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FICHTE: EL CUARTO ESTADIO DE LA VIDA ESPIRITUAL

La exhortación a la vida bienaventurada, X.

“Como estaciones de la vida espiritual hemos conocido cinco estadios fundamentales de la posible visión del mundo, y a través de estos la vida, que al comienzo era sólo una visión fría y desinteresada se ha ido vigorizando…./… Esta descripción de una vida espiritual que se ha elevado a los niveles superiores se hace conceptualmente más oscura para la mayor parte de una época que está hundida y sólo alcanza los ámbitos más alejados, y se hace más difícil de comprender, tanto para una experiencia espiritual propia como para un conocimiento de oídas”.

…/…

“Las expresiones de la filosofía son sólo abreviaciones del discurso para recordar en poco tiempo algo ya visto antes en una visión inmediata. Y para quien no participe de esta visión, pero sólo para él, son formulaciones vacías que no significan nada”.

La exhortación a la vida bienaventurada. Octava lección.

“La cuarta visión del mundo es la que resulta del estadio de la religión. La cual, en caso de que procediera de la tercera visión ya descrita, y estuviera vinculada con ella, tendría que ser descrita como el conocimiento claro de que lo santo, lo bello y lo bueno, no es un engendro nuestro, o el engendro de un espíritu, luz o pensar en sí mismos banales, sino que es inmediatamente la manifestación de la esencia interior de Dios en nosotros, como la luz, su expresión y su imagen, total y absolutamente y sin reservas, tal como su esencia interior es capaz de manifestarse en una imagen. Ésta, la visión religiosa, es la intelección para cuya generación hemos trabajado en las lecciones anteriores, y que ahora, en vinculación a su fundamento, queremos expresar más fuerte y determinadamente.

  1. Sólo Dios es, y nada fuera de Él. Una proposición, me parece, claramente inteligible, y la condición exclusiva de toda visión religiosa.
  2. Diciendo nosotros de este modo: Dios es, tenemos un concepto totalmente vacío, que no da en absoluto ninguna información sobre la esencia interior de Dios. ¿Qué podríamos responder, a partir de este concepto, a la pregunta?, “¿qué es entonces Dios?” El único posible añadido, que Él es absolutamente por sí, mediante sí, en sí, no es sino la forma fundamental de nuestro entendimiento, mostrada a él, y no dice nada más que nuestra manera de pensarlo. Y esto es sólo negativamente, y tal como no debemos pensarlo, es decir, no debemos deducirlo a partir de otro, tal como hacemos con otros objetos de nuestro pensar, forzados por la esencia de nuestro entendimiento. Este concepto de Dios es, por tanto, un concepto oscuro sin contenido. Y diciendo, Dios es, Él no es para nosotros internamente nada, y se transforma, mediante este mismo decir en nada.
  3. Pero ahora Dios entra en nosotros, como lo hemos contrapuesto antes a menudo, fuera de este concepto oscuro vacío, en su vida real, verdadera e inmediata. O dicho con más fuerza: nosotros mismos somos su vida inmediata. Pero de esta vida divina inmediata no sabemos nada: y como según nuestra expresión, nuestra propia existencia, que nos pertenece, sólo es aquello que podemos comprender en la conciencia, entonces permanece nuestro ser en Dios, en la raíz, siempre que pueda ser el nuestro, eternamente ajeno a nosotros, y por tanto, de hecho y verdaderamente, para nosotros mismos no nuestro propio ser. Con esta intelección no hemos mejorado en nada y permanecemos tan lejos de Dios como antes. No sabemos nada de esta vida divina inmediata, dije. Ya que, con el primer golpe de conciencia, se transforma en un mundo muerto, que se fragmenta además en cinco estadios de su posible visión. Debe ser siempre Dios el que vive tras todas estas figuras. No lo vemos, sino sólo sus velos. Lo vemos como piedra, hierba, animal, o si nos elevamos más, lo vemos como ley natural, o como ley moral, pero nada de esto es Él. Siempre la forma nos oculta la esencia, siempre nuestro propio ver nos oculta el objeto, y siempre nuestro ojo se pone en medio para nuestro propio ojo. A ti que te quejas, te digo: elévate al estadio de la religión, y todos los velos desaparecerán. El mundo transcurre para ti con su principio muerto, y la propia divinidad entra de nuevo en ti, en su forma primera y originaria, como vida, como tu propia vida, que debes vivir y vivirás. Pero todavía permanece la forma una, inextirpable de la reflexión, la infinidad de esta vida divina en ti, que en Dios es absolutamente sólo una. Pero esta forma no te oprime, ya que la anhelas y la amas: esta forma no te confunde, ya que eres capaz de explicarla. En lo que el hombre santo hace, vive y ama, no se muestra Dios en sombras, ni cubierto por un velo, sino en su propia vida inmediata y enérgica. Y la pregunta, irresoluble desde el concepto vacío de Dios, de qué es Dios, se responde aquí: Él es aquello, que hace el entregado a Él, y el entusiasmado por Él. ¿Quieres ver a Dios, tal como es en sí mismo, y frente a frente? No lo busques más allá de las nubes. Tú sólo puedes encontrarlo ahí donde tú eres. Mira la vida de los entregados a Él, y la verás. Entrégate tú mismo a Él, y lo encontrarás en tu pecho. Ésta es la visión del mundo y del ser del estadio de la religión”.

La exhortación a la vida bienaventurada, IX.

