PLATÓN: LA BELLEZA ÚLTIMA

-“Y volviendo sus ojos hacia el océano abierto de la belleza hallará en esa contemplación la semilla del discurso más fecundo y del pensamiento más elevado, y recogerá una cosecha dorada de filosofía, hasta que confirmado y fortalecido, llegará ante una forma unificada de conocimiento, el conocimiento de la belleza del cual voy a hablar.

 -Y aquí, dijo (ella) debes seguirme tan de cerca como puedas.

 -Quien haya sido así iniciado en los misterios del amor y haya contemplado todos los aspectos de lo bello en la sucesión debida, llegará por fin ante la revelación final. Y entonces, Sócrates, resplandecerá ante él esa visión maravillosa que es el alma misma de la belleza que ha perseguido durante tanto tiempo. Es una belleza eterna que no viene ni va, que no florece ni se marchita, puesto que esta belleza es siempre la misma en todo aspecto, la misma antes y ahora, aquí o allí, desde este punto de vista o desde el otro, la misma para este adorador como para cualquier otro.

No tendrá su visión de lo bello la forma de un rostro, ni de unas manos, ni de nada que sea de la carne. No serán palabras, ni conocimiento, ni algo que exista en otra cosa, tal  como una criatura viva, o la tierra, o los cielos, ni nada de lo que existe – sino que existiendo en sí misma y por sí misma en una unidad eterna, en tanto que toda cosa bella participa de ella de modo tal que, por mucho que las partes aumenten o disminuyan, no será más ni menos, sino todavía la misma totalidad inviolable.

…./…“Y si, mi querido Sócrates, continuó Diotima, la vida humana merece ser vivida, es cuando se ha alcanzado esta visión del alma misma de la belleza. Y una vez que la hayas visto, nunca más volverás a ser seducido por el encanto del oro, de los vestidos, de los jóvenes o los adolescentes bellos; ni te ocuparás para nada de las bellezas que solían suspender tu respiración y encender tal anhelo en ti y en otros muchos como tú, …/…

Pero si le fuera dado al hombre contemplar el ser mismo de la belleza – pura, sin mezcla y liberada de la mancha mortal que sigue a los frágiles encantos de la sangre y la carne – si, dijo, le fuera dado al hombre contemplar directamente la belleza divina, ¿acaso dirías, me preguntó, que no es envidiable la vida de aquel cuyos ojos han sido abiertos a esta visión y que la ha alcanzado en una contemplación verdadera hasta hacerla suya para siempre?

¿Y recuerda -dijo- que sólo entonces, cuando vea la belleza en sí misma por medio de aquello que la hace visible, el hombre será movido por la verdadera virtud y no por la aparente – porque es la virtud misma lo que le mueve y no la apariencia de la virtud. Y cuando haya dado a luz y cosechado esta virtud perfecta, debería ser llamado el amigo de dios, y si a algún hombre le es posible la inmortalidad, a él debería reconocérsele”.

Banquete, 210 e-212a

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Publicado el 14/04/2011 en CONCIENCIA DE UNIDAD, CONCIENCIA PURA, ESTADOS SUPERIORES DE CONCIENCIA, FILOSOFÍA GRIEGA, PLATÓN, TEXTOS. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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