SPINOZA: EL SABIO Y LA FELICIDAD

“La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma, y no gozamos de ella porque reprimamos nuestras concupiscencias, sino que, al contrario, podemos reprimir nuestra concupiscencias porque gozamos de ella.”

 Demostración: La felicidad consiste en el amor hacia Dios, y este amor brota del tercer género de conocimiento; por ello, dicho amor debe referirse al alma en cuanto que obra, y, por ende, es la virtud misma; que era lo primero. Además, cuanto más goza el alma de este amor divino, o sea, de esta felicidad, tanto más conoce, esto es, tanto mayor poder tiene sobre los afectos, y tanto menos padece por causa de los afectos que son malos. Y así, en virtud de gozar el alma de este amor divino o felicidad, tiene el poder de reprimir las concupiscencias; y, puesto que la potencia humana para reprimir los afectos consiste sólo en el entendimiento, nadie goza entonces de esa felicidad porque reprima sus afectos, sino que, por el contrario, el poder de reprimir sus concupiscencias brota de la felicidad misma.

Escolio: Con esto concluyo todo lo que quería mostrar acerca del poder del alma sobre los afectos y la libertad del alma. En virtud de ello, es evidente cuánto vale el sabio, y cuánto más poderoso es que el ignorante, que actúa movido sólo por la concupiscencia. Pues el ignorante, aparte de ser zarandeado de muchos modos por las causas exteriores y de no poseer jamás el verdadero contento del ánimo, vive, además, casi inconsciente de sí mismo, de Dios y de las cosas, y, tan pronto como deja de padecer, deja también de ser. El sabio, por el contrario, considerado en cuanto tal, apenas experimenta conmociones del ánimo, sino que consciente de sí mismo, de Dios y de las cosas con arreglo a una cierta necesidad eterna, nunca deja de ser, sino que siempre posee el verdadero contento del ánimo. Si la vía que, según he mostrado, conduce a ese logro parece muy ardua, es posible hallarla, sin embargo. Y arduo, ciertamente, debe ser lo que tan raramente se encuentra. En efecto: si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera conseguirse sin gran trabajo, ¿cómo podría suceder que casi todos la desdeñen?. Pero todo lo excelso es tan difícil como raro.”

                                Etica, Parte V, Prop. XLII.

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Publicado el 08/05/2011 en CONCIENCIA DE UNIDAD, ESTADOS SUPERIORES DE CONCIENCIA, TEXTOS, VIDEOS. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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