“…/…La auténtica y verdadera religiosidad no es exclusivamente contemplativa y reflexiva, ni incuba sólo sobre pensamientos memorizados, sino que es necesariamente activa. Consiste, como hemos visto, en la conciencia interior de que Dios vive en nosotros, y es activo y plenifica su obra. Pero si esto no se hace en nosotros una vida efectiva, ni sale de nosotros ninguna actividad, ni ninguna obra manifiesta, entonces Dios no es activo en nosotros. Nuestra conciencia de la unificación con Dios es entonces confusa y vana. Una mera imagen oscura de un estado que no es el nuestro. Tal vez la comprensión general pero muerta de que tal estado es posible y tal vez efectivo en otro, con quien en cambio no se tiene nada que ver. Estamos escindidos del ámbito de la realidad, y de nuevo desterrados en el del oscuro concepto vacío. Esto último es fanatismo y fantasía, porque no le corresponde ninguna realidad. Y este fanatismo es uno de los errores del misticismo, del que hemos hablado antes, y que hemos opuesto a la verdadera religión. Mediante la actividad viviente se diferencia la verdadera religiosidad de este fanatismo. La religión no es una mera fantasía aprendida de  memoria, he dicho: la religión no consiste en un negocio que se pueda separar de otros negocios, y ser practicado en ciertos días y horas. Sino que es el espíritu interior que penetra, vivifica y muestra en sí todo nuestro pensar y actuar, que por lo demás sigue su camino ininterrumpido. Que la vida y el imperio divino vive realmente en nosotros, es inseparable de la religión, dije. Pero no viene, como quise mostrar con lo dicho sobre el tercer estadio, a la esfera en que se actúa. A quien eleva su conocimiento a los objetos de la moralidad superior, si lo arrebata la religión vivirá y actuará en esta esfera, porque éste es su oficio propio. Quien tenga uno inferior, le será santificado mediante la religión, y recibe mediante ella, si no la materia, sí al menos la forma de la moralidad superior, a la que no corresponde sino amor y reconocer su negocio como la voluntad de Dios para nosotros y en nosotros. Si alguien colocara su campo en esa fe, o practicara la artesanía humilde con fidelidad, sería superior y más bienaventurado que aquel que sin esta fe, si esto fuera posible, hiciera feliz por milenios a la humanidad.

Por tanto, ésta es la imagen y el espíritu interior del verdadero religioso: él comprende su mundo, el objeto de su amor y su tendencia, no como un gozo cualquiera. No porque el engaño o el miedo supersticioso le represente el gozo y la alegría como algo pecaminoso, sino porque sabe que ningún gozo puede darle verdadera alegría. Comprende su mundo como un hacer, que él vive sólo porque es su mundo, y sólo quiere vivir en él, y sólo en él encuentra todo gozo de sí mismo. Pero no quiere este hacer para que su resultado se haga efectivo en el mundo sensible. Como tampoco le preocupa de hecho el éxito o el fracaso, sino que vive sólo en el hacer, puramente como hacer: sino que lo quiere porque es la voluntad de Dios en él, y su propia parte auténtica en el ser. Y así transcurre su vida completamente fácil y pura, no conociendo otra cosa, ni queriendo o pretendiendo salirse jamás de este estado, no seducido o afectado por nada fuera de él”.

La exhortación a la vida bienaventurada. Quinta lección.

“Toda nuestra doctrina, como el fundamento de todo aquello que aquí podemos decir, pero sobre todo de aquello que jamás podremos decir, ha quedado ahora clara y determinada, y se puede abarcar de un vistazo. No hay en absoluto ningún ser ni ninguna vida fuera de la vida divina inmediata. Este ser se oculta y oscurece de muchas formas en la conciencia, según las leyes propias e inextirpables de la conciencia fundamentadas en su esencia. Pero, liberado de todo ocultamiento y sólo modificado a través de la forma de la infinitud, se manifiesta en la vida y el actuar del hombre entregado a Dios. En este actuar no actúa el hombre, sino que el mismo Dios, en su ser y esencia originarios internos, es quien actúa en él, y a través de Él el hombre realiza su obra.”

La exhortación a la vida bienaventurada. Sexta lección.

MAHARISHI: CONCIENCIA DE UNIDAD Y MÁS ALLÁ

El conocimiento se desarrolla en base a la experiencia:

“Durante tres, cuatro, cinco años hablamos de la conciencia pura, la Conciencia Trascendental, pero cuando las personas empezaron a expresar sus experiencias, fue necesario ir más allá de los límites de la Conciencia Trascendental. Surgieron algunas experiencias que dieron expresión a la Conciencia Cósmica, y lo que resplandeció a su alrededor durante seis años fue Conciencia Divina. Entonces, repentinamente las experiencias dieron lugar a que expresáramos la (Conciencia de) Unidad. Luego alguien dijo algo y no me pude resistir – Conciencia de Brahman. Un desarrollo tan maravilloso del conocimiento, el crecimiento de la totalidad…/… Las experiencias surgen en base a la propia naturalidad de la vida”.

Conferencia en Arosa, Suiza, 27 de junio de 1974.

De Conciencia de Dios a Conciencia de Unidad:

“…/… uno reconoce la realidad de cómo lo Absoluto se expresa en lo relativo múltiple…/… cuando uno ve claramente el proceso de la creación…/… Y entonces lo que encuentra es que la diversidad de lo relativo llega a su fin y llega a ese valor de lo relativo más sutil que es simplemente la naturaleza de lo Absoluto, la naturaleza vibrante de lo Absoluto. Y este es el nivel de conciencia que comienza a reconocer muy claramente en un lado el Absoluto inmanifiesto y en el otro este impulso relativo más tenue, más sutil, que es el comienzo de la creación – y al igual que la semilla brota, lo Absoluto brota – y brota como una reverberación de la totalidad de lo Absoluto en el impulso relativo más tenue de la existencia…/… Uno conoce el Ser absoluto, completamente quieto cual un océano, omnipresente, sin actividad, como el impulso más refinado de acción – es decir, la base de toda la diversidad relativa”.

Conferencia en Seelisberg, Suiza, 15 de octubre de 1973.

