,  grande o pequeño. La oscuridad no puede penetrar en la luz resplandeciente del sol, Del mismo modo, ningún sufrimiento puede penetrar en la conciencia de bienaventuranza, ni la conciencia de bienaventuranza puede conocer un logro mayor que ella misma. Este estado de autosuficiencia da firmeza en uno mismo y plenitud en la satisfacción eterna”.

On the Bhagavad Gïtâ, VI, 20

CITAS VÉDICAS:

“Ese (estado) en el  que el pensamiento,

asentado gracias a la práctica del Yoga,

se retira, en el que, viendo el Yo sólo

por el Yo, encuentra satisfacción en el Yo;”

“Conociendo eso que es gozo infinito

y que, yaciendo más allá de los sentidos,

es ganado por el intelecto, y establecido

en ello, verdaderamente ya no oscila”

(Bhagavad Gîtâ, VI,  20-21)

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“Recogido así siempre en sí mismo,

el yogui, libre de mancha,

alcanza fácilmente el contacto

con Brahman, que es gozo infinito”

(Bhagavad Gîtâ, VI, 28)

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“Aquello que es infinito es felicidad. No hay felicidad en lo finito. Sólo lo infinito es felicidad”.

Chândogya Upanishad, VII, 23.

“Habiendo realizado esto, de nuevo se acercó a su padre Varuna con la petición: ¡Oh reverendo señor, enséñame que es Brahman’!. Varuna le dijo: ‘Anhela conocer Brahman por medio de tapas, tapas es Brahman.’ Practicó tapas. Habiendo practicado tapas realizó que la bienaventuranza (ânanda) es Brahman. Porque de la bienaventuranza nacen verdaderamente todos los seres, una vez nacidos, son sostenidos por la bienaventuranza,  hacia ella se mueven y en la bienaventuranza se disuelven. Este conocimiento (vidyâ) realizado por Bhrigu e impartido por Varuna que comienza en el yo hecho de alimento, culmina en la bienaventuranza suprema que reside en el campo trascendental (parame vyoman). Aquel que lo conoce así se establece firmemente (en la bienaventuranza suprema que es Brahman).”

Taittirîya Upanishad, III, 5-6

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Publicado el 13/06/2011 en BHAGAVAD GITA, CIENCIA VÉDICA, CONCIENCIA DE UNIDAD, CONCIENCIA DIVINA, CONCIENCIA PURA, ESTADOS SUPERIORES DE CONCIENCIA, FICHTE, MAHARISHI, MEDITACIÓN, TEXTOS, UPANISHADS, VIDEOS. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

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