PLOTINO: LA REALIDAD ÚLTIMA

“Puesto que lo Uno es el objeto de nuestra investigación y que examinamos el origen de todas las cosas, el Bien y lo Primero, no hay que alejarse de aquellos objetos que son vecinos de los primeros y caer en los últimos de todos; hay que recogerse desde los objetos sensibles que son los últimos de todos hasta los objetos primeros; hay que estar libre de todos los vicios, porque  tendemos hacia el Bien, hay que remontarse al principio interior de uno mismo y convertirse en un sólo ser en lugar de muchos, si se debe contemplar el principio y lo Uno. Hay que convertirse en Inteligencia, confiar nuestra mente a la Inteligencia y velar por ello, con el fin de que se despierte para recibir el objeto de la visión de la Inteligencia; es necesario contemplar lo Uno por la Inteligencia, sin añadir ninguna sensación, sin admitir en la Inteligencia nada que venga de la sensación; es necesario contemplar el más puro de los objetos con la Inteligencia pura y por medio de aquello que hay de originario en la Inteligencia…./… Ya que puesto que la naturaleza de lo Uno es el origen de todo, no es nada de lo que genera. No es una cosa, no tiene cualidad ni cantidad, no es ni Inteligencia ni mente, no está en movimiento ni en reposo, no está  en el espacio ni en el tiempo, existe en sí mismo, una esencia aislada de las demás, o más bien carece de esencia porque es anterior a toda esencia, anterior al movimiento y al reposo, ya que estas propiedades se encuentran en el ser y lo hacen múltiple.”

Enéadas, VI, 9, 3

“Igualmente la inteligencia, poniendo un velo sobre los otros objetos y recogiéndose en su intimidad, ya no ve más ningún objeto; contempla entonces una luz que no existe en ninguna otra cosa, pero que se le aparece de repente, sola, pura y existiendo en sí misma.”

 “…/… la inteligencia entonces permanece inmóvil en su contemplación; ya no contempla sino lo Bello, se vuelve y se entrega completamente, elevada y llena de vigor ve como se hace más bella y más brillante, porque está cerca de lo Primero. Este, sin embargo, no viene,…/…, si viene es sin venir; y aparece, aunque no venga, porque está ahí antes que todas las cosas, incluso antes de la llegada de la inteligencia. Es la inteligencia la que se ve obligada a ir y venir, porque no sabe donde debe permanecer y donde reside lo Primero, que no está en ninguna otra cosa. Si fuera posible para la inteligencia no estar en ningún lugar, no dejaría de ver lo Primero o, más bien, no lo vería, sino que sería una con ello. Pero, debido a que es inteligencia, lo contempla y lo contempla por medio de aquella parte en ella que no es inteligente.

¡He aquí una gran maravilla, ciertamente!. ¡No ha venido y está ahí!. ¡No está en ningún lugar y no hay lugar donde no esté!.”

“El Principio, no teniendo nada antes que él, no tiene nada que lo contenga; no teniendo nada que lo contenga, y puesto que todas las cosas existen en aquellas que están antes de ellas, contiene todas las demás cosas. Las contiene, pero no se disipa en ellas. Las posee y no es poseído por ellas. Pero si las posee sin ser poseído por ellas, no hay lugar donde no esté; ya que si no estuviera presente, no las poseería. Por otro lado, puesto que no es poseído, no está en ellas. Así pues, está y no está; no estando contenido en ellas, no está; pero, siendo independiente de todo, nada impide que no esté en todas partes. …/… Puesto que es cierto que no está en ningún lugar y puesto que es falso que esté en algún lugar, no puede estar alejado de nada, por no estar en otro. Pero si no está alejado de nada sin estar en ningún lugar, estará en todas partes en sí mismo. No tiene una de sus partes aquí y otra allí, ni tampoco está todo entero aquí; está todo entero en todas partes, porque no existe nada que lo posea ni que no lo posea, porque, pues, no existe nada que no sea poseído por él.

Mirad este mundo: puesto que no hay ningún mundo antes que él, él mismo no está en el mundo ni en lugar alguno, ya que, ¿antes de la existencia del mundo, qué lugar había?. Todas sus partes dependen de él y están en él. A su vez, la mente no está en el mundo, sino que el mundo está en ella, puesto que el cuerpo no es lugar para la mente. La mente está en la inteligencia, el cuerpo está en la mente, la inteligencia está en otro principio. Pero este otro principio no tiene ya algo diferente en lo cual pudiera estar, no está, por tanto, en nada y, en este sentido, no está en ningún lugar. ¿Dónde están pues las otras cosas?. En él. Así pues no está alejado de las demás cosas, aunque no esté en ellas; y no es cierto que no posea ninguna, sino que las posee todas. Por esta razón es el bien de todas, todas ellas están unidas a él y cada una de un modo diferente. Y son más perfectas unas que otras, porque tienen más del ser unas que otras.”

Enéadas, V, 5, 7-9

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Publicado el 08/06/2011 en CONCIENCIA DE UNIDAD, ESTADOS SUPERIORES DE CONCIENCIA, FILOSOFÍA GRIEGA, MEDITACIÓN, PLOTINO, TEXTOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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