“El nivel que es lo más elevado en lo relativo es uno con el Absoluto…/…El rosa más tenue del pétalo y la savia incolora son dos caras de la misma moneda. Lo relativo supremo no tiene que trascender – lo trascendental ya está junto con ello. Por esta razón la transformación de Conciencia de Dios a Unidad no es un fenómeno. Es sólo el conocimiento que estaba oculto y ahora se ha desplegado. En Conciencia de Dios, cuando lo relativo supremo es una realidad normal de la vida diaria, la Unidad queda expuesta. ¿Expuesta a quién?. A sí misma. ¿Por quién?. Por sí misma. ¿Para quién?. Para sí misma. Nada participa en la transformación de Conciencia de Dios a Unidad excepto la Unidad misma. El logro más elevado de la vida es llevado a cabo tan sólo por lo que la propia vida es. Un fenómeno sólo es posible en lo relativo”.

Conferencia en Rishikesh, India, primavera de 1970.

De Conciencia de Unidad a Conciencia de Brahman:

“Ahora, en los primeros días de la Unidad el objeto que constituye el foco principal de la atención es apreciado en términos del Yo. Este objeto es visto – los ojos caen sobre él – este objeto es apreciado en términos del sujeto. Pero los ojos no sólo caen sobre esto, hay toda una parafernalia en el fondo. El foco primario está sobre este clavel, el foco secundario sobre la mesa, el foco terciario sobre el piso, el cuarto foco está sobre este lado. Así, pues, hay grados en el foco. En los primeros días de la Unidad sólo el primer foco – el objeto de atención primaria – es apreciado en términos del Yo, y cuando este estado es vivido durante algún tiempo el objeto del segundo foco también participa del mismo valor. Un poco más de práctica, algún tiempo más viviendo la Unidad, e incluso los objetos del tercer grado del foco y después los del cuarto grado del foco (están en términos del Yo). Del mismo modo, a medida que comenzamos a vivir el medio ambiente próximo en términos del Yo, la capacidad para apreciar los valores más lejanos del medio ambiente en términos del Yo sigue creciendo. Y llega un momento cuando todo el universo galáctico, que ni siquiera podemos ver – todo es conocido de forma concreta y apreciado en términos del Yo. Y este es el último extremo de la Conciencia de Unidad que, debido a su característica diferente, ha recibido un nombre, Conciencia de Brahman. Es la Conciencia de Unidad, sólo que es la expansión de la Unidad”.

Conferencia en Seelisberg, Suiza, 4 de octubre de 1973.

La naturaleza de Conciencia de Brahman:

“La Conciencia de Brahman es más que la suma total de las experiencias de la Unidad. Todas estas experiencias están descritas en las expresiones de las Upanishads. Todas estas experiencias juntas crean un todo que es más que el conjunto de las partes…/… crean un despertar, crean un conocimiento y este conocimiento estimula la conciencia a un valor que es conocido como “lo Grande” – Brahman. Así pues Brahman es el estado de conocimiento estimulado por las partes del conocimiento contenidas en las Upanishads, pero tomadas en un valor holístico…/…Estas descripciones del Absoluto se convierten en partes, y cuando son puestas juntas se produce una cierta totalidad. Y con el fin de aclarar que es esa totalidad, Vyâsa tuvo que estructurar expresiones, y estas son los Brahma Sûtras: los sûtras de Brahman, los hilos que tejen la tela de Brahman a partir de los hilos de las Upanishads puestos juntos…/… El valor completo del conocimiento de las Upanishads, en el nivel de la comprensión, y el valor completo de las experiencias de Unidad en la vida diaria, en el nivel de la experiencia – ambos juntos son el tema del cual tratan los Brahma Sûtras”.

“Así los Brahma Sûtras se yerguen como las expresiones del conocimiento supremo. Si no hubieran estado ahí, el conjunto de las experiencias de Unidad habría permanecido sólo como el conjunto de las experiencias de Unidad en sus segmentos – miles de experiencias, una tras otra…/… Este tipo de experiencia es como experimentar esta columna aquí, esta columna aquí, esa columna ahí, esa columna allí – no hay la oportunidad de que todas las columnas se experimenten en una visión y den lugar a la experiencia de la casa como un todo. Las experiencias de Unidad son muy profundas, muy hermosas, una tras otra, pero no hay la oportunidad de que esa totalidad de experiencia – ese valor infinito, enormemente ilimitado de experiencia – surja, que es mayor que el conjunto de las partes de esas experiencias. Vyâsa lo hizo posible gracias al conocimiento que nos entregó (dió)…/… Este despertar habría quedado para algunas personas muy, muy afortunadas si Vyâsa no hubiera llegado con sus Sûtras …/… Pero cuando las experiencias están creciendo – las cosas (experimentadas una tras otra) en términos de mi propio Yo – y entonces los Brahma Sütras están disponibles, inmediatamente uno comienza a sonreir (y piensa), “Oh sí” – simplemente porque este despertar está en el nivel del  intelecto …/… el conocimiento supremo…/…”

“Este despertar no es posible por experimentar una cosa tras otra en términos del Yo, o por comprender esto en términos del Absoluto y eso en términos del Absoluto …/…Vyâsa, cuya sabiduría era tan excelsa, nos dió ese conocimiento supremo, esos impulsos de los sûtras, esos impulsos de conocimiento, que nos permiten vivir en la vida diaria esa totalidad que es más que el conjunto de las partes de la experiencia de la Unidad”.

Conferencia en Biarritz, Francia, 14 de diciembre de 1975.

KABIR: POEMAS

Allá,
no hay lluvia,
océano, sol, ni sombra.
Allá,
no hay creación ni destrucción,
ni vivos ni moribundos,
ni la huella de la tristeza o la alegría.
Allá,
no hay ni soledad ni meditación.
nada es medido, nada desperdiciado,
nada es ligero, nada pesado.

Allá, nadie es poderoso ni débil.
Allá, no hay ni noche ni día.
Allá, no hay agua, aire, ni fuego.
Allá, sólo el verdadero Gurú
lo permea todo.

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¿Cómo podría yo jamás pronunciar
esas palabras misteriosas?
¿Cómo podría yo decir:
Él no es como esto y es como aquello?
Si digo que Él está en mí,
el universo se escandaliza de mis palabras.
Si digo que está fuera de mí, miento.
De los mundos internos y externos,
Él hace una unidad indivisible.
Lo consciente y lo inconsciente
son los taburetes de sus pies.
Ni se manifiesta ni se oculta; no es revelado ni irrevelado.
No hay palabras para decir lo que Él es.

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Entre los polos de lo consciente y de lo inconsciente,
el espíritu oscila.
Es el columpio donde están suspendidos
todos los seres y todos los mundos,
cuya oscilación nunca cesa.
A él se aferran millones de seres;
en él se columpian la luna y el sol en su carrera.
Transcurren millones de edades,
y el columpio sigue con su movimiento.
Todo oscila: el cielo y la tierra, el aire y el agua,
y el Señor mismo ahí personificado.
Y la visión de todo ello
ha hecho de Kabir el servidor de su Dios.

********

Cada morada enciende sus lámparas.
Como eres ciego, no las ves.
Un día tus ojos se abrirán de pronto y verás,
y las cadenas de la muerte caerán por sí solas.
Nada qué decir, nada qué escuchar, nada qué hacer.
Aquel que vive, aunque muerto, no morirá jamás.
Porque vive en soledad dice el asceta
que su casa está muy lejos.
Tu Señor está junto a ti, y sin embargo
trepas a lo alto de la palmera para buscarlo.
El sacerdote brahmán va de casa en casa
para iniciar al pueblo en la fe.
Pero ¡ay!, la verdadera fuente de vida está a tu lado,
mientras te pones a adorar la piedra
que tú mismo levantaste.

Kabir dice:
No puedo decir cuán adorable es mi Señor.
El ascetismo, el rosario, las virtudes y los vicios,
nada de todo ello existe para Él.

Todas las cosas son creadas por Dios.
El Amor es Su cuerpo.
No tiene forma ni cualidad ni decadencia.
Trata de unirte a Él.
Ese Dios indeterminado
toma millares de formas a los ojos de las criaturas:
es puro e indestructible.
Su forma es infinita e insondable.
Danza extasiado,
y Su danza describe mil formas vaporosas.
El cuerpo y el espíritu desbordan felicidad
cuando los toca Su gozo infinito.
Está inmerso en toda conciencia,
en todo júbilo, en todo dolor.
No tiene principio ni fin.
Contiénese entero en su Beatitud.

********

La misericordia de mi verdadero Maestro
es la que me ha dado a conocer lo desconocido.
Por Él sé caminar sin pies, ver sin ojos, oír sin orejas,
beber sin labios, volar sin alas.
En el país donde no hay ni sol, ni luna, ni noche, ni día, he amado y he meditado.
Sin comer, he saboreado la dulzura del néctar;
sin agua, he aplacado mi sed.
El gozo compartido es la plenitud del gozo.
¿Ante quién podría expresarse jamás?
Kabir dice:
Mi Maestro es más grande que los mundos,
e inmensa la buena ventura de su discípulo.

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Ante lo incondicionado danza lo condicionado.
“Tú y yo no somos más que uno”,
proclaman las trompetas.
El Maestro avanza y saluda a su discípulo:
tal es la mayor de las maravillas.

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Gorakhmatte le pregunta a Kabir:
-Dime, ¡oh Kabir!, ¿cuándo comenzó tu vocación?
¿Dónde nació tu amor?
Kabir responde:
-Cuando Aquel, cuyas formas son múltiples,
aún no había empezado su representación;
cuando no había ni maestro ni discípulo;
cuando todavía no existía el mundo;
cuando el Uno supremo estaba solo,
entonces fue cuando me hice asceta;
entonces, ¡oh, Gorakh!
Brahma atrajo mi corazón hacia Él.
Cuando me instruí en la doctrina de los ascetas,
Brahma no estaba coronado, ni Vishnú ungido de rey,
ni había nacido aún la potencia de Shiva.
Fue en Benarés donde tuve una revelación repentina,
y Ramananda me iluminó.
Traía conmigo la sed del infinito,
he acudido a la cita de mi Dios.
Con toda simplicidad me uniré con la simple Unidad.
Y surgirá mi amor.
¡Marcha, oh, Gorakh, al ritmo de esa música!

********
Sobre ese árbol hay un ave;
danza en el gozo de la vida.
Nadie sabe dónde está.
¿Y quién podrá decir el estribillo de su canción?
Entre lo más espeso y sombrío del ramaje,
allí tiene su nido.
Viene de noche y echa a volar por la mañana.
Yo no la comprendo.
Nadie puede decirme qué ave es esa,
la que canta en mi alma.
Sus plumas no tienen color, ni dejan de tenerlo.
No tiene forma ni perfil. Se guarece a la sombra del amor.
Duerme en el seno de lo inaccesible,
de lo infinito y de lo eterno,
y nadie sabe cuándo echa a volar,
nadie sabe cuándo ha de volver.
Kabir dice:
Profundo es el misterio, ¡oh santo hermano!
Deja que los sabios descubran la morada del ave.

100 poemas de Kabir

PLATÓN: EL TIEMPO ES LA IMAGEN MÓVIL DE LA ETERNIDAD

“Cuando su padre y progenitor vio que el universo se movía y vivía como imagen generada de los dioses eternos, se alegró y, feliz, tomó la decisión de hacerlo todavía más semejante al modelo. Entonces, como éste es un ser viviente eterno, intentó que este mundo lo fuera también en lo posible. Pero dado que la naturaleza del mundo ideal es eterna y esta cualidad no se le puede otorgar completamente a lo generado, procuró realizar una cierta imagen móvil de la eternidad y, al ordenar el cielo, hizo de la eternidad que permanece siempre en un punto una imagen eterna que marchaba según el número, eso que llamamos tiempo. Antes de que se originara el mundo, no existían los días, las noches, los meses ni los años. Por ello, planeó su generación al mismo tiempo que la composición de aquél. Éstas son todas partes del tiempo y el «era» y el «será» son formas devenidas del tiempo que de manera incorrecta aplicamos irreflexivamente al ser eterno. Pues decimos que era, es y será, pero según el razonamiento verdadero sólo le corresponde el «es», y el «era» y el «será» conviene que sean predicados de la generación que procede en el tiempo –pues ambos representan movimientos, pero lo que es siempre idéntico e inmutable no ha de envejecer ni volverse más joven en el tiempo, ni corresponde que haya sido generado, ni esté generado ahora, ni lo sea en el futuro, ni en absoluto nada de cuanto la generación adhiere a los que se mueven en lo sensible, sino que estas especies surgen cuando el tiempo imita la eternidad y gira según el número – y, además, también lo siguiente: lo que ha devenido es devenido, lo que deviene está deviniendo, lo que devendrá es lo que devendrá y el no ser es no ser; nada de esto está expresado con propiedad. Pero ahora, quizá, no es el momento oportuno para buscar exactitud.”

Timeo, 37c-38b

Los planetas, los ciclos cósmicos y el Año Perfecto:

“El tiempo (chrônos), por tanto, nació con el universo (kósmos), para que, generados simultáneamente, también desaparezcan a la vez, si en alguna ocasión tiene lugar una eventual disolución suya, y fue hecho según el modelo de la naturaleza eterna para que este mundo tuviera la mayor similitud posible con el mundo ideal pues el modelo posee el ser por toda la eternidad, mientras que éste es y será todo el tiempo completamente generado. La decisión divina de crear el tiempo hizo que surgieran el sol, la luna y los otros cinco cuerpos celestes que llevan el nombre de planetas para que dividieran y guardaran las magnitudes temporales. Después de hacer el cuerpo de cada uno de ellos, el dios los colocó en los circuitos que recorría la revolución de lo otro (Eclíptica), siete cuerpos en siete circuitos, la luna en la primera órbita alrededor de la tierra, el sol, en la segunda sobre la tierra y el lucero (Venus) y el que se dice que está consagrado a Hermes (Mercurio), en órbitas que giran a la misma velocidad que la del Sol pero con una fuerza contraria a él, razón por la que regularmente se superan unos a otros el sol, el planeta de Hermes y el lucero. Si alguien quisiera detallar dónde colocó los restantes planetas (Marte, Júpiter y Saturno) y todas las causas por las que así lo hizo, la argumentación, aunque secundaria, presentaría una dificultad mayor que la que merece su objeto. No obstante, quizá más tarde, con tranquilidad, podamos explicarlo de manera adecuada. Una vez que cada uno de los que eran necesarios para ayudar a crear el tiempo estuvo en la revolución que le correspondía y, tras sujetar sus cuerpos con vínculos animados, fueron engendrados como seres vivientes y aprendieron lo que se les ordenó, comenzaron a girar según la revolución de lo otro, que en un curso oblicuo cruza la de lo mismo (Ecuador Celeste) y es dominada por ella”.

“Unos recorren un círculo mayor y otros, uno menor; los del menor tienen revoluciones más rápidas, los del mayor más lentas. Como giran alrededor de la revolución de lo mismo, los más rápidos parecen ser superados por los más lentos, aunque en realidad los superan. Aquélla, como todos los círculos avanzan en dos direcciones opuestas al mismo tiempo, los retuerce en espiral y hace aparecer al que se aleja más lentamente de ella como si la siguiera más de cerca a ella que es la más rápida. Para que hubiera una medida clara de la lentitud y rapidez relativa en que se mueven las ocho revoluciones, el dios encendió una luz en el segundo circuito contando desde la tierra, la que actualmente llamamos sol, con la finalidad de que todo el cielo se iluminara completamente y los seres vivientes correspondientes participaran del número, en la medida en que lo aprendían de la revolución de lo mismo y semejante. Así y por estas razones, nacieron la noche y el día, el ciclo de tiempo de la unidad de revolución más racional. El mes se produce, cuando la luna, después de recorrer toda su órbita, supera al sol; el año, cuando el sol completa su revolución. Como tan sólo unos pocos entienden las revoluciones de los restantes, ni se las nombra ni, por medio de la observación, se hacen mediciones relativas, de modo que, en una palabra, no saben que sus caminos errantes de una magnitud enorme y maravillosamente variada son tiempo. Sin embargo, es posible comprender que, cuando las velocidades relativas de las ocho órbitas, medidas por el círculo de lo mismo en progresión uniforme, se completan simultáneamente y alcanzan el punto inicial, entonces el número perfecto de tiempo culmina el año perfecto (1). De esta manera y por estos motivos, fueron engendrados todos los cuerpos celestes que en sus marchas a través del cielo alcanzan un punto de retorno, para que el universo sea lo más semejante posible al ser vivo perfecto e inteligible en la imitación de la naturaleza eterna.”

Timeo, 38b-39d

Notas:

1.- El año perfecto o gran año es el tiempo que tardan los 7 astros en volver a coincidir juntos en la misma posición inicial de la Eclíptica en la que comenzaron sus revoluciones, por ej. 0º de Aries. Este período o ‘número perfecto’ se detalla en un pasaje muy oscuro de la República, 546 b-c. Según el cálculo y la interpretación matemática de este pasaje hecha por J. Adam (1891) es de 12.960.000 años solares. Según Platón los ciclos de la historia están también ligados a este ciclo cósmico.

No confundir con el llamado ‘año platónico’ o ciclo equinoccial, el tiempo que tarda el eje de la tierra en describir un giro completo (precesión) alrededor del polo Norte de la Eclíptica y que dura 25.776 años (según las estimaciones actuales).

MAHARISHI: EL DESARROLLO DE LA CONCIENCIA

COMENTARIO DE MAHARISHI:

“”No hay nada en este mundo tan purificador como el conocimiento”: el trabajo de un purificador consiste en primer lugar en purificar los distintos componentes o ingredientes y después de haber liberado los componentes de sus impurezas, presentar la totalidad en su estado puro.

El conocimiento es el purificador de la vida. Purifica la vida, en cuanto que analiza los diferentes aspectos de la existencia y distingue y separa el aspecto eterno del transitorio. Actúa como un filtro que separa el barro del agua fangosa. La naturaleza real de la vida es la conciencia absoluta de bienaventuranza; este agua cristalina de la vida se ha enturbiado al mezclarse con las actividades de las tres gunas. Esto ha resultado en ocultar la eternidad de la vida tras sus aspectos transitorios y siempre cambiantes.

El estado puro del Ser se realiza conociendo los componentes absoluto y relativo de la vida. Este conocimiento llega a la perfección cuando el conocedor consigue una perfecta intimidad con el Ser y llega a ser plenamente consciente de la actividad básica de la vida, la actividad de las tres gunas como algo separado del Ser. La intimidad perfecta con el Ser se obtiene cuando la mente alcanza el estado trascendental de la conciencia. Este es el estado absoluto del conocimiento, que puede ser descrito como el estado de conocimiento puro. Cuando el conocimiento se hace perfecto, llega al estado de puro conocimiento y lleva la vida a la pureza perfecta. De esta manera, el conocimiento elimina la ignorancia, que es la mayor impureza de la vida, y libera la vida del ciclo del nacimiento, la muerte y el sufrimiento.

El aspecto superficial del conocimiento es conocer y entender; la naturaleza real del conocimiento es el estado de conocimiento puro, el estado de conciencia pura o Ser. Considerando el conocimiento de esta forma, vemos que la conciencia trascendental representa la naturaleza real del conocimiento. Otra fase del conocimiento es cuando la conciencia trascendental coexiste con la actividad del estado de conciencia de vigilia. En este estado, cuando la conciencia trascendental se establece de forma permanente en la naturaleza misma de la mente, las fases absoluta y relativa de la vida comienzan a ser apreciadas simultáneamente: el Yo es experimentado como separado de la actividad. Existe todavía otro estado de conocimiento en el que la separación entre el Yo y la actividad se funde en la Unidad de la conciencia de Dios, que es el estado más purificado de la vida, libre de cualquier mancha de impureza. Esta vida de pureza absoluta representa el estado supremo del conocimiento, acerca del cual dice el Señor: “aquel que es perfecto en Yoga, por sí mismo en el curso del tiempo lo encuentra dentro de sí mismo”. Lee el resto de esta entrada

FICHTE: LA VIDA BIENAVENTURADA (2)

“Ahí donde todavía no se ha llegado a la vida verdadera, este anhelo no deja de sentirse en lo más íntimo, pero no se comprende. Todos quieren ser felices, serenos, satisfechos de su situación, pero no saben dónde encontrarán esta felicidad. Qué es aquello que propiamente aman y pretenden, no lo comprenden. Piensan que tendrá que encontrarse en aquello que les sale inmediatamente a sus sentidos y se les ofrece en el mundo; no habiendo presente para el acuerdo espiritual en que se encuentran otra cosa más que el mundo. Valientemente se lanzan a esta caza de la felicidad, apropiándose íntimamente y entregándose amorosamente al primer objeto que les gusta y que promete satisfacer su impulso. Pero en cuanto se vuelven a sí mismos y se preguntan: ¿soy feliz?, se les responde precipitadamente desde lo más profundo de su corazón: oh no, estás todavía más vacío y necesitado que antes. Con lo cual piensan que se han equivocado meramente en la elección del objeto, y se lanzan a otro. Pero éste les satisfará tan poco como el primero: no les satisfará ningún objeto que hay bajo el sol o la luna. ¿Querríamos nosotros que les satisficiera alguno? Justamente eso, que nada finito y caduco les pueda satisfacer, es el único lazo con que aún siguen vinculados a lo eterno y permanecen en la existencia. Si encontraran un objeto finito que les satisficiera plenamente, entonces quedarían precisamente por ello arrancados irremediablemente de la divinidad, y arrojados a la muerte eterna del no-ser”.

…/…

“Quizá renuncien también a la satisfacción para esta vida terrena, pero mantienen por una tradición llegada hasta nosotros una exhortación a la bienaventuranza al otro lado de la tumba. ¡En qué lamentable confusión se encuentran¡ Con toda certeza les aguarda la bienaventuranza al otro lado de la tumba a aquellos para quienes ha comenzado ya en éste, y no de otro modo ni manera más que tal como puede comenzar en cualquier momento. Por el mero dejarse enterrar no se llega a la bienaventuranza. Y en vano buscarán en la vida futura y en la serie indefinida de vidas futuras si la buscan en algo que no sea lo que ya aquí les rodea tan próximamente que en toda la eternidad no se les puede acercar más: en lo eterno. Y así se equivoca el pobre buscador de la eternidad, arrancado de su hogar paterno, siempre rodeado de su herencia celestial, a la que sólo teme extender su tímida mano, mientras en vano se esfuerza en construir en el desierto. Por fortuna, el pronto hundimiento de cada una de sus chozas le recuerda que jamás encontrará la paz y el reposo sino en la casa de su padre”.

…/…

“Ante todo no debería seriamente y en el sentido propio de la palabra atribuirse la vida y la bienaventuranza a nadie que no sea consciente de sí mismo. Toda vida presupone por tanto la autoconciencia, y la autoconciencia es la única capaz de comprender la vida y de transformarla en un objeto de gozo.

Por tanto, la vida verdadera y su bienaventuranza consisten en la unión con lo invariable y eterno. Pero lo eterno única y exclusivamente puede ser alcanzado con el pensamiento, y como tal no nos es accesible de otra manera. Lo uno e invariable se concibe como el fundamento explicativo de nosotros mismos y del mundo”…/… “Y de este modo la vida verdadera y su bienaventuranza consisten en el pensamiento, es decir, en una cierta visión determinada de nosotros mismos y del mundo como procediendo de la esencia divina interior y en sí misma oculta. Y entonces una doctrina de la bienaventuranza no puede ser sino una doctrina del saber, no habiendo otra doctrina más que la doctrina del saber. La vida reposa en el espíritu, en la vitalidad fundada en sí misma del pensamiento, ya que fuera del espíritu no existe nada verdaderamente. Vivir verdaderamente significa pensar verdaderamente y conocer la verdad”.

¿Dónde debería si no tener su elemento la vida y su bienaventuranza, si no la tuviera en el pensar? “…/… “Pero ¿cómo podría un sentimiento, que como tal sentimiento depende en su esencia de una coacción, garantizar su persistencia eterna e inalterable? ¿Cómo podríamos nosotros, con la oscuridad que por el mismo motivo trae consigo el sentimiento, contemplar y gozar eternamente esta persistencia inalterable? No. Sólo la llama del claro conocimiento que se traspasa completamente a sí misma y que posee libremente todo su interior garantiza, mediante esta claridad, su persistencia eterna”…/… “Pero nadie que no abrace amorosamente a la divinidad en un claro concepto se elevará a la verdadera virtud, al actuar auténticamente divino, que genera en el mundo la verdad y el bien desde la nada. Pero quien la ha abarcado de esta forma no podrá actuar de otra forma sin todo su agradecimiento y su querer”.

…/…

“Me he propuesto mostrar el medio y el camino por donde esta vida bienaventurada viene y se trae a sí. Esta exhortación se puede comprender en una única advertencia: no le está concedido al hombre procurarse a sí mismo la eternidad, de lo cual él jamás sería capaz. La eternidad está en él, y le rodea sin interrupción. El hombre sólo debe salirse de lo caduco y vacío, con lo que la eternidad jamás puede unirse, y con esto la eternidad, con toda su bienaventuranza, le vendrá en el acto. Nosotros no podemos procurarnos la bienaventuranza, pero somos capaces de despojarnos de nuestra miseria, y en el acto la bienaventuranza por sí misma ocupará su lugar. La bienaventuranza, como hemos visto, es reposo y persistencia en lo uno. La miseria es estar disperso sobre lo múltiple y plural. Y entonces el movimiento del hacerse bienaventurado (Seligwerden) es el retorno de nuestro amor desde lo plural a lo uno.

Lo disperso sobre la pluralidad está discurrido, vertido y derramado como el agua. Por la lascivia de amar esto, y aquello, y cualquier cosa, no ama nada. Y porque en todas partes quiere sentirse como en su casa, jamás está en ella. Esta dispersión en nuestra naturaleza (Natur), y nacemos en ella. Por este motivo el retorno del espíritu a lo uno, (…), aparece como un reconocimiento del espíritu profundo, este estricto recogimiento del espíritu y esta vuelta a sí mismo es la única condición bajo la cual puede venir a nosotros la vida bienaventurada. Pero bajo esta condición viene a nosotros con toda certeza y sin falta.

Pero es verdad que por este retorno de nuestro espíritu desde lo visible los objetos de nuestra vida anterior se nos pierden y poco a poco desaparecen, hasta que los recuperamos embellecidos en el éter del nuevo mundo que se nos abre. Y que toda nuestra vida anterior muere hasta que la recibimos de nuevo como una leve concesión de la nueva vida que ha nacido en nosotros. Éste es el destino inevitable de la finitud; sólo a través de la muerte llega a la vida. Lo mortal tiene que morir, y nada queda liberado de la violencia de su esencia; muere continuamente en la vida aparente. Donde comienza la vida verdadera muere la muerte en la infinitud, en la única muerte, para siempre y para todos los que en la vida aparente aguardan la suya”.

La exhortación a la vida bienaventurada, Primera lección

FICHTE: LA VIDA BIENAVENTURADA (1)

“Repara en ti mismo: aparta tu mirada de todo lo que te rodea y llévala a tu interior. Tal es el primer requerimiento que la filosofía hace a quien se inicia en ella.”

Primera introducción a la doctrina de la ciencia, 1

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“Las lecciones que aquí comienzo han sido anunciadas como la exhortación a una vida bienaventurada…./… a pesar de que según una compresión más adecuada en la expresión vida bienaventurada hay algo que sobra. A saber, la vida es necesariamente bienaventurada, ya que ella es la bienaventuranza…./…. Por consiguiente, expresándose estrictamente, las lecciones que me he propuesto impartir debería haberlas llamado la introducción a la vida, o la doctrina de la vida – o si no, tomado el concepto por el otro lado, la introducción a la bienaventuranza, o la doctrina de la bienaventuranza.

He dicho que la misma vida es bienaventuranza. De otro modo no puede ser: ya que la vida es el amor y toda la forma y fuerza de la vida consiste en el amor y surge del amor. Con lo dicho he expresado una de las proposiciones más profundas del conocimiento que en mi opinión sólo puede hacérsele clara y esclarecedora a una atención verdaderamente concentrada y esforzada. El amor escinde el ser que en sí está muerto en un ser dual, colocándolo ante sí mismo, y esto lo hace para un Yo o una mismidad que se contempla y sabe de sí. En tal yoidad reposa la raíz de toda vida. Además el amor unifica y enlaza íntimamente el Yo escindido, que sin amor sólo se contempla a sí fríamente y sin interés. Esta última unidad en una dualidad que ya no se abandona, sino que permanece eternamente, es ahora justamente la vida…./… Más aún, el amor es ahora contento consigo mismo, alegría de sí mismo, gozo de sí mismo, y por tanto bienaventuranza. Y así queda claro que vida, amor y bienaventuranza son absolutamente uno y lo mismo”.

…/… “El ser –ser, digo- y la vida son uno y lo mismo. Sólo la vida es capaz de existir independientemente por sí y a través de sí misma. Y además la vida, tan cierto como que es vida, lleva la existencia consigo. Corrientemente se piensa el ser como un ser estático, rígido y muerto”.

…/… “Esta opinión vulgar queda contradicha con la afirmación ya expresada: sólo el ser, sólo aquello que es a través de sí y por sí mismo, es. Más aún, decimos: este ser es simple, igual a sí mismo, invariable e inalterable, no hay en él ningún surgir no desaparecer, ninguna variación ni juego de configuraciones, sino siempre el mismo sereno ser y consistir.

Que esta afirmación es correcta, se puede mostrar rápidamente: lo que es por sí mismo, es justamente sin fisura, y es completo, consistiendo de una vez, y no se le puede añadir nada.

Y con ello nos hemos abierto e inaugurado el camino hacia la intelección de la diferencia característica de la vida verdadera, que es una con el ser, frente a la vida sólo aparente, que en la medida en que es mera apariencia es una con el no-ser. El ser es simple, invariable, y permanece eternamente igual a sí mismo. Por tanto, también la vida verdadera es simple, invariable y eternamente igual a sí. La apariencia es un cambio ininterumpido, un oscilar continuo entre el hacerse y el desaparecer. Por tanto, la vida meramente aparente es un cambio ininterrumpido que oscila para siempre entre el hacerse y desaparecer, despedazada por variaciones interminables. El centro de la vida es siempre el amor. La vida verdadera ama lo uno, invariable y eterno. La vida meramente aparente trata de amar –si al menos fuera capaz de ser amada y si quisiera mantener fijo su amor- lo pasajero en su caducidad”.

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MAHARISHI: EL RENACIMIENTO Y LA PÉRDIDA DEL CONOCIMIENTO VÉDICO

“Los Vedas son el faro de la sabiduría eterna que guía al hombre hacia la salvación y le inspira a la realización suprema.

La omnipresencia del Ser eterno, inmanifiesto y absoluto; su condición de Eso, aún en medio de la diversidad manifiesta de la creación; y la posibilidad de que todo hombre pueda realizar al Ser en su propio yo, estas son las grandes verdades de la filosofía perenne de los Vedas.

Los Vedas revelan la Unidad inmutable de la vida, que subyace a la multiplicidad evidente de la creación, dado que la Realidad es, a un tiempo, manifiesta e inmanifiesta y solamente existe Eso. “Yo soy Eso, tú eres Eso, y todo esto es Eso”. Esta es la Verdad y este es el corazón de la enseñanza Védica que fue ensalzada por los rishis como una enseñanza “digna de ser escuchada, contemplada y realizada”.

La verdad de la sabiduría Védica es por su propia naturaleza independiente del tiempo, y por tanto, jamás podrá perderse. Sin embargo, cuando la visión del hombre se hace parcial y queda aprisionada por la influencia limitadora del mundo fenoménico hasta tal extremo que pierde de vista el aspecto absoluto de la Realidad; cuando se encuentra entonces confinado dentro de las fases cambiantes de la existencia, su vida pierde estabilidad y comienza a sufrir. Cuando el sufrimiento aumenta, la fuerza invencible de la naturaleza actúa para devolver al hombre la visión correcta y para establecer un modo de vida que de plenitud de nuevo al propósito elevado de su existencia. La larga historia del mundo registra muchos períodos así en los que el modelo ideal de vida es primero  olvidado y, más tarde, restaurado para el hombre. Lee el resto de esta entrada

CURSO SOBRE CIENCIA VÉDICA Y FILOSOFÍA

Este curso de once lecciones ha sido desarrollado por Pedro Jiménez, profesor de Filosofía y de la Ciencia Védica. Muestra cómo muchos de los filósofos más importantes de la tradición occidental tuvieron experiencias cumbre, experiencias esporádicas de estados superiores de conciencia. Ellas no sólo proporcionaron plenitud a sus vidas, sino que además fueron la fuente de muchas de sus ideas y teorías. Algunos grandes filósofos fueron incluso más allá al concebir la filosofía como una búsqueda de la iluminación: la experiencia y el conocimiento intelectual de la realidad última, el Campo Unificado. Esta aspiración quedó encarnada en el nombre que dieron a lo que hacían “amor por la sabiduría” y personificada en el ejemplo del verdadero sabio.

El curso selecciona una serie de temas específicos tomados de la Filosofía y de la Ciencia Védica para mostrar los paralelos históricos y de conocimiento existentes entre ambas tradiciones. La Ciencia Védica puede iluminar problemas y temas que han permanecido oscuros, mal comprendidos o sin solución satisfactoria en la filosofía occidental. De este modo, el conocimiento védico, renovado y clarificado por Maharishi, puede dar plenitud a una tradición de 2500 años de búsqueda de la sabiduría, la verdad, la acción correcta y de una sociedad fundada en los valores más elevados de la vida. Pero, además, los instrumentos de análisis y los conceptos desarrollados por la filosofía pueden ayudar a profundizar nuestra comprensión de la Ciencia Védica y a valorar su relevancia a la luz de nuestra propia tradición intelectual.

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BHAGAVAD GITA: CONCIENCIA DIVINA

“Conociendo esto, ¡oh, hijo de Pandu!,

no caerás más en esa ilusión;

porque gracias a esto verás todos los seres

en tu Yo y también en Mí.”

(Bhagavad Gita, IV, 35)

 

“Aquél que me ve en todas partes, y ve

todo en Mí, Yo no estoy perdido para él,

ni él está perdido para Mí.”

“Establecido en Unidad, quién me adora

morando en todos los seres, de cualquier modo

que viva, ese yogui vive en Mí.”

(Bhagavad Gita, VI, 30-31)

 

“Los objetos de los sentidos se alejan de aquél

que no se alimenta de ellos, pero el gusto

por ellos persiste. Al contemplar lo Supremo

incluso este gusto cesa.”

(Bhagavad Gita, II, 59)